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Escrito por F. Javier Jiménez Zorzo (CREHA)   

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"El hierro colado, que había sido empleado en la construcción de puentes ya en 1779, iba sustituyendo cada vez más a la mampostería. Aunque comparte con el hierro forjado el defecto de que el calor intenso, incapaz de destruirlo, puede hacer que se desplome, podía considerarse como incombustible en comparación con los materiales para estructuras existentes. Por ejemplo, los edificios de varios pisos para fábricas de hilados, que estaban brotando en el norte de Inglaterra al terminar el siglo, tenían sólidos suelos de tablas sostenidos por pesadas vigas de madera; éstas, además, si la distancia de pared a pared era demasiado grande, se apoyaban en hileras intermedias de postes de madera. El peligro de incendio era muy grande, pues los materiales textiles, además, eran fácilmente inflamables; se trabajaba mucho por la noche con luces sin protección; y no se podia esperar que fueran sobrehumanamente cuidadosos seres humanos a los que se hacía trabajar con exceso. Las primas por el seguro de incendios para tales edificios eran en consecuencia altas, existiendo, por tanto, un fuerte incentivo para descubrir métodos de construcción a prueba de incendio. William Strutt, propietario de una fábrica de tejidos e interesado personalmente en este problema, usó piezas huecas de loza recibidas con yeso, que habían sido utilizadas antes en París para proteger del calor las vigas de hierro. Introdujo también arcos de ladrillo que abarcaban el espacio entre las vigas, sosteniendo éstas finalmente los suelos embaldosados de piedra. Pero el gran cambio lo constituyó el uso mucho más extendido del hierro colado, primero para las columnas de sosten, después para reemplazar a las vigas de madera y finalmente incluso en los marcos de las ventanas. No sólo llegó a ser ésta la práctica corriente en los edificios fabriles, sino que en la primera mitad del siglo XIX con frecuencia se construyeron también tiendas y oficinas de un modo similar. Tal como lo desarrolló James Bogardus en edificios para oficinas de Nueva York, el uso de la estructura de hierro colado, que a veces alcanzaba una altura de más de 20 m, prefiguraba el tipo moderno de estructura en el que las paredes no soportan ninguna porción del peso".

(T.K. Derry; Trevor I. Williams: Historia de la tecnología, 1980)

 

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