Baco de Caravaggio PDF Imprimir E-mail
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BACO.

Caravaggio.

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1595.

Uffizi. Florencia.

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Michelangelo Merisi, conocido como Il Caravaggio por su lugar de origen es sin duda uno de los grandes genios de la Historia del arte. Y lo es no sólo por su extraordinario dominio de las calidades pictóricas y la captación de las texturas o su innovador tratamiento de la luz sobre el lienzo. Lo fue sobre todo por su capacidad para renovar completamente la pintura del siglo anterior, introduciendo novedades en la expresión plástica, que supondrían el inicio del arte Barroco y el origen de una nómina interminable de magníficos pintores que durante todo el S. XVII y buena parte del siguiente siguieron con precisión sus aportaciones.

 

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Entre ellas habría que destacar especialmente dos: por un lado lo que supuso la introducción del naturalismo, y por otro la aparición del tenebrismo. La primera era una nueva forma de contemplar la realidad religiosa, en la que los personajes representados eran la imagen viva de la gente de la calle, con toda su vivacidad y realismo, lo que podía inducir a la vulgaridad en el tratamiento de los temas religiosos, pero a cambio facilitaba la comprensión de los asuntos evangélicos por pueblo. La consecuencia fue en cualquier caso un nuevo concepto de pintura, descarnada y realista, mucho más directa en su forma de expresión que la del Renacimiento. El Tenebrismo por su parte es una nueva forma de construir la estructura y la composición del cuadro a partir exclusivamente de la luz, una luz de contrastes violentos, en los que las imágenes se agitan a partir de la alternancia de fuertes fogonazos luminosos en medio de la oscuridad.

 

A todo ello deben añadirse la utilización de fuertes escorzos, de una enfatización expresiva, de un nuevo concepto del movimiento en pintura, y ello sin olvidar esa técnica portentosa, ya mencionada. Una pintura la suya por tanto valiente, por su atrevimiento y por lo que tuvo de revolucionaria.

 

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EL PORQUÉ DE SU BELLEZA

 

Aunque no todo lo que acabamos de explicar aparece en este cuadro que hemos elegido como uno de los más bellos, porque al tratarse de una de sus primeras obras importantes aún falta por llegar ese sentido tenebrista aludido o su concepto del naturalismo. No importa, es probablemente una de sus pinturas más hermosas de su repertorio, todavía algo influenciada por el Manierismo, aunque sin embargo ya plena de perfección y precisión pictórica. Esa misma influencia anterior explica esta obra de raíces mitológicas, que posteriormente frecuentará poco, mucho más absorbido como estará por la pintura religiosa.

 

Pero si este Baco es tan hermoso como decimos es fundamentalmente por tres razones: sus calidades y la precisión de sus texturas; su luminosidad, y la expresividad incierta de su androginia. De su perfección técnica ya hemos hablado, una perfección que aquí se acentúa al combinar en una misma obra el tema mitológico y la naturaleza muerta, una moda que seguirán otros autores posteriormente, como Velázquez. En realidad parece una excusa para demostrar su valía, en un alarde de hiperrealismo pictórico, bien evidente en sus vidrios, sus líquidos, sus paños o en la piel radiante de Baco.

 

La luz no es la luz tenebrista que aún estaba por llegar. Al contrario, parece una luz aún renacentista que inunda de plenitud a toda la figura, la plenitud, tal vez de su divinidad, pero muy probablemente la plenitud de quien rebosa alegría y exalta los placeres, como es Baco. Por último, su rostro no nos puede dejar indiferentes, porque más allá de esa androginia citada, lógica por otra parte tratándose de una divinidad y un símbolo de perfección espiritual, se halla su mirada incierta y su expresión ambigua, a medio camino entre la ironía y la vanidad.

 

Iconográficamente son múltiples las interpretaciones que se han hecho de la figura, desde un símbolo de los placeres, como corresponde a Baco, a una figuración de la vanitas, que tanto éxito tendrá a lo largo del periodo barroco, o incluso a una explicación cristológica, pero lo cierto es que se trata de una pintura perfecta y magnífica. Anuncio de lo que Caravaggio sería capaz de dar a la pintura, más que nadie en su siglo tal vez, porque aunque serán muchos los grandes nombres de la pintura barroca, nunca deberemos de olvidar que Caravaggio fue el primero en abrir esa senda y en transformar completamente la expresión plástica.


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