Rococó e Ilustración & F. Goya PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   


ROCOCÓ E ILUSTRACIÓN.


El final del S. XVIII es una época de cambios y transformaciones que a la larga resultarán transcendentales. De hecho, también la propia sociedad de la época vive una verdadera encrucijada en la antesala de la Revolución, entre una nobleza despreocupada y desenfadada que juega a ser eternamente feliz, y el empuje de una burguesía cada vez más concienciada de estar a punto de dar el paso definitivo hacia el poder.

Por ello mientras aquélla da al traste con un arte igualmente frívolo como es el Rococó, el racionalismo que está amparando en todos los ámbitos la misma Ilustración, también tendrá su correlativo artístico en un interés por el orden, la medida, la proporción, y la mirada nostálgica hacia un clasicismo que se convertirá en dogma y referencia del nuevo arte: el Neoclasicismo.

Evidentemente este periodo está dominado históricamente por el impacto extraordinario que tendrá en todos los órdenes la Revolución francesa, cuyo precedente se había gestado en la independencia de las colonias americanas de Gran Bretaña y que provocaría el nacimiento de los Estados Unidos de América. Un proceso que se prolonga desde 1789, inicio de la Revolución, hasta el final del Directorio, provocado por el Golpe de Brumario de 1799 y protagonizado por Napoleón Bonaparte.

A partir de ese momento, a caballo ya de los siglos XVIII y XIX, se sucede el dominio napoleónico, primero como Cónsul vitalicio en 1802 y finalmente con la dignidad imperial a la que accede en 1804. Su final en Waterloo, en 1815, supuso eventualmente la vuelta a una Europa de los absolutismos, que en cualquier caso estaban abocados al fracaso, después del avance irreversible que había supuesto en todos los órdenes el proceso revolucionario.


GOYA Y LA ESPAÑA DE SU ÉPOCA.


El momento histórico que le toca vivir a Goya es crítico para la Historia de España, pues en los inicios del S. XIX sufre el desafortunado reinado de Carlos IV y la Guerra de la Independencia. Ello supone sufrir momentos tan tensos como la influencia nociva que tuvo sobre la familia real la figura de Godoy; el creciente ascenso a la vida política del Príncipe de Asturias, que queda apoyado por el pueblo frente a su padre en el Motín de Aranjuez; y por encima de todo, la invasión de las tropas napoleónicas de nuestro país que dará lugar a la Guerra de la Independencia. En medio de sus lances, no se olvide que paralelamente se produce una revolución liberal en España, a través del fenómeno de las Cortes de Cádiz y la aprobación de nuestra primera Constitución en 1812.

El final de la Guerra será difícil para hombres como Goya, que con anterioridad siempre había defendido la “modernidad” que provenía de Francia frente al inmovilismo de la monarquía española. Muchos de nuestros mejores cerebros e intelectuales serán tachados por ello como afrancesados y sufrirán el desprecio de las gentes que los veían poco menos que como traidores.

La llegada al poder del deseado, de Fernando VII, no cambiará las cosas en este país. Al contrario, su absolutismo recalcitrante, aún será más pernicioso que el de su padre, que ya es decir, lo que defraudará definitivamente a hombres cabalmente liberales como Goya. No es de extrañar que al final de su vida, primero se refugie en su Quinta del sordo, donde pinta sus pinturas negras, y que finalmente, desengañado de todo y de todos, marche a Francia y abandone definitivamente su país.

 


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