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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   


ROMA.

 

1.1.- Roma y Etruria.

Los orígenes históricos y culturales de la civilización romana se encuentran en Etruria y en el desarrollo de la cultura etrusca.

Los etruscos fueron un pueblo establecido en la Toscana, que constituye el núcleo más civilizado de la Península italiana con anterioridad a Roma. Se extendieron hasta el Lacio y la Campania hacia el Sur, y Lombardía y el Valle del Po al norte, llegando a establecer un importante desarrollo comercial en competencia con las colonias de la Magna Greca y Cartago.

Es sobre todo su contacto con las colonias griegas lo que posibilita su nivel artístico y cultural, que junto a la aportación griega determinan el distintivo posterior del arte romano. También algunos componentes propios de su cultura, como sobre todo la importancia de su culto funerario, influirán decisivamente sobre la sociedad y la cultura romanas.

Su progresiva decadencia a partir del S. IV a.c. irá debilitando a los etruscos para afrontar la competencia de griegos y cartagineses, y aún más la de la potencia emergente de Roma, que poco a poco irá absorbiendo a los etruscos dentro de sus dominios. Un esfuerzo desesperado a comienzos del S. III a.c. por enfrentarse al poderío de Roma, que une en una misma Liga a etruscos, sabinos, umbros y galos cisalpinos contra los romanos, acabará con la definitiva victoria de estos últimos que se adueñan de todo el entorno etrusco.

1.2.- Etapa Republicana.

La etapa republicana en Roma comenzaría con la caída del último rey etrusco (Tarquino el Soberbio) a finales del S. VI a.c. Se inicia entonces un progresivo dominio del entorno territorial que contribuye a que en el 272 a.c toda la península itálica quedara bajo dominio romano.

A partir de ese momento se plantea la inevitable rivalidad con los cartagineses por el control del Mediterráneo. Es el comienzo de las Guerras Púnicas que acabarán con la victoria romana, la definitiva destrucción de Cartago en el 146 a.c y el consiguiente dominio pleno del Mediterráneo.

Pero no todo serán alegrías para los romanos en este periodo, porque a partir de los siglos I y II a.c. Roma se vio agitadas por graves conflictos y revueltas sociales: primero fue la Revuelta de los Graco (133-121 a.c.); después las dictaduras de Mario y Sila, y finalmente la formación del primer Triunvirato formado por Craso, Julio Cesar y Pompeyo que desembocaría en la Guerra Civil protagonizada por estos dos últimos. La victoria de Julio Cesar tampoco resolvería la situación al ser asesinado, y ser sustituido por un nuevo Triunvirato, el segundo, formado esta vez por Lépido, Marco Antonio y Octaviano.

1.3.- Roma Imperial.

La victoria final de este último contra su rival Marco Antonio, aliado de Cleopatra, en la batalla de Actium, supuso un cambio en las estructuras políticas del Estado. Augusto concentró en su persona todos los resortes del poder, y aunque teóricamente conservó las mismas instituciones republicanas, en la realidad se había iniciado una nueva etapa, la etapa Imperial.

Con él se inició un período de paz en el Imperio y comenzó también la primera dinastía que iba a gobernar el territorio: la Julio Claudia. Fueron sus sucesores, su hijastro Tiberio, hijo de su segunda mujer Livia; el cruel Calígula (que sufriría la damnatio memoriae o condena del recuerdo), Claudio y Nerón.

Tras el suicidio de este último volvieron los tiempos de anarquía y caos en Roma, que hacían presagiar una vuelta a las guerras civiles del final del periodo republicano, hasta que accedió al poder con una notable autoridad Vespasiano (69-79) con el que se inicia la dinastía Flavia, formada por él mismo y sus hijos Tito (79-81) y el cruel Domiciano. Asesinado éste, el Senado otorgará el poder a uno de sus miembros: Nerva (96-98).

Sería precisamente Nerva quien designaría como nuevo Emperador a un militar de enorme prestigio y autoridad, Trajano, con el que comienza la dinastía de los Antoninos, formada por él mismo y sus sucesores Adriano (117-138), Antonino Pío, Marco Aurelio y Cómodo (180-192), pudiéndose considerar esta etapa como el momento de mayor esplendor del periodo imperial de Roma.

Tras algunos años de disturbios, cuatro emperadores se disputan el poder, siendo el general africano Septimio Severo quien finalmente se instala en el trono. Con él se inicia la dinastía de los Severos (195-235), formada junto a él por sus sucesores Caracalla, Heliogábalo y Alejandro Severo. El final de esta dinastía coincide con una serie de motines en el ejército e inseguridad en las fronteras, que dará pie al periodo denominado de la Anarquía Militar (235-284), con breves e inestables gobiernos como los de Gordiano II, Galieno, Valeriano, etc. Será finalmente con Aureliano (270-275) con el se reorganizará el Imperio.

Puede decirse que comienza entonces el Bajo Imperio o etapa Bajoimperial. Diocleciano y Maximiano organizaron la llamada Tetrarquía, dividiendo el Imperio en dos regiones (Occidental y Oriental), al frente de las cuales se colocó a dos augustos con poder político y dos césares con poder militar.

La solución también arrastró enfrentamientos que acabaron con la lucha entre Majencio y Constantino, que al final llevó a éste al poder tras su victoria en Puente Milvio. Su inmediata legalización del cristianismo (313) dio un nuevo giro a la historia de Roma.

Constancio II prosigue su política, y a pesar del paréntesis paganizante que supuso el reinado de Juliano el Apóstata (361-363), sus sucesores (Valentiano I, Graciano, Valentiano II) siguieron impulsando el cristianismo como religión y como estructura asociada al poder político. Así, hasta la llegada de Teodosio (379-395) al poder, que definitivamente dividirá el Imperio en dos entidades independientes que reparte entre sus hijos Honorio (la parte occidental) y Arcadio (la parte oriental), convirtiendo además el cristianismo en religión oficial del Estado (391).

Pero la decadencia del Imperio era un hecho irreversible, al menos en su mitad occidental, y así no habrá más que esperar a que el acoso continuo de los bárbaros y la propia decadencia del Estado derriben definitivamente el Imperio romano de Occidente en el año 476, momento en el que Odoacro, jefe de los ostrógodos, destrona a Rómulo Augústulo, el último emperador romano.

1.4.- Periodos del Arte Romano:

Su cronología o periodización artística será mucho más homogénea que en el arte griego, ya que los cambios estéticos son escasos y sobre pautas muy fijas. Una primera clasificación global distinguiría dos grandes periódicos históricos:

- Periodo Republicano. S. II a.c- 31 a.c

- Época Imperial: - Primera fase (propiamente imperial). 31 a.c- 193 d.c

- Segunda fase (Bajo Imperial). 193- 395.