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El artista chino Ai Weiwei sigue desaparecido tras ser detenido por la policía de su país el día 3 de abril. Se trata de una acción criminal por parte del gobierno chino que, sin embargo, no está teniendo una respuesta adecuada entre los medios políticos y culturales del resto del mundo.
De los políticos no podíamos esperar mucho, sobre todo sabiendo el dinero que le debemos a China. Es más, el propio gobierno chino se encargó de dejarles claro que no iba a tolerar críticas a su actuación.
Sin embargo, los ámbitos culturales mantienen un silencio mucho más difícil de explicar. Echamos de menos la acción por parte de los colectivos de intelectuales y artistas que, tan sensibles en otras ocasiones, no tienen nada que decir ante el secuestro, el encarcelamiento y el aislamiento (como mínimo) ejercido contra uno de los artistas más interesantes del panorama mundial.
¿Ocurriría lo mismo si el ejecutor no fuera el gobierno chino? ¿Si hubiera ocurrido lo mismo en España, o Francia, o Estados Unidos, o México...?
Por cierto, la única iniciativa seria para reclamar la libertad de Ai Weiwei, propiciada por algunos de los principales museos a través de la web change.org (y que consiguió 90.000 firmas de apoyo) sufrió y sigue sufriendo ataques informáticos por parte del gobierno chino para mantenerla inactiva.
Os recordamos que Ai Weiwei, crítico desde hace tiempo con el sistema político chino, colmó la paciencia del gobierno chino a raíz de sus denuncias por la mala construcción de las escuelas en su país que provocaron la muerte de miles de niños durante el terremoto de Sichuan en 2008. Ese es su delito.
Para apoyar a Ai Weiwei lo mejor sigue siendo visitar la web de change.org o su propia web. También podéis seguir el tema en la web de Amnistía Internacional. Quizás tampoco estaría mal preguntarles a nuestros ministerios de asuntos exteriores o cultura si han tomado alguna iniciativa. Finalmente, si se os ocurre algún colectivo de artistas o intelectuales españoles que crean en la libertad...
Imagen: Ai Weiwei en la instalación que realizó en la sala de turbinas de la Tate Modern donde vertió 100.000 semillas de girasol realizadas en porcelana.
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