H. Powers: "La esclava griega" PDF Imprimir Correo
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LA ESCLAVA GRIEGA

Hiram Powers.

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Corcoran Gallery. Washington

Brooklyn Museum. New York.

1844

1869

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La escultura neoclásica que se desarrolla en el tránsito de los Siglos XVIII al XIX, experimenta, lo mismo que la arquitectura, una fuerte atracción por el mundo clásico, que se convierte a partir de entonces en su principal referencia. En realidad ese es el ambiente del siglo de las luces en el plano artístico e intelectual, el de una devoción sin límites por el mundo greco-romano, que se ve además alentado por los descubrimientos arqueológicos que entonces se generalizan y por los postulados teóricos que se imponen en el plano de la estética. Por otra parte hay un deseo, convertido casi en necesidad, de volver a las formas sencillas y sobrias en la escultura después de las exageraciones formales del barroco, y nada mejor que la estética clásica para reencontrarse con esos cánones de armonía proporción y claridad compositiva. La escultura neoclásica por todo ello desarrolla un estilo basado en la nitidez de líneas, en la pureza de los contornos, así como en la perfección formal a la que también contribuye el tratamiento del mármol, material predominante y perfectamente pulimentado.

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En este ámbito neoclásico destacan varios autores en el campo de la escultura, de entre los cuales resultan los más conocidos los nombres de Antonio Canova y Bertel Thorvaldsen, pero no fueron los únicos, hubo otros autores no tan populares aunque igualmente reconocidos entre los que estaría la figura del norteamericano Hiram Powers. Su vocación por la escultura se manifestó temprano, lo que le llevó primero a Washington y sólo tres años después a Florencia en donde ya permanecería hasta su muerte. Será allí, en la Florencia rebosante de arte clásico y sobre todo renacentista, donde Powers completaría su formación, ya totalmente inclinado hacia la estética neoclásica. Por eso destaca en su obra por sus composiciones equilibradas sus perfiles precisos, su idealización clásica, su exquisita pureza de líneas y un trabajo sobre el mármol equiparable al de los grandes maestros de la Historia de la escultura.

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EL PORQUÉ DE SU BELLEZA 

Su obra más popular y más conocida es sin ninguna duda la que hoy proponemos, la Esclava griega de la que llegó a realizar hasta seis versiones, entre otras razones por la enorme popularidad que alcanzó la pieza como símbolo de la lucha abolicionista en Estados Unidos. En realidad la primera versión de 1844 es más bien un símbolo, lleno de contenidos de referencia greco-latina, de las mujeres griegas esclavizadas bajo el yugo del Imperio turco, pero las versiones posteriores y en especial la de 1869 que se conserva en el Brooklyn Museum de Nueva York, asume ya otras connotaciones pues estaba muy reciente la Guerra de Secesión norteamericana (1861-1865) y la definitiva abolición de la esclavitud en los Estados Unidos que se produce en 1865, todo lo cual convierte la pieza en un emblema de la lucha contra la esclavitud y la defensa del abolicionismo en aquel país.

De ahí su enorme popularidad a lo que habría que añadir la difusión de que gozó por el hecho de ser exhibida como una de las obras señeras de la Primera Exposición Universal, celebrada en Londres en 1851.

Pero si la hemos elegido entre nuestro elenco de obras que merecen estar en una Historia de la Belleza es porque aparte de toda la carga emotiva de su iconografía ya comentada, la escultura es un bellísimo ejemplo de talla neoclásica. Y lo es porque responde a todos los criterios que desde el arte griego se consideran propios del ideal de belleza clásico. Lo es por la proporción de su canon; por el perfecto modelado; por la talla sutil del mármol; por la armonía en la cadencia de las formas y en la solución compositiva, basada en un perfecto contraposto; por la morbidez de una anatomía voluptuosa; y por su idealización clásica, no exenta en este caso de un componente de sensualidad, rayana en un velado erotismo, aspecto este último que probablemente tenga que ver con el gesto de la esclava, encadenadas sus manos sobre el pubis.

Se ha relacionado la pieza con la Venus de Médici, escultura helenística del S. I a.c. que Hiram Powers pudo contemplar en los Uffizi de Florencia, porque coincide con unos mismos cánones de proporcionalidad y porque también concuerda en parte la postura. Pero aún así la Esclava griega conserva por sí misma una personalidad tan rica y singular que resulta especialmente bella y atractiva.


 

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