El Renacimiento PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   
Jueves, 19 de Noviembre de 2009 20:53


RENACIMIENTO.


1.1.- El comienzo de la Modernidad.


Los tratadistas llamaron en un principio Renacimiento a la época artística desarrollada en Europa entre el amplio periodo ocupado por la Edad Media y el S. XIX.

Más tarde el término se irá matizando, circunscribiéndose al arte italiano de los SS. XV y XVI, más sus versiones adoptadas en el resto de Europa.

Hoy, como ocurre con el resto de movimientos y estilos artísticos, sabemos que el Renacimiento es un fenómeno complejo y además que su periodización corre el mismo riesgo que cualquier otra en el campo de la Historia, si en un afán didáctico ajustamos demasiado sus fechas. De hecho, muchas de las características artísticas o culturales que definen el Renacimiento se dan en los siglos inmediatamente anteriores al XV y no solamente en Italia.

Pero a pesar de todo, hay que reconocer que se trata de un fenómeno eminentemente italiano y que estalla en todo su esplendor y coherencia con la llegada del S. XV. En este sentido no estaría de más recordar que Italia no es en esos momentos una nación unificada y que no lo será hasta 1871. Es un territorio dividido en diversos estados independientes, dominados cada uno por ciudades de una enorme importancia económica, que de forma parecida a las Ciudades-Estado de la Antigüedad, dominan políticamente el territorio de alrededor. Así, las importantes repúblicas de Venecia, Florencia o Génova, a las que habría que añadir los amplios territorios que quedan en manos del Vaticano, denominados como Estados pontificios. Durante estos siglos los distintos territorios italianos sufrirán el acoso constante de las grandes monarquías europeas, especialmente de la francesa y aún más de la española, en manos entonces de los reyes Carlos I y Felipe II, respectivamente.

En los siglos XV y XVI, el resto de Europa, por su parte, entra de lleno en la formación de las grandes monarquías autoritarias, que irán progresivamente afianzando la existencia de los distintos Estados nacionales, así como su poder y autoridad políticas, marginando progresivamente la estructura feudal.

Esta etapa que llamamos Modernidad, es asimismo la época de los grandes viajes y descubrimientos, como los de Colón o Magallanes, y es también la de los primeros grandes avances de la ciencia, que con Galileo a la cabeza ponen en cuestión los dogmas teocentristas de la Iglesia.

Una Iglesia que va a vivir su segunda gran crisis (tras el Cisma del S. XI), al producirse en su seno la escisión que la rompe en otras dos mitades irreconciliables desde entonces: los católicos seguidores fieles de la autoridad papal y los protestantes, que abanderan una renovación religiosa necesaria y profunda.

Desde ese momento Europa también se dividirá en dos, la de los imperios católicos con España a la cabeza y la de los países protestantes del norte de Europa, cuyo enfrentamiento sangriento dará lugar a las Guerras de religión durante los siglos posteriores.


1.2.- La crisis del Renacimiento.


Dos hechos van a marcar a partir de la tercera década del S. XVI una transformación paulatina pero irreversible, del contexto histórico del periodo renacentista.

Si durante el S. XV y el comienzo del S. XVI, la estabilidad económica y social, sobre todo de las repúblicas italianas, permiten un florecimiento artístico y cultural sin precedentes, la situación cambiará progresivamente a partir de 1530.

En primer lugar se asiste al creciente poderío imperial de Carlos V, que transforma el equilibrio de poder en toda Europa y también en Italia. Por otra parte, la corrupción y la degeneración a la que habían llegado los Papas de este periodo hacía inevitable una respuesta religiosa de las bases que derivará en el cisma entre católicos y protestantes.

La victoria de Carlos V en Pavía frente a Francisco I de Francia, no sólo supone la implantación de un poder imperial en Europa, sino que su prolongación en el Saqueo de Roma de 1527, establece el origen de la decadencia de las repúblicas italianas que hasta entonces habían monopolizado la expansión económica y unido a ello, un mecenazgo artístico de tanta brillantez. Italia queda así controlada por tres grandes poderes, el de Venecia, única república que mantiene su poderío; la autoridad imperial de Carlos V; y los Estados pontificios, otro poder imperial en sí mismo.

La situación histórica es por tanto muy diferente a la del siglo anterior, e irá agravándose según avance el siglo. Primero desde el punto de vista religioso, porque lo que empezó como una protesta del monje Lutero, se va a convertir en una ruptura de la cristiandad europea en toda regla, y porque cuando esta sea irreversible, la Iglesia Católica iniciará su propia Contrarreforma, que desde el punto de vista artístico supondrá un freno drástico a la libertad creadora que hasta entonces habían tenido los artistas del Renacimiento.

En segundo lugar está la propia crisis política que la crisis religiosa lleva consigo, porque la división en estados católicos y protestantes, derivará en un constante enfrentamiento entre ellos, que finalmente desembocará en las guerras de religión.

Por último, aunque la economía sigue teóricamente su expansión, y más con la aportación económica de las expediciones americanas, ya en el último cuarto del S. XVI se advierte un creciente aumento de la inflación, que incluso en la España de Felipe II, rebosante del oro americano, llegará a generar hambrunas entre la población humilde. Se trataría por tanto de un primer síntoma de la crisis económica que asolará Europa en el siglo siguiente, y que impulsará una política económica mercantilista, que a su vez generará no pocos recelos y desconfianzas entre los países.

Se trata por tanto de una época de crisis en muchos aspectos, y el arte refleja esta crisis a través de un movimiento como el Manierismo, que al romper con el clasicismo del Cinquecento, está rompiendo también con una visión serena y apacible de una época complaciente como era la del Alto Renacimiento.

Pero esta época se ha acabado y el arte refleja esa crisis a través de un arte, como es el Manierismo, que también puede considerarse como un arte de crisis. Y lo es porque se trata de un movimiento que pone en cuestión muchos conceptos artísticos anteriores y alumbra otros nuevos, pero llenos de contradicciones, de exageraciones, y de un apasionamiento, que está muy lejos de ser una expresión equilibrada y armoniosa, como los son todas las etapas clásicas que coinciden con épocas de estabilidad.

En el resto de Europa, el Renacimiento italiano se extiende como una influencia imparable por todo el continente, aunque no en todos los países cuajará con la misma intensidad. En algunos el clasicismo del Pleno Renacimiento se asentará felizmente, prolongando sus maneras en el tiempo, caso de Francia, en otros el lenguaje clásico encuentra más reticencias frente a un lenguaje medieval que pervive largamente en el tiempo, caso de España, donde habrá que esperar al arte más convulso del Manierismo para encontrar esa influencia italianizante.


1.3.- Periodos del Arte del Renacimiento:


• Quattrocento. S. XV

• Cinquecento. S. XVI. Primer tercio del S. XVI

• Manierismo. Segunda itad del S. XVI

• Renacimiento en Europa. S. XV-XVI