A. Rodin: "La Danaide" PDF Imprimir Correo
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LA DANAIDE.

Auguste Rodin.

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Museo Rodin. París

1885.

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La escultura contemporánea comienza con Rodin. Es él quien a través de su obra amplia y variada abre la escultura tradicional a una nueva interpretación acorde con los aires de renovación que también están afectando al arte de la pintura. Con Rodin también la escultura inicia el esfuerzo de buscar su valoración básicamente en sus recursos plásticos, dejando en un segundo plano su importancia temática y su reproducción de la realidad. Es cierto que aún prevalece en ella el tema figurativo y la tradición realista, pero su nuevo concepto de la masa y el volumen, que llegan a convertirse en los verdaderos protagonistas de la valía de sus piezas, avanzan la escultura a su propia autonomía, es decir, a la valoración principalmente de sus conceptos plásticos. Su libertad creadora también supone un paso adelante en la propia libertad del artista que caracterizará el S. XX.

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La de Rodin es una escultura llena de fuerza expresiva y de vigor. Su nuevo concepto de la masa rompe con la tradicional escultura de líneas cerradas, que ahora se imprecisan en base a un tratamiento irregular de la materia, sin pulir, inacabado en muchas ocasiones, que agranda así su fuerza expresiva. Pero a la escultura inacabada de líneas abiertas, une Rodin un nuevo concepto del volumen que se asocia directamente con el sentimiento que se quiere transmitir, de tal manera que cada plano de la figura se modela según la interpretación que se le quiera dar desde ese punto de vista. Lo cual no sólo contribuye a multiplicar las visiones de la pieza, sino también las sensaciones que nos produce. Él mismo decía que “el escultor debe de aprender a reproducir los sentimientos en la superficie, lo que quiere decir que todo debe vibrar en la superficie de la pieza, el alma, el amor, la pasión, la vida…por tanto la escultura es el arte de los huecos y los montículos y no del pulido y la suavidad”.

Por otra parte la amplitud de la masa, la potencia de la talla y el canon de las figuras, que recuerdan el tremendismo de Miguel Ángel, refuerzan la  monumentalidad de sus esculturas y su expresividad, y todo ello unido al carácter inacabado de sus perfilados y a la agitación de sus superficies, provoca una nerviosa sensación de movimiento. Nada que ver por tanto con la escultura academicista o incluso con la escultura romántica, igualmente tradicional desde el punto de vista formal, por lo que puede considerase a Rodin un verdadero revolucionario que marca la frontera entre el antes y el después de la escultura moderna.

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EL PORQUÉ DE SU BELLEZA 

Una de las esculturas más bellas que salió del taller de Rodin es esta preciosa Danaide. Recoge el mito clásico según el cual las Danaides fueron las cincuenta hijas del rey de Argos, Danaos, que estaba en conflicto con su hermano Aegyptos, padre de otros cincuenta hijos. Estos cincuenta hijos hablaron con el rey de Argos para proponer matrimonio a las Danaides en un gesto conciliador hacia él, pero éste, resentido como estaba con su hermano, ordenó a sus hijas asesinar a sus maridos durante la noche de bodas. Las Danaides cumplieron las órdenes de su padre, a excepción de una de ellas. Como resultado de sus crímenes, fueron condenadas en el Reino de los Muertos a llenar un recipiente con agua que jamás terminaría de llenarse.

El mito permitía a Rodin fijarse en el cúmulo de sentimientos humanos que combinaban en la Danaide el sufrimiento por el castigo eterno, la frustración de un trabajo inútil, el agotamiento por un esfuerzo interminable, y el sinsabor que producen entremezclados los sentimientos de arrepentimiento, pesadumbre y viejos resentimientos que habían de marcar su secuela sobre el cuerpo de Danaide. Nada mejor para dar rienda suelta al expresionismo de Rodin, siempre avizor a las penurias humanas.

No falta por ello ninguno de los aspectos que hemos ido describiendo como más característicos de la obra de Rodin: la figura se arrastra de tal manera que la imprecisión de los perfiles se funde sobre la piedra de base como si la figura surgiera naciente de la piedra, lo mismo que la materia de la no materia. Lo que resulta un efecto escultórico de una enorme belleza, por su contraste de superficies lisas y sin pulir, y de zonas trabajadas y sin tallar, que además contribuyen a enfatizar su fuerza expresiva. Porque pareciera de este modo que el esfuerzo baldío de Danaide estremece su cuerpo en estertores que lo salpican de entrantes y salientes, curvas y contracurvas.

La postura, forzada, requiebra el cuerpo, que de todas formas también en este caso multiplica las sensaciones que transmite según desde dónde lo observemos: más sutil y delicada desde adelante, más erótica desde atrás, más doliente en los costados.

Aunque por encima de todo destaca en esta Danaide el efecto primoroso de una talla exquisita, porque es el juego de contrastes entre una cabellera que se funde en el basamento, con un cuerpo finamente pulido; el juego de líneas que recorre toda su anatomía, y el efecto sensual de toda la obra, de indudable alcance erótico, lo que verdaderamente nos seduce de esta pieza, imagen misma de la belleza. En realidad de la belleza de la escultura.


 

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