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Escrito por F. Javier Jiménez Zorzo (CREHA)
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Viernes, 24 de Mayo de 2013 22:57 |
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¿Qué somos? Para empezar diré que, las seis figuras que arriba veis, somos auténticos parlanchines. Sí, hablamos mucho. Y hablamos de una forma especial. Hablamos, sí, pero no hablamos en el sentido en que hablais los que sois de carne y hueso. Y es que, realmente, no podemos hablar. Es imposible que hagamos tal cosa. Pero, finalmente, sí que hablamos: pero a nuestro modo. Y además, hablamos, casi siempre y sobre todo, cuando la ciudadanía está realmente indignada por los abusos de autoridades y poderosos...
Somos, como veis, figuras de mármol, de piedra,... A algunas de nosotras nos esculpieron en el siglo XVI, otras venimos del siglo I y fuimos descubiertas en excavaciones y puestas donde ahora estamos, así que tenemos unas historias muy variadas.
Unas de un modo y otras de otro, hemos llegado a ser, sin paliativos, las figuras escultóricas más populares de Roma. Y esa fama además la llevamos disfrutando varios siglos: sobre todo desde el XVI. Hay otras como nosotras en Venecia, Florencia, Milán, Brescia,... Como veis fue, y sigue siendo, una saludable moda (y una necesidad) de la ciudadanía que se extendió mucho y no solamente por Italia.
Somos, por lo tanto, algo así como una de las manifestaciones más antiguas y populares de la libertad de expresión. ¡No os podeis imaginar como irritábamos a los poderosos cuando nos poníamos a hablar!. ¡¿Además, cómo castigar a una imagen de piedra!?: dificilmente... Aunque a veces lo intentaron. Pero somos, por naturaleza, muy duras y de aquellos intentos malvados acabábamos riéndonos siempre.
Y somos además, casi, como actores a los que se les da un “papel” para que lo representen en el escenario. Es decir interpretamos un “papel” en el escenario de la ciudad. El “papel” que cualquiera nos quiera “dar” escrito sobre un papel. Y se ha escrito mucho en esos papeles. Por ejemplo, a una de nosotras se nos “daba” un papel con algo escrito y otra de nosotras le “respondía” con otro texto sobre otro papel. Otras veces el escrito iba dirigido directamente, por ejemplo, a un papa, o a un dirigente político municipal o a un gran señor, o contra un acto de guerra que nos afectaba especialmente.
De ese modo hemos recibido papeles dirigidos contra Hitler, Napoleón, el papa Urbano VIII, Bernini, guerreros austriacos, españoles, y un largo etcétera. Urbano tuvo una bronca bastante gorda con nosotras, pero ahora os cuento la que recibió Napoleón. Una de nosotras le pregunta a la otra (de ese modo especial que tenemos para hablar): “¿Oye, tu crees que todos los franceses son ladrones?”. Y la segunda le responde: “No, todos no, pero sí en Bona-Parte.”
A estas alturas del enigma sabatino de Artecreha, nosotras, las seis figuras escultóricas más populares de Roma, nos atrevemos a pediros una sola cosa: que descubrais y nos digais los nombres de cada una de nosotras. Vuestras respuestas, amigos de los enigmas, enviadlas AQUÍ.
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Escrito por F. Javier Jiménez Zorzo (CREHA)
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Viernes, 24 de Mayo de 2013 20:44 |
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“Con una ambición publicitaria desenfrenada, los anuncios inician la toma de la ciudad, casa por casa. Una vez ocupada la calles y todos los soportes imaginables, los anuncios llenaron las señales de tráfico por su cara posterior, los postes de tendido eléctrico y de tranvía y los rótulos con los nombres de las calles.
Carles Buigas, el aprendiz de brujo que inventó la fuente mágica de Montjuic, la vedette de la Exposición Internacional de Barcelona, en el año 1929, parece ser el autor de un artefacto luminoso --probablemente anterior a la feria-- que anunciaba en las carreteras la bujía alemana Bosch; provisto de un conjunto de prismas y cristales que recogían cualquier rayo de luz que se proyectara sobre él, el aparato permitía leer los anuncios en plena noche. Acerca de esto, decíamos en un estudio anterior:
Aquel primer esparcimiento de escenografía urbana por las zonas rurales tuvo una acogida extraordinaria y, al mismo tiempo, desconcertante. Las letras de los anuncios situados en las carreteras iban equipadas con unos discos de cristal que reflejaban las luces de los faros de los vehículos y que las hacían visibles y resplandecientes. El paso de la luz de una superficie vítrea cóncava a otra convexa la devolvía ampliada y producía un efecto espectacular. Llamaban la atención de tal modo que hubo quien cogió algunos de estos discos, convencido de que llevaba algún tipo de luz en su interior, sin percatarse de que el hecho consistía, simplemente, en un fenómeno físico de refracción.
Paulatinamente los campos fueron invadidos por los gigantes de madera y de luz procedentes de la cultura urbana del consumo, e incluso los primeros indicadores quilométricos, que eran carteles colgados de casas de pueblo, iban acompañados de publicidad. Había, al parecer, dos cláusulas de contratación de los anuncios rurales particularmente interesantes para el tema que tratamos. Una de ellas era que el contrato se establecía por un espacio de tiempo mucho más largo que en las ciudades: de tres a cinco años normalmente. La segunda era que este contrato obligaba a la empresa anunciadora a disponer de unos servicios de conservación y reparación inéditos.
Con el fin de asegurar la duración y evitar en la medida de lo posible las molestias y los gastos del mantenimiento, así como la fragilidad de los papeles impresos expuestos a la intemperie, con la lógica decoloración producida por el sol y las lluvias, se descartó gradualmente este tipo de soporte tradicional [el papel] y se sustituyó por materiales nuevos, de larga duración y mantenimiento escaso o nulo. Así surgieron la hojalata litografiada, el hierro esmaltado y los azulejos vidriados.
En la ciudad, estos materiales de larga duración, especialmente los azulejos, tuvieron una gran aceptación en las estaciones de metro, donde formaban grandes murales que armonizaban perfectamente con el resto de las paredes, revestidas también con azulejos, en este caso blancos. Uno de los anuncios más espectaculares era, sin duda, el enorme doctor del Cerebrino Mandri, original de Gaietà Cornet, que presidía la estación de Provenza, según parece, de la línea de los Ferrocarrilles Catalanes, el popular “tren de Sarrià”. Una figura gigantesca vestida de negro, con un dedo amenazador que señalaba el suelo, que se resisten a olvidar los que entonces eran niños. Durante la guerra, cuando las estaciones de metro se convirtieron en refugios naturales contra los bombardeos donde se amontonaban multitudes durante horas y horas del día y de la noche, medio a oscuras, aquella figura tenebrosa tenía que ser forzosamente aterradora.”
(Enric Satué: “El libro de los anuncios”. 1988)
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Escrito por Jesús Martínez Verón (CREHA)
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Jueves, 23 de Mayo de 2013 00:00 |
Bruno Munari (Milán, 1907-1998) fue uno de los padres y grandes representantes del diseño italiano del siglo XX. Su campo de actuación fue amplísimo, incluyendo el diseño industrial y gráfico, la pintura, la fotografía, el cine e incluso la literatura.
La trayectoria vital y creadora de Munari está ligada a algunas de las principales tendencias del siglo. En 1927 conoció a Marinetti y durante los años siguientes participó en diferentes exposiciones Futuristas. Ya en 1933, descubrió el Surrealismo a través de Louis Aragon y André Breton. Pero su aportación más personal fue la fundación del Movimiento Arte Concreta que, en 1948, llevó a cabo junto a Gillo Dorfles, Atanasio Soldati y Gianni Monnet.
Munari destacó especialmente en el diseño gráfico, trabajando para empresas como Mondadori a las que aportó una nueva manera de entender este tipo de diseño.
Toda la experiencia creativa de Bruno Munari quedó finalmente reflejada en el libro Cómo nacen los objetos, uno de los grandes clásicos del diseño. En él, Munari plantea el trabajo del diseñador como algo alejado de la inspiración y que tiene en la labor sistemática y ordenada, sus verdaderas esencias. Es lo que se conoce como el Método Bruno Munari.
Para saber más de Bruno Munari, se puede visitar la web de la Associazione Bruno Munari. Entre otras cosas, en la web podemos encontrar referencias al Método y a las actividades didácticas que la Associazione organiza para escolares que desean iniciarse en el mundo del diseño. Para visitar la web, pulsa AQUÍ.
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)
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Jueves, 23 de Mayo de 2013 05:53 |
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AQUÍ. |
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Escrito por F. Javier Jiménez Zorzo (CREHA)
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Miércoles, 22 de Mayo de 2013 22:26 |
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El maestro germano-suizo Dieter Roth (Hannover, 1913 - Basilea, 1998) ha acabado convirtiendo en arte todo lo que le rodeaba. Sus últimos años los dedicó a filmar en vídeo sus acciones artísticas, como cotidianas, buscando registrar y detener el tiempo. Pintor, editor, músico, escultor, poeta, videoartista, se inició en el mundo del arte en la década de 1950. Es entonces cuando tras una docena de años en Suiza (tras salir huyendo de la Alemania nazi) inicia un recorrido que lo llevará a Copenhague, Londres, Viena, Hamburgo, Berlín, Amsterdam, Islandia, ..., buscando un oficio nuevo, una nueva vida, una nueva identidad (de hecho cambiaba su nombre y su fecha de nacimiento).
En sus obras trabaja con lo accidental y el azar, que considera fuerzas creativas, dejando moldear sus trabajos por una ausencia de control sobre los materiales, o bien dejando actuar a los elementos ambientales (temperatura, luz, humedad, organismos vivos, sustancias en proceso de descomposición, etc.) hasta un punto determinado que consideraba adecuado: en definitiva dejaba que sus trabajos se realizasen ellos solos. Roth, por lo tanto, se halla muy cerca del "abandonage" o del "objet oublie" que busca dejar a los materiales y a sus obras a su propio destino, a su propia entropía ("tendencia al desorden"). Utiliza, en ese sentido, los principios básicos que impulsan al mundo y mezcla en una sola obra la acción e interferencia de Eros y Thanatos.
Es, pues, un artista Naturalista, en otro sentido al habitualmente admitido. Recibió gran influencia de Spoerri y su obra basada en los alimentos ("eat art"). Hoy, consecuentemente, algunas de sus obras, desde el momento de su creación hasta la actualidad, han seguido evolucionando y transformándose, ellas, en sus formas y sus materiales, y algunas, dados los materiales empleados, apestan y son visitadas por los mosquitos. Para acceder a un excelente monográfico que le dedica el MOMA, pinchar AQUÍ.
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