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Michel Koven

 

 

 

Michel Koven


Michel Koven es un artista poco conocido porque su discreción traspasa las fronteras de la simple modestia y huye espantado de exposiciones o muestras de su arte. Pero arte tiene y mucho, y compartido entre su obra pictórica y fotográfica. Aunque de esta sabemos más porque lleva muchos años con sus cámaras a cuestas fotografiando espacios y rincones, cielos, cuentas de mar y extraños rincones llenos de evocaciones extrañas, tanto, que al verlas resultan inimaginables, como si las hubiera ido a buscar a planetas lejanos o las hubiese podido rescatar de sus sueños. No por desconocida su fotografía no es magnífica. Y no sólo por sus evocaciones subyugantes o turbadoras, sino también porque sus luces, sus brillos y colores, sus composiciones y enfoques  van dejando en cada foto la estela de su técnica precisa y sabia.

Pero aunque incondicionales de su obra, nosotros no somos los más adecuados para valorar su trabajo, mucho mejor puedo hacerlo su mujer, Luisa Carrillo, tan artista como él cuando se trata de ponerle palabras a la magia de sus fotografías: La cámara de Michel se posa casi de puntillas en un trozo de pared desconchado, a la que el paso del tiempo ha ido desenmascarando capa a capa. Allí, con la minuciosidad de un arqueólogo, el tercer ojo de Michel va descubriendo sus diferentes pieles y colores, que han forjado su centenaria vida. Un poco más allá su mirada se posa en una vieja puerta, cuya madera carcomida, año tras año, ha ido perdiendo volumen hasta convertirse en delgados flecos sin marco al que agarrarse. Porque quizás Michel lo que busca es un camino a través de esas grietas y hendiduras, por donde adentrarse más allá de la mera superficie, y hurgando en lo profundo, sacar hacia la luz la historia, la esencia, el alma de las cosas.

Porque esas formas puras, esos objetos que la vida ha ido mordiendo hasta dejarlos en su esencia, esas superficies despojadas de todo lo superfluo, en las que ya sólo queda la belleza del desnudo, de lo auténtico, todos esos seres, cobran de pronto nueva vida, cuando Michel, en un proceso inverso al del paso del tiempo, proyecta sobre ellas toda la riqueza de su universo onírico y, capa a capa de nuevo, se van llenando huecos y hendiduras. Lo que antes había sido condenado a la extinción por el destino, renace ahora con insólita fuerza. El desierto se puebla, donde dominaba la carencia, hoy es abundancia, lo vacío se llena.

Alejado de lo tópico y la estética de lo bello por lo bello, su universo está poblado de seres mitológicos, fantásticos, extraños…seres que duermen agazapados en la más profunda oscuridad, esperando una mano piadosa que los devuelva a la vida”.

Para conocer la obra de Michel Koven, pinchar AQUÍ.



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