|
Para dejar las cosas claras desde el principio lo mejor es reconocer que Damien Hirst no me cae bien. Acepto que su tiburón metido en una caja con formol es una de las imágenes más impactantes y potentes con las que se identifica el arte de los primeros años del siglo XXI. Sin embargo, cuando ha ido metiendo una cebra, un cerdo, una ternera, una oveja..., me ha empezado a parecer "algo" repetitivo.
Al margen de la opinión personal que nos pueda merecer, hay que aceptar que es un artista que sabe estar siempre de actualidad. En unos casos es por su trabajo. En otros por las más diversas polémicas. Y todos conocemos aquella máxima de "que hablen de mi aunque sea bien".
En este momento, la polémica es importante y viene motivada por un artículo publicado en la revista The Jackdaw por Charles Thompson, cofundador del grupo Stuckists, pintor (bastante flojo, por cierto), poeta, fotógrafo y comisario de exposiciones en el que afirma que un buen número de obras de Damien Hirst son plagios de otros artistas.
El tema del plagio, la inspiración, el homenaje, la referencia..., sería imposible de abordar. Si tomáramos cualquier gran obra de la historia del Arte al azar (de cualquier época) siempre podríamos encontrar otra anterior "muy similar" en la que parece haberse inspirado. Y de esta afirmación no se escapan ni las obras maestras más indiscutibles.
En el caso que nos ocupa, Charles Thompson cita algunos ejemplos que para él resultan muy claros de como Hirst no se inspira sino que plagia obras anteriores. Después el circo mediático que le rodea hace el resto y lo que en otros artistas es una obra menor, en su caso es muestra de genialidad. Veamos dos ejemplos:
|