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“La vida de Rossetti, Gabriel Charles Dante Rossetti, poeta y pintor, fue una continua y constante contradicción. Hijo de un refugiado político italiano, profesor de literatura y especialista en Dante, supo por un tiempo alternar la dedicación a la poesía y a la pintura, pero su temprana asociación con Hunt y la Hermandad (publicaron juntos una revista, The Germ, durante cuatro años) le condujo a una aplicación más intensa a los pinceles. El poco éxito de su cuadro Ecce Ancilla Domini! (hoy en la Tate) y las adversas críticas a sus siguientes obras le impulsaron a no volver a exponer en Londres, a distanciarse de los otros miembros de la Hermandad mejor apreciados por el público y, poco a poco, a abandonar el óleo por la acuarela, la sanguina, el verso y la misantropía. En 1854 un industrial de Belfast le encargó una tela, Encontrada, una a duras penas soportable alegoría moral muy del gusto victoriano, muy pareja a un argumento de Trollope o Hardy: un joven campesino, que en su carro transporta a una inocente oveja atrapada con una red, intenta levantar con ambas manos en una calle suburbana, abierta al campo, a una prostituta caída en la acera, su antigua prometida. El simbolismo es tan obvio que ni siquiera es simbólico; está a un codo del realismo socialista y tal vez por eso y con su profética visión, para tratar de condensar la historia y lograr que las dos escuelas entraran en contacto, al menos por un instante, en 1875 aún seguía pintando la tela que nunca logró terminar y que inacabada se exhibe hoy en la Bancroft Foundation de Wilmington, Delaware.
En 1850 Rossetti conoció a la bella Elizabeth Siddal, la mujer de su vida, que idealizó en numerosos dibujos y poemas. Lo tuvo que hacer de prisa porque la Siddal murió en 1862, dos años después de contraer matrimonio con el artista, que enterró sus poemas y dibujos en el ataúd de la amada. Más tarde los desenterró, arrepentido. La muerte de la amada no le impidió arrimarse a la más robusta Fanny Cornforth, que se convirtió en su amante a pesar del súbito y simultáneo amor que despertó en el pintor-poeta Jane Morris, la esposa de William, quien supo amenizarle la ejecución de Encontrada durante unos cuantos años. En sus últimos tiempos, con muy mala salud, fue presa de la manía persecutoria, se convirtió en un recluso, su pintura se hizo más misteriosa e introspectiva, en cierto modo precursora del art nouveau y del simbolismo de final de siglo. Murió en 1882, sin un penny.
(Juan Benet: “Londres victoriano”. 1989)
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