H. Matisse: "Nude Bleu II" PDF Imprimir Correo
(2 votos, media 4.50 de 5)

NUDE BLEU II.

Henry Matisse.

_______________________________________________


___________________________________________________________________________________

Col. Particular.

1952.

_____________________________________________________________________________________

La obra de Matisse es la historia de una evolución artística personal, pero que concierne también a la propia evolución del arte del S. XX. Por ello mismo podemos considerarlo uno de los grandes artistas del arte contemporáneo, dándole al S. XX uno de sus nombres propios más significados.

Matisse, que empieza su obra otorgándole al color un protagonismo único y singular, irá transformado su pintura hasta concederle con el tiempo esa misma importancia al trabajo de las formas, que irá simplificando progresivamente hasta rayar al final de su vida artística en una pureza minimalista. No por ello perderá de vista la referencia del color, que seguirá siendo protagonista principal de su obra.

Esa es tal vez su gran lección final, la sencillez del arte como horizonte hasta convertirla en pureza. Pureza de un color pleno y sin sombras, donde hasta el negro asume un protagonismo inesperado, y pureza plena de las formas que evocan valores escultóricos. Y es esa sencillez convertida en pureza artística lo que consigue esa plena armonía de sus obras, que era al fin y al cabo una de sus obsesiones: “Sueño con un arte de equilibrio, de tranquilidad, sin tema que inquiete o preocupe, algo así como un lenitivo, un calmante cerebral parecido a un buen sillón”; “aspiro a un arte del equilibrio, de la pureza. Un arte que no intranquilice, ni desconcierte. Me gustaría que el individuo cansado, agobiado, quebrado encontrara paz y quietud en mis cuadros”.

____________________

Esa evolución de la que hemos hablado le lleva desde sus primeras obras en las que defenderá en primera persona la renovación pictórica que supone el Fauvismo, en el que como decíamos defiende el liderazgo del color como un valor autónomo dentro del cuadro, a las obras de su último periodo, marcadas por la simplicidad formal, basada muchas veces en el recorte de piezas de papel que como una taracea componen la obra. Es cierto que en esta fase su artritis aguda y dolorosa le limita hasta el punto de verse obligado a emplear esta técnica, porque simplemente no pude utilizar las manos para pintar, pero aún así, es un proceso que había iniciado con anterioridad y que sigue la línea ya marcada de reduccionismo formal y simplificación plástica. En ese grupo de sus obras postreras realizadas bajo esta técnica se halla su serie de desnudos azules, sin duda de lo mejor de este último periodo de su vida artística.

____________________________________________________________

EL PORQUÉ DE SU BELLEZA 

En esta serie de obras en parte dibujo, en parte pintura, y en parte collage, aparecen reiteradamente imágenes de mujeres sentadas o tumbadas que buscan en todos los casos el impacto visual que supone su azul intenso contra el blanco puro. La prueba de que Matisse innovó a lo largo de toda su trayectoria artística hasta su término, es que estas series también aportan sus novedades plásticas al arte del momento: en primer lugar su técnica, de la que ya hemos hablado, pero que suponen un proceso distinto al tratamiento de la pintura tradicional. Se trata de pintar en gouache sobre papel y recortar en piezas esos colores que pegados componen la imagen que se propone.

En segundo lugar la innovación se halla también en la simplificación a la que se llega en el tratamiento de la imagen con dicha técnica. Apenas un perfilado de cada uno de los miembros del cuerpo que se acoplan hasta completar un minimalismo anatómico.

Por último está el propio tratamiento del color, siempre referente en la obra de Matisse (“los colores poseen una belleza propia que es preciso conservar al igual que se trata de conservar el sonido musical”). En este caso un color reducido a la mínima expresión porque es un solo tono, el azul (sin sombras ni matices), contra blanco. Nada más. En todo caso es el contraste de ambos tonos uno de los elementos que más nos atrae de la obra, y más aún si como es el caso, el azul eléctrico, nos contagia su vibración, impactando la mirada con toda su intensidad. Ambos componentes, el color y las formas, a pesar de su reduccionismo, resultan de una enorme fuerza expresiva. En parte por el impacto cromático y en parte por lo sugerente de la pose, tan elocuente a pesar de sus pocos pormenores.

Y es que la obra es plena voluptuosidad. En este caso sugerida más que explícita, porque a pesar de la limitación en los detalles, el desnudo nos queda claro a todos, un desnudo por tanto insinuado, apenas esbozado, pero que se manifiesta en la sensualidad de la postura: las piernas entrecruzadas, el brazo abierto dejando abrirse los pechos a la vista y la otra mano enlazando a su vez con la línea de las piernas, que de esta forma cierra la composición.

Lo cual tampoco es casualidad, porque la composición cerrada de líneas entrecruzadas, contribuye a transmitir la sensación de serenidad y placidez que ya vimos que es precepto de la obra de Matisse, pero que además en este caso completa el perfil de este desnudo, cuya placidez gozosa es pura libertad, su erótica, serenidad, y su simplicidad, plenitud.


 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar