Canaletto: "Santa María della Salute" PDF Imprimir Correo
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LA ENTRADA DEL GRAN CANAL Y SANTA MARÍA DELLA SALUTE.

Canaletto.

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Museo del Louvre. París

1730

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La pintura a partir del S. XVIII va derivando hacia fórmulas que se alejan de la agitación y voluptuosidad barrocas, y que abandonan el tenebrismo o el naturalismo tan característicos del siglo anterior. Además cambian radicalmente los temas y el sentido que adquiere ahora la pintura, que deja de ser un soporte ideológico de la Iglesia o de propaganda monárquica para inclinarse por propuestas mucho más intrascendentes. Por el contrario, según se vaya imponiendo la estética rococó, primarán temas galantes y amorosos, cobrando un nuevo protagonismo el paisajismo, y todo ello bajo un tono estético más delicado, sensual y desenfadado de lo que lo había sido anteriormente

En este contexto surge en Italia una tendencia novedosa que rompe el arte más ampuloso y grandilocuente del último Barroco (de un Tiépolo por ejemplo). Es una pintura mucho más serena y apacible, que se aprovecha del auge del coleccionismo que entonces se pone de moda entre las clases acaudaladas de toda Europa, y que sobre todo por tradición, tiene en los pintores italianos a sus principales beneficiarios. Esta es la razón principal del éxito que adquieren entonces las representaciones de ciudades y rincones pintorescos del país, dando lugar al género de la veduta, que compagina al mismo tiempo las imágenes siempre atractivas para cualquiera de las eternas ciudades italianas, con la visión nostálgica de las ruinas clásicas, anticipando así la particular visión del paisaje que caracterizará al movimiento Romántico. En este campo sus mejores valedores fueron sin duda Canaletto y Francesco Guardi, sin desdeñar en esa misma época otros nombres como Sebastiano Ricci o G.P. Panini.

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Canaletto (en realidad Giovanni Antonio Canal. Venecia 1697-1768), comenzó su formación como escenógrafo, en el taller de su padre. Pero su estancia en Roma, le abrió los ojos al mundo de la pintura, en lo que influyó también su relación con Panini y Ricci. Desde entonces son famosas las veduta de su ciudad de Venecia y también de numerosos lugares de Inglaterra, donde también vivió algunos años.

Sus obras poseen un estilo propio e inconfundible, caracterizado especialmente por su extraordinario dominio de la luz y la perspectiva, otorgando a sus visiones urbanas una nitidez cristalina y brillante, y una luminosidad que parece filtrase entre las nubes para derramarse por el entorno con un vibración radiante Sin que por ello falte un cierto lirismo que parece envolverlo todo con una paz y armonía especiales.

El que hoy hemos elegido es uno de los numerosos cuadros que realizó su autor de la ciudad de Venecia, de sus canales, calles y monumentos, y que constituyen un repertorio personalísimo de su autor y un testimonio histórico de primera mano de todo aquello que reproduce.

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EL PORQUÉ DE SU BELLEZA 

En esta obra en concreto apreciamos un primer plano de la escalinata de la iglesia de Santa María della Salute sobre el Gran Canal, pero vista desde una perspectiva singular porque la visión del templo es incompleta y porque adopta un punto de vista sobre elevado que permite ampliar la panorámica del paisaje en toda su extensión, abriendo así también la mirada del espectador sobre el lugar. La visión incompleta de la iglesia contribuye a potenciar su presencia en primera línea, convirtiéndola en verdadera protagonista del lienzo, puesto que de esta forma determina un primerísimo plano que se abalanza sobre el espectador con toda la fuerza de su monumentalidad.

Pero además Canaletto consigue transmitir la instantánea cotidiana de ese entorno de su ciudad, porque ha captado con inusitada meticulosidad y detallismo el devenir diario de sus gentes, paseando despreocupadamente por la explanada o laborando en sus góndolas. Y todo ello envuelto en una atmósfera límpida y luminosa, de un día brillante bajo un cielo azul y limpio, rasgado de primavera.

Por ello el cuadro es una panorámica llena de naturalidad y realismo, que destaca por su técnica precisa y exquisita y por su especial tratamiento lumínico, ese tan característico en el que va esparciendo sobre Venecia, la Venecia de Canaletto, toda la magia de su luz diáfana y rutilante: su luz veneciana.



 

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