Los siglos del Barroco PDF Imprimir E-mail
(11 votos, media 4.00 de 5)
Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   


BARROCO.


BARROCO EN EUROPA


1.1.- Una Europa en crisis.

El contexto histórico que comprende los siglos del Barroco, es decir los siglos XVII y XVIII, viene definido por cuatro grandes acontecimientos: Las guerras de religión entre católicos y protestantes; las consecuencias de la Contrarreforma de la Iglesia católica abordada en el Concilio de Trento a finales del S. XVI; la implantación definitiva de las grandes Monarquías absolutistas en los principales estados europeos, y el fenómeno del Despotismo ilustrado y sus consecuencias revolucionarias, ya en el S. XVIII.

Las Guerras de religión asolaron Europa a lo largo de un siglo XVII especialmente sangriento, en el que al mismo tiempo se escenificó en los campos de batalla una pugna por la primacía entre países católicos y protestantes. La Guerra de los Treinta años, y la consiguiente Paz de Westfalia (1648), certificaron la definitiva decadencia de la Corona española; la aparición de nuevas potencias con la Francia del rey Sol, Luis XIV, a la cabeza; así como el surgimiento de nuevas economías capitalistas entre los países protestantes (Inglaterra y Holanda, principalmente), que iniciaban así su imperio colonial y que a la larga se iban a hacer con el control económico del mundo.

Los siglos XVII y XVIII, viven en primer término el cisma que se ha producido en la Iglesia cristiana desde la aparición de Lutero, que divide en dos grupos irreconciliables esta religión: los protestantes que ya no aceptarán la autoridad papal y que siguen distintos dogmas y liturgias; y los católicos, que siguen fieles al Papa. La división religiosa se reflejará a nivel político, porque en función de intereses y no sólo de creencias, también Europa se dividirá entre países católicos y protestantes. La rivalidad política de los reyes y el fanatismo religioso de unos y otros, asolará Europa con una suerte interminable de guerras, que paradójicamente enfrentarán a las dos facciones de una religión cuya premisa principal era la paz entre los hermanos.

Por su parte las consecuencias del Concilio de Trento tendrían su reflejo en una iglesia renovada que se ve liderada por nuevas órdenes como la de los Jesuitas, y por un interés especial en difundir los nuevos dogmas y en prodigar su oposición al protestantismo, con un alarde propagandístico en el que la expresión artística tendrá un papel principal.

En esta situación se llega al Siglo XVIII, en un escenario social y cultural que alienta la Ilustración y con ella la expresión política del Despotismo Ilustrado, una fórmula de las Monarquías absolutas para sobrevivir en medio de una creciente reivindicación popular, que terminará por explotar al final de la centuria, primero con la Independencia de las colonias americanas y finalmente con el estadillo de la Revolución francesa, el momento culminante que señala un antes y un después en el devenir de la Historia reciente.

1.2.- Los periodos del Barroco:

En cuanto a la cronología del estilo Barroco se pueden distinguir tres grandes etapas, que varían en su comienzo y final según los países, pero las fechas son relativas, pues en Italia, el Barroco ya es un hecho hacia 1600, mientras en el resto de Europa el Manierismo se alarga hasta 1625 aproximadamente.

Igualmente en varios países europeos el Barroco a través de su prolongación en el arte Rococó, se alarga hasta la segunda mitad del S. XVIII.

1.3.- Periodos del Barroco en Europa:

• Primer Barroco, Protobarroco o Tardomanierismo (1600-1625)

• Pleno Barroco o Alto Barroco (1625-1675)

• Barroco Tardío, Tardobarroco y Rococó (1675-1750).


BARROCO EN ESPAÑA


2.1.- Un imperio en decadencia.

Si bien el Siglo XVI y los reinados de Carlos I y Felipe II habían supuesto el expansionismo español y el predominio político de los Habsburgo en Europa, el S. XVII por el contrario, va a dar al traste de manera catastrófica con todo ese patrimonio. Los reinados de Felipe III, Felipe IV y Carlos II personifican la decadencia de un imperio, inmerso en un rosario de crisis internas y externas.

A nivel de política exterior, el reinado de Felipe III constituye un breve paréntesis de paz ante los diversos problemas a los que España se enfrentaba: sus crisis interminables con Francia, la lucha por su independencia en las Provincias del Norte; o las guerras de religión contra los países protestantes. No ocurre lo mismo en política interior, en el que los problemas heredados del final de la centuria anterior se agravan ahora: una crisis económica galopante, la corrupción política alentada por el sistema de validos, la intolerancia religiosa que desemboca en la expulsión de los moriscos en 1609, con las graves consecuencias agrícolas y económicas que acarrea en buena parte del país, sobre todo en Valencia y Aragón, así como el problema secesionista en determinados territorios de la Corona.

Todos estos conflictos, latentes o activos, estallan al mismo tiempo durante el nefasto reinado de Felipe IV. En política exterior se inicia la Guerra de los Treinta años (1618-1648) entre el poder imperial de los Habsburgos y el Papado (la "Europa vertical"), frente a los países protestantes a los que se une Francia, que apoyaban una "Europa en horizontal", dominada por monarquías estatales e independientes. La Paz de Westafalia sellará la derrota hispana, que además de certificar su declive imperial, supondrá importantes pérdidas territoriales.

Por otra parte el conflicto con Holanda seguía sin resolverse. La Tregua de los Doce años sólo fue un aplazamiento del problema, que estalla con toda su crudeza al acabar dicha tregua en 1621. El conflicto con las Provincias Unidas se imbrica en el de la Guerra de los Treinta años, lo que explica que la Paz de Westfalia también determine la definitiva independencia de Holanda.

La guerra a pesar de todo continúa interminable entre España y Francia, que están dirimiendo el dominio continental, y que acaba con la Paz de los Pirineos (1659), que significa una nueva y humillante derrota para España, que además pierde importantes territorios en beneficio de Francia: Rosellón, Cerdaña, Artois.

Pero eso no era todo, también habría que bregar con gravísimos problemas internos. A la recesión económica, agudizada por los gastos militares y las pérdidas territoriales, habría que añadir la Crisis de 1640, una consecuencia de la pugna entre una idea del país centralista y otra descentralizada, heredera esta última de los fueros territoriales de los antiguos reinos hispanos desde el reinado de los Reyes Católicos. Pero ahora la situación era otra, y el proyecto de los Austrias era el control íntegro del país, derogando progresivamente los fueros territoriales, como ya había empezado a ocurrir en el reinado de Felipe II con los de Aragón.

En 1640 se suma el deseo del Conde duque de Olivares, valido de Felipe IV, de involucrar a todos los territorios peninsulares en el gasto militar de las guerras europeas, que cargaba exclusivamente sobre Castilla. Es lo que se dio en llama la "Unión de armas" que supondrá el levantamiento secesionista de distintos territorios como Cataluña, Portugal, Nápoles o Andalucía. Los más graves resultarían los de Cataluña y Portugal, que desencadenaron sendas guerras. La lucha contra Cataluña concluye con la toma de Barcelona en 1652 y la derrota independentista, pero no fue así en Portugal, que declara su independencia definitiva en 1668.

La llegada al poder de Carlos II, no sólo no solucionó ninguno de los problemas abiertos, sino que su indolencia los agravaría y su impotencia los abocaría a un callejón sin salida, cuya única conclusión fue de nuevo la guerra. En este caso la Guerra de Secesión (1701-1713), que enfrenta por una parte a partidarios de implantar en España una nueva dinastía personificada en el hijo del delfín de Francia, y aquellos otros países que defendían la causa del archiduque Carlos de Austria.

Es una guerra europea por tanto, pero también una guerra civil, pues los antiguos reinos de la Corona de Aragón, a excepción de Aragón, se situaron del lado del archiduque y los de Castilla, de la casa de Borbón. La Paz de Utrecht de 1713, acabó con el enfrentamiento y colocó en el trono de España a Felipe V de Borbón, que hereda una España agotada y despojada de muchos de sus antiguas posesiones, si bien sigue conservando buena parte de su imperio americano.

A partir de ese momento y bajo el poder de una nueva dinastía, el país se reorganizó territorialmente con una política centralista, y comenzó una paulatina mejora económica que a lo largo del S. XVIII derivó en una etapa de recuperación y mayor estabilidad. Al menos durante los reinados de Felipe V y Carlos III, este último, paradigma del rey ilustrado.

Los problemas resurgirán de nuevo en el último cuarto del S. XVIII, al coincidir nuevamente la inoperancia de un rey indolente, Carlos IV, que de nuevo delega su poder en manos de arribistas, como Godoy, con los conflictos resultantes del fracaso del Despotismo Ilustrado y las amenazas de revolución que se anuncian desde Francia.


2.2.- Periodos del Barroco en España:

Los periodos en los que se divide el barroco español coinciden con los que se estudiaron en el tema anterior, aunque en España el arte Barroco y su apéndice Rococó se alargarán hasta bien entrado el S. XVIII.


• Primer Barroco (Escurialense o Herreriano en Arquitectura) (1600-1625)

• Barroco Pleno (1625-1675)

• Rococó (1675-1750).