| G. Klimt: "Serpientes acuáticas" |
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SERPIENTES ACUÁTICAS Gustave Klimt. _______________________________________________
1907. _____________________________________________________________________________________ Viena al filo de 1900 es la capital europea que tal vez mejor ejemplifica el ambiente, la moda y las tendencias artísticas que se resumen en el movimiento modernista, prueba de ello es que por diversos motivos es una de las capitales emblemáticas de este estilo. En gran parte la amplia difusión de esa corriente en la capital austriaca se origina gracias al fenómeno de Pero en este caso no puede hablarse ni mucho menos de ruptura con el arte anterior, como mucho se trata de una renovación, que utiliza elementos formales diferentes, los del art nouveau, pero cuyo sentido elitista y su estética refinada y ornamental, serán precisamente las más aplaudidas por esa burguesía satisfecha de sí misma que llena los cafés vieneses. De ahí el enorme éxito de este estilo en ese país. ____________________ Gustave Klimt es el mejor exponente de este movimiento en la capital austriaca. Su pintura se apoya en los recursos decorativistas y ornamentales del art nouveau, pero le añade una serie de elementos que le son propios y que van afianzando un estilo muy personal. Del modernismo derivan sus característicos fondos dorados y su riqueza ornamental, que le otorgan su inconfundible sello preciosista y exquisito, pero se advierten también otros elementos novedosos: así el tratamiento de las formas, de líneas quebradas e irregulares que le insuflan su lirismo y en muchas ocasiones su carga de sensualidad. Por otro lado sus colores son igualmente voluptuosos, con esa peculiar incrustación de formas y tonos a modo de taraceas que reproducen un ambiente de exotismo y exhuberancia. Incluso los temas se atreven con asuntos provocadores, con especial insistencia en la imagen de la mujer y de su sexualidad abierta cuando no descarada, que había de asumir su carga de escándalo sobre la sociedad puritana de En cualquier caso, su obra es el resultado de diversas influencias que Klimt sabe como nadie sintetizar en un estilo personal: desde el icono bizantino, con sus dorados y su rigidez formal, hasta el concepto de belleza derivado del Quattrocento, sin olvidar, lógicamente, la aportación directa del art nouveau. ____________________________________________________________ EL PORQUÉ DE SU BELLEZA El resultado final es que Gustave Klimt es uno de los pintores que mejor ha sabido atrapar la belleza en sus cuadros, hasta el punto no de reflejarla en sus lienzos sino de convertir sus propias telas en belleza pura. En parte gracias a todas las características plásticas que hemos citado anteriormente, y también al protagonismo dado a la mujer en sus obras, como un pretexto de belleza, pero que en la mayoría de los casos le permite recrearse en su sensualidad y lirismo, en su delicadeza y colorismo, hasta convertir el mero pretexto en la esencia misma de sus cuadros. No faltan los elementos ornamentales que llenan sus obras de un esplendoroso entorno, no faltan los dorados, más hermosos y procaces que nunca, ni la exhuberancia del color y de los motivos que lo adornan, ni el esplendor de una luz rutilante. A ello añade la voluptuosidad de los desnudos que parecen flotar entre luces y colores, insistiendo en una sexualidad llena de erotismo. Que se complace además en la recreación del lesbianismo de estas dos figuras que se aman entre corrientes de agua. Un tema tabú y escandaloso para la sociedad del momento, pero que envuelta en la estética del brillo y la riqueza se vio arropada por el éxito de crítica y público. Las líneas sensuales, la perfecta armonía de los tonos, la curiosa contracción de las formas, envaradas en la rigidez icónica a la que las someten el trazo irregular tan característico de Klimt; la brillantez de sus dorados, enjaezando fondos y cabellos, y el rostro ensimismado, doblado como una cabeza de muñeca, completan este repertorio de ornato y belleza. Otros artículos de esta sección...
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