| Paleocristiano & Bizantino |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
| Sábado, 21 de Noviembre de 2009 11:29 |
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PALEOCRISTIANO & BIZANTINO.
La etapa paleocristiana. Entendemos por arte Paleocristiano el que realizan las primeras comunidades cristianas a lo largo del amplio periodo de la Historia del Roma. No obstante, la Historia del cristianismo adquiere un contenido propio a partir del momento en que se legaliza su presencia en el imperio, el año 313, y aún más cuando se convierta en la religión oficial del Estado romano, en el 391. Coincide por tanto el momento de mayor desarrollo del arte Paleocristiano con la última fase de la etapa Bajo Imperial romana. En sus primeras etapas, a lo largo del S. I, el desarrollo del cristianismo no pasa de constituir una secta minoritaria, integrada a los ojos de los romanos como una fracción más de la religión nacional hebrea, practicada por las comunidades judías. A finales del S. I y después de la caída de Jerusalén (año 70 d.c), el cristianismo se va perfilando como una religión diferenciada, cuya clientela procede principalmente de clases medias urbanas y bajas (comerciantes, soldados, artesanos...). En el S. II se suman elementos más cultos y pudientes, aunque sigue siendo una secta minoritaria pues no se añaden a ella los campesinos, fieles durante mucho tiempo a sus creencias ancestrales. Durante todo este tiempo, el cristianismo no planteó problema alguno a la autoridad imperial. En primer lugar porque era un grupo ciertamente muy pequeño, y en segundo lugar porque la práctica religiosa del ritual olímpico y el culto al Emperador quedaba relegado al ámbito oficial, de tal forma que a nivel social no se imponía con un excesivo rigor o severidad. En este sentido hay que decir que los romanos no acusaron un determinismo religioso tan profundo como los griegos, por ejemplo. No obstante, los cristianos sufrieron en los primeros siglos esporádicas persecuciones motivadas en realidad por la confusión que solía producirse entre ellos y las comunidades judías nacionalistas. En ningún caso se puede afirmar que tuvieran un carácter masivo y sanguinario como se nos ha hecho creer. Desde el punto de vista monumental tampoco los primeros siglos de vida del cristianismo aportan prácticamente nada. Los rituales de las comunidades cristianas primitivas, bautismo, reuniones de pequeños grupos, y ágapes o comidas comunitarias, no requerían locales específicos, y solían realizarse en las propias casas de las clases medias (Tituli), mientras que los rituales funerarios se celebraban en las catacumbas, que por cierto, rara vez se utilizaron como refugios clandestinos. Según se va acercando el S. IV se advierte progresivamente un aumento de estas comunidades, especialmente en la capital del Imperio, fenómeno en el que coinciden múltiples factores: a) La quiebra de la autoridad imperial y con ello de los soportes de la religión oficial. b) El propio éxito de una religión que utiliza un lenguaje novedoso y atractivo (igualdad social, caridad, solidaridad...). c) la importancia socio-económica que experimenta el cristianismo, según se ensancha su base social y crecen con ello las donaciones. d) su peligrosidad política (el cristianismo atenta contra la autoridad del Emperador, tiene orígenes nacionalistas, es proselitista, y predica la igualdad social), que la convierten ya a finales del S. III en una comunidad perseguida y clandestina, y por ello también atractiva para un amplio sector social (sobre todo estratos marginales). A partir del Edicto de Milán (313), momento en que Constantino apoya la nueva religión, todo cambiará sustancialmente: el problema político que significaba el cristianismo se resuelve absorbiéndolo al propio sistema imperial.
Bizancio. La historia del arte bizantino va íntimamente ligada al desarrollo histórico de este Imperio, nacido de la desmembración del Imperio romano en dos ámbitos, Oriental y Occidental. La amplitud de su evolución histórica a lo largo de más de diez siglos obliga a establecer la siguiente secuencia cronológica de cara a su estudio. 1.1- Los orígenes. En el año 395 Teodosio divide el Imperio romano en dos partes, otorgando la mitad Occidental a su hijo Honorio, y la mitad Oriental a su hijo Arcadio. A partir de este momento este ámbito oriental adquiere características propias en todos los órdenes, que con el tiempo no harán más que aumentar. Especialmente a partir del 476, año de la caída del Imperio Occidental, que deja al Oriental (Bizancio) como único heredero de la tradición clásica, si bien fuertemente influenciado por el impacto cultural del mundo oriental. Para muchos autores esta etapa no debe considerarse propiamente dentro del arte bizantino, pues es todavía un ámbito del Imperio romano en su conjunto. Para otros sin embargo ya se deja sentir tanto la diferenciación respecto al mundo occidental, como la influencia orientalizante, por lo que sí se considera esta fase dentro de la época del arte bizantino. 1.2.- Etapa Justiniana. Se inicia con el reinado de Justiniano (527-565). Coincide con una fase de expansión política, liderada por Belisario, lugarteniente del emperador, que logra conquistar el norte de África, el norte de Italia, y el Este Península Ibérica. Es también desde un punto de vista artístico una fase de apogeo y esplendor. Consta de dos centros importantes de difusión artística: Constantinopla, ciudad creada en el año 330 por Constantino y capital oriental del Imperio desde el 395; y Rávena, conquistada por Belisario en el 540 y que se convierte en la ciudad más importante de Italia prácticamente hasta el S. VIII. No obstante, también para algunos autores esta fase quedaría fuera de un arte bizantino auténtico, porque ciertamente la etapa Justiniana constituye una prolongación evidente del arte bajo imperial clásico. 1.3 – La Crisis Iconoclasta. La fase Justiniana concluye a partir del año 726, al imponerse el criterio Iconoclasta en todo el ámbito del Imperio. Esta medida pretende evitar el culto a las imágenes, que solía derivar en auténticas idolatrías, así como en una carrera frenética hacia el lujo y la ostentación que amenazan incluso al propio poder imperial. En cualquier caso podemos considerar la crisis iconoclasta un reflejo de la crisis social y cultural que alcanza al Imperio, y que en última instancia viene a representar el final de una época y el principio de otra. Por ello ahora sí se puede considerar concluido el mundo antiguo en el arte bizantino, comenzando a gestarse lentamente una configuración nueva. La disputa comienza en tiempos del emperador León III (717-741), se radicaliza con Constantino V (741-775), y aunque con el reinado de la Emperatriz Irene (797-802), se vuelve durante unos años y de forma provisional a la permisión de la iconodulia, de modo definitivo la crisis no acabará hasta el año 843 en que se deroga definitivamente el iconoclasmo. La crisis iconoclasta no es ajena tampoco a la influencia musulmana, creciente en la zona, ni a la crisis religiosa que acabará provocando el Cisma de Oriente. Por lo demás sí resultó trágica para la historia del arte, no sólo porque limitó la realización de nuevas obras de arte, sino porque destruyó muchas otras ya realizadas. 1.4- Macedonios y Comnenos. Los primeros inician su dinastía a mediados del S. IX. Coincide este periodo con el Cisma de Oriente suscitado por Focio, Patriarca de Constantinopla en el año 867, y culminado por Miguel Cerulario, también Patriarca de Constantinopla en el año 1064. Una ruptura entre la Iglesia de Roma y la iglesia cristiana oriental, que dará lugar a una división definitiva de la cristiandad entre cristianos romanos y ortodoxos También en este periodo se produce la restauración definitiva de la iconodulia, así como una serie de conquistas territoriales (Bulgaria), que otorgan a Bizancio un nuevo momento de esplendor. En época de los Comnenos se producen importantes relaciones económicas y culturales con los Vencianos (que explican la construcción en la ciudad italiana de la Catedral bizantina de San Marcos en el S. XI), y con los rusos, que habían sido cristianizados por los bizantinos en el S. X. Esto explica la impronta bizantina en el arte ruso de la época. 1.5- Decadencia y final. La última etapa de la historia de Bizancio ocupa desde 1204 hasta 1453. Comienza con la toma de Constantinopla por los Cruzados: Durante la IV Cruzada y a pesar del apoyo explícito de Bizancio, los venecianos saquean la ciudad al negarse el Emperador, Alejo V, a pagar sus exigencias. Nace así el Imperio Latino de Constantinopla dominado por los venecianos hasta que la ciudad es recuperada por los bizantinos en 1261, bajo la dinastía de los Paleólogos Concluye esta etapa en 1453, cuando la ciudad cae definitivamente en manos de los turcos Otomanos, que la conquistan después de un largo asedio liderado por el sultán Mehmed II. Toda esta última etapa es una fase de crisis y de acoso exterior, y por ello más pobre también desde el punto de vista artístico. Sólo durante el periodo dominado por la dinastía de los Paleólogos, iniciado por Miguel Paleólogo, se alcanza un cierto nivel artístico que incluso dio en llamarse Renacimiento paleólogo. 1.3.- Etapas del periodo Paleocristiano y Bizantino. Paleocristiano: - Cristiano Clandestino: SS. I-IV - Paleocristiano Legalización: 313.- Edicto de Milán. Religión Oficial: 391 Bizantino: - Origen: Fundación de Constantinopla.- Constantino 330 División del Imperio.- Teodosio. 395 Imp. Bizantino. Caída del Imperio romano de Occidente 476 - Etapa Justiniano.- 527-726 - Iconoclastia.- 726-843 - Macedonios y Comnenos. S. IX-XI - Imperio Latino de Constantinopla.- 1204-1261 - Renacimiento Paleólogo.- 1261-1453 Otros artículos de esta sección...
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