| Fresco de Flora |
|
|
|
|
FRESCO DE FLORA O
Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Procedente de Estabia S. I. _____________________________________________________________________________________ La pintura romana al igual que la escultura es fiel seguidora de la griega y por ello muchas de las obras conservadas del arte romano o son copias de época helenística o siguen la estética griega. Pero como es característico del arte romano esta base de influencia clásica se ve enriquecida por la propia funcionalidad que caracteriza la cultura romana y por ello la pintura sirvió principalmente con un objetivo decorativo en el interior de las casas romanas y como una forma de mitigar la pobre apariencia de los mampuestos de sus construcciones. Los restos encontrados son abundantes, gracias principalmente a los múltiples vestigios encontrados en Herculano y Pompeya, pero también a los que aparecen en el Palatino de Roma y en las necrópolis de El Fayún en Egipto. Esta abundancia y la variedad de sus soluciones plásticas ha permitido establecer una clasificación de la pintura romana en cuatro estilos que facilita su sistematización: el primer estilo es el más antiguo (S. II a.c), se le denomina de incrustación por representar planchas entregas de mármol sobre el muro y otras ataujías arquitectónicas. El Segundo estilo, también llamado Arquitectónico, nace en Roma a comienzos del S. I a.c, y consiste en la recreación ilusionista de ambientes irreales, a base principalmente de arquitecturas que reproducían los distintos órdenes clásicos. El Tercer estilo, aunque sigue teniendo como base la representación arquitectónica ya adquiere un carácter más libre y espontáneo porque aparecen entre medio escenas figurativas y porque técnicamente supone un paso importante en la evolución de los recursos pictóricos como la perspectiva o la pincelada más libre. Finalmente, el Cuarto estilo surgió en Pompeya durante la reconstrucción de la ciudad después del seísmo del año 62 d.c, caracterizándose por su mayor perfección técnica, su grado mayor de libertad en la ejecución y la elección de los temas y porque asume un carácter figurativo mucho más rico que en los estilos anteriores. ____________________ Sin duda la mayor cantidad y variedad de restos pictóricos encontrados de pintura romana proceden de los restos de Herculano y Pompeya. Y es precisamente muy cerca de Pompeya, apenas a seis kilómetros al sur de la ciudad, donde se localizaba la pequeña población de Estabia, que dada su cercanía a las grandes urbes de Herculano y Pompeya también contaba con un buen número de villas de patricios romanos, que por ello mismo conservaba importantes restos de pintura mural y que dadas su situación también se vio afectada por la erupción del Vesubio del año 79, lo que ha posibilitado la conservación a lo largo de los siglos de algunas obras que se han ido descubriendo recientemente. Especialmente la que nos ha parecido digna de esta Historia de ____________________________________________________________ EL PORQUÉ DE SU BELLEZA La iconografía no está clara por tanto. Porque esta muchacha que vemos pintada de espalda y descalza, que va recogiendo flores que deposita grácilmente en un kalathos, y cuyo jiton apenas le cubre parte de la espalda, no se sabe con certeza si representa una figura humana o divina y por tanto si se trata de un episodio bucólico sin otra pretensión que reproducir una escena cotidiana, o se trata de una representación de Flora, diosa de las flores, el jardín y de Desde el punto de vista artístico la obra se fecha en el siglo I, y para ser más exactos en la primera mitad del siglo, por lo que cabría incluirla en el Tercer estilo de la pintura romana. Comparte además todas sus características en cuanto a la liberalidad en el tratamiento temático, la frescura y espontaneidad de las escenas representadas y un papel marginal en la representación de arquitecturas, que aquí al menos ni se plantea. Como tantas otras obras de la pintura romana se inspira al parecer en otras obras de época helenística similares, que se habían dedicado a Diana o Leda, lo que coincide al menos con el tratamiento de los fondos de tonos azulados o verdosos, que eran respectivamente lo habitual en ambos casos. Pero más allá de su verdadera iconografía la obra nos resulta encantadora en base a tres elementos principales: el trabajo cromático; el trazo y su ritmo curvilíneo, y la originalidad y sencillez de la composición. El primero de los que hemos citado nos parece esencial. Ya no sólo por la tonalidad que se ha logrado de una luminosidad y belleza indudables, sino porque el color se emplea como un elemento que neutraliza el fondo de la escena, consiguiendo de este modo un innovador recurso perspectivo y sobre todo acercando la imagen de la ninfa hacia el espectador que destaca así con toda su fuerza visual. El trazo en efecto es sutil y delicado, lo que afianza el tono amable de la escena, insistiendo además en el ritmo y el protagonismo de la línea curva, lo que induce precisamente al encanto poético que destila la obra. Finalmente la posición de la muchacha en una actitud despreocupada y danzarina y vista desde atrás, lo que permite el detalle sensual de la espalda desnuda y los pies descalzos, es una composición atrevida y diferente, y de una enorme sencillez además, sólo remarcada por las líneas horizontales del tallo en flor y de la propia figura, que sobresalen así de la escena con todo su candor. Otros artículos de esta sección...
|
Comentarios
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.