Garry Winogrand, el príncipe de las calles PDF Imprimir Correo
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La culpa de que Garry Winogrand (Barrio del Bronx de Nueva York, 1928 - Tijuana, Méjico, 1984) se envenenará con la fotografía la tuvo su compañero de clase George Zimbel (fotógrafo por entonces del diario "Columbia Spectator") que le enseñó el cuarto oscuro donde revelaba sus fotos y donde Winogrand pudo ver al completo la magia del proceso fotográfico que acabaría cautivándole para toda la vida.

En 1949 asiste a clases de fotoperiodismo con Alexey Brodovitch (director artístico de "Harpers´s Bazaar") en la New School for Social Research (Nueva York), polo de difusión de nuevas tendencias fotográficas. En 1951 la agencia "Pix" le contrata como colaborador y allí conoce a uno de los más destacados representantes de la nueva fotografía americana, Ed Feingersh. Poco tiempo después sus fotografías empezaron a ser habituales en las páginas de revistas como "Collier’s", "Argosy", "Pageant", "Redbook", "Men", "Gentry", "Climax" y "Sports Illustrated". En 1955 realiza su primer viaje fotográfico por los Estados Unidos y entra en contacto con la obra de Walker Evans que le influyó profundamente. Por entonces, a finales de los 50, fruto de la gran difusión de la televisión, el fotoperiodismo entra en un período de profunda crisis, a la cual se unirán crisis personales del propio Winogrand.

En los años 60 comienza a centrarse en el tema de la mujer en la calle que pasará a ser una constante en toda su obra y que sería reflejado por el libro "Women are Beautiful". Por entonces empieza a tener ya una expresión más personal realizando tomas de cuerpo entero mediante el uso de lentes de gran angular, cuyas distorsiones compensaba recortando los márgenes de las fotografías según su conveniencia. Winogrand salía a la calle, por entonces, con una cámara Leika M4 con un objetivo gran angular preenfocado y tomaba fotos con gran rapidez, a veces sin mirar por el visor y en otras inclinando la cámara para conseguir llenar el cuadro.

Su pasión ---que puede calificarse de verdadera adicción--- por fotografíar (rápida, frenéticamente y muchas veces al azar), así como su deseo de separar el sentimiento vinculado a cada acto concreto de fotografíar del momento posterior de la evaluación de cada fotografía tras el revelado, le llevó a dejar, tras su muerte, unos 12 mil rollos fotográficos (más de 400 mil fotos), que jamás llevó a revelar ni, por supuesto, a ver.

Para acceder a la amplia colección de fotografías de Garry Winogrand que ofrece la web de "The Art Institute of Chicago", pinchar AQUÍ.

Para acceder a un vídeo donde podemos ver una entrevista a Garry Winogrand, así como una serie de filmaciones donde se ve inmerso a este "príncipe de las calles" (como le llamaban sus colegas) en pleno trabajo (y por supuesto visitar además su oficina con armarios repletos de rollos fotográficos sin revelar...), pinchar AQUÍ.


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