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Hace apenas unos días publicamos un texto de Sigfried Giedion (en concreto extraído de La mecanización toma el mando) sobre los orígenes de la silla.
El hecho de que se trate de un objeto cotidiano nos hace perder en ocasiones la perspectiva de todo el esfuerzo de diseño que durante siglos se ha llevado a cabo sobre la silla. Hoy queremos retomar en parte el tema recordando al que podemos considerar como el padre de la silla moderna: Michael Thonet (1796-1871).
Este carpintero alemán ideó, a partir de 1830, un nuevo sistema para curvar la madera que revolucionaría la producción y el diseño de las sillas creando un concepto que, en gran parte sigue vivo hasta nuestros días. En resumen, el método consistía someter láminas de madera embebidas en cola a un proceso de fuerte calor y humedad. Mediante unos moldes, las láminas iban tomando la forma deseada. Finalmente, la madera se enfriaba manteniendo rígidamente la curvatura que se le había dado. Las distintas piezas eran unidas mediante tornillos y no con el ensamblaje tradicional.
Este sistema, patentado por Michael Thonet en 1841, evitaba los laboriosos y caros procesos de torneado de la madera utilizados hasta el momento. Se lograba así un objeto de calidad, producido de manera industrial (lo que abarataba costes y lo ponía al alcance masivo de la población) y se revolucionaba el diseño, que se iría haciendo cada vez más esencial y práctico.
Pero Michael Thonet no se conformó sólo con estos cambios en el modelo de producción sino que también fue un pionero en la distribución. Las sillas Thonet estaban pensadas para poder ser enviadas por piezas, sin montar, en cajas de tamaño y peso manejables. Las distintas piezas estaban diseñadas para encajar de manera que ocuparan el menor espacio posible en el transporte. El montaje definitivo se podía realizar, de manera muy sencilla, en el lugar de destino.
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