| Las vicisitudes del Partenón |
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El Partenón resulta sin duda uno de los monumentos más conocidos del arte occidental, pero también se encuentra entre los más dañados por los avatares de los tiempos.
Desde su construcción hasta
Uno de los pocos hechos positivos que cabe reseñar fue la realización en 1674, por parte del viajero inglés Jacques Carrey, de los dibujos de los frontones, gran parte del friso y las metopas del lado sur. Dicho reportaje gráfico constituyó un instrumento primordial para el conocimiento futuro del conjunto, ya que un polvorín, instalado en el recinto por los turcos, hizo explosión en 1687, originando la destrucción de todo el interior y una considerable zona del friso. Entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, varios expertos ejecutaron dibujos y vaciados de los restos reconocibles entre las ruinas.
Figura fundamental y polémica en el devenir histórico del Partenón fue Thomas Bruce, Lord Elgin, embajador de
Los conocidos como Elgin Marbles no se libraron de la polémica ni en la propia Inglaterra, tanto por el expolio que había supuesto su acción, como porque, en un principio, los mármoles fueron rechazados como simples copias adrianeas. Sólo mediante el concurso de Canova y otros estudiosos, consiguió demostrar el valor de las obras y, por fin, venderlas al British Museum por treinta y cinco mil libras en 1817.
Tras la sustracción de las valiosas piezas y la toma de conciencia de los griegos por su patrimonio, potenciada a raíz de su independencia, se iniciaron trabajos de acondicionamiento sobre los restos in situ. Entre 1835 y 1844, se eliminaron los añadidos del edificio; tras el terremoto de 1894, se verificó la primera restauración con criterio científico y, entre 1921 y 1929, se llevó a cabo su reconstrucción con los fragmentos dispersos.
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