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La Quinta del Sordo, donde había vivido Goya sus últimos años en Madrid, se hallaba en estado de ruina hacia 1870 cuando el banquero belga, barón Frédéric Émile d'Erlanger, decide comprársela al nieto del pintor con la intención de rescatar para su posterior venta las pinturas que decoraban sus muros. Pero con buen criterio, antes de acometer el proceso de extracción de las pinturas se realizaron una serie de fotografías de las mismas, que se encargaron al fotógrafo francés Jean Laurent, y que como se puede suponer constituyen un documento gráfico extraordinario para el mejor estudio de las Pinturas Negras de Goya.
Las pinturas fueron finalmente arrancadas de sus muros originales en 1873 para su exhibición en la Exposición Universal de París de 1878 y posterior venta. Pero a d’Erlanger la jugada le salió mal y nadie las quiso comprar, tampoco al Louvre le interesaron, por lo que las donó al Museo del Prado en 1881 donde por fortuna pueden verse hoy. Pero el mal ya estaba hecho porque el método para extraer las pinturas utilizado por Salvador Martínez Cubells y la posterior intervención que acometió sobre ellas, resultaron muy perjudiciales para las pinturas, que de esta forma quedaron muy deterioradas.
De ahí la importancia del documento gráfico de Laurent, que aunque era conocido no se había podido analizar con detenimiento, hasta que en el año 2008 se escanearon las placas con la suficiente resolución como para estudiar sobre ellas las variaciones que pueden observarse entre las obras originales de Goya y las que ahora podemos contemplar.
Sobre el particular versa un artículo de la revista Goya, síntesis de la Tesis doctoral de Carlos Foradada, profesor de la Universidad de Zaragoza, que obliga al replanteamiento del análisis de algunas Pinturas Negras, así como de su interpretación, porque puede verse en esas fotos claramente que en el “Duelo a garrotazos”, por ejemplo, los personajes no están enterrados hasta las rodillas, sino que Goya les pintó las pantorrillas y los retrató peleándose sobre la hierba; o que en “El perro semihundido” se veía parte del lomo del animal, que además miraba hacia lo alto donde podían distinguirse unas manchas que Foradada identifica como dos pájaros volando. Incluso los ojos del “Saturno devorando a sus hijos” eran originalmente todavía más desorbitados y terribles que los que pueden verse ahora.
En el mismo estudio su autor vuelve a plantear también la polémica sobre la autoría de “El Coloso”, que él vuelve a considerar obra de Goya.
Habrá que seguir con interés la publicación completa de todas estas averiguaciones.


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