|
Ocho años llevaba el señor cónsul luchando para que los restos mortales de aquel gran artista reposaran en un panteón de hombres ilustres en su país. Ocho años hasta que por fin el gobierno le dio permiso para abrir la tumba, reconocer los restos y enviarlos de forma solemne hasta Madrid.
Por fin, se iba a reparar la injusticia de que aquel gran hombre estuviera enterrado en una tumba cada vez más degradada por el paso del tiempo. Había llegado el momento...
Pero al abrir la tumba, la sorpresa fue mayúscula: el cadáver estába incompleto. Y, por si fuera poco, compartía tumba con otro féretro del que nadie tenía noticia.
¿Qué había ocurrido? ¿Dónde estaba la parte del cadáver que faltaba?
Aún quedaba una persona viva que había sido testigo del entierro. Hablaron con ella. Pese a ser muy anciana aseguró que el cadáver estaba entero cuando se le enterró. Incluso recordaba como iba amortajado y, seguro, seguro, estaba completo...
Sin embargo, parecía claro que la tumba no había sido profanada. Estaba intacta según todos los indicios.
Como pudo, el cónsul se repuso y envió el cuerpo (en realidad, los cuerpos, por si el del artista era el del segundo féretro) a España.
Desde aquel momento hasta hoy han sido muchas las hipótesis y las conjeturas sobre la causa de este sorprendente acontecimiento. Ninguna de ellas está completamente demostrada. Cada día van creciendo, incluyendo desde experimentos médicos, a demostraciones de amor o incluso un fetichismo sin duda exagerado.
¿Sabes de quién hablamos? ¿Qué le falta al cadáver?
Si crees conocer la respuesta, mándanos un correo pulsando AQUÍ.
|