| J. Currin: "Honeymoon nude" |
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HONEYMOON NUDE. J. Currin _______________________________________________
1998. Modern Tate Gallery. Londres _____________________________________________________________________________________ Algunos lo denominan Realismo deforme, y es una de las manifestaciones artísticas más innovadoras que actualmente conforman una tendencia pictórica en la que junto al mismo John Currin podríamos incluir la obra de artistas como Lisa Yuskavage o Elizabeth Peyton. Se trata de una pintura que regresa a la figuración y que retoma la fuerza expresiva del dibujo y la claridad formal, pero que introduce asimismo una serie de elementos inquietantes que le otorgan un aire provocador que turba nuestra mirada y en parte nos repele y en parte nos conmueve. Su realismo es claro y nítido pero su enorme fuerza expresiva se alimenta de la deformación de los cuerpos hasta retorcerse en rasgos que nos recuerdan inevitablemente la obra de Cranach por ejemplo, pero también de otros recursos más frívolos que entroncan directamente con la cultura de nuestro tiempo: desde el kitch al erotismo, pasando por la estética de la publicidad, los pin up o el ciberarte. El resultado es una obra diferente, nueva y extrañamente atractiva porque aúna la belleza formal que nos invocan sus modelados perfectos y su técnica exquisita, con una extraña rareza que hace tan sorprendentes sus escenas y sus modelos. A veces deformes, a veces incluso grotescas, pero siempre encantadoras. En el fondo hay un sentido ácido del arte que no renuncia a su papel de crítica social, porque muchas de las mujeres que nos representa Currin, son imágenes imaginarias y extrañas, que mezclan por igual la elegancia sensual de una barby, con la vulgaridad de lo cotidiano. ____________________ John Currin (Boulder. Colorado 1962) constituye por tanto una evolución peculiar del realismo pictórico que en este caso hereda de la postmodernidad la lección de saber combinar con elegancia la perfección técnica y la delicadeza formal, con la informalidad de lo rutinario, o lo que es lo mismo el lenguaje culto y exquisito de la pintura, con lo popular. Y así en Currin coinciden referencias a los Primitivos flamencos, el Renacimiento en general o el arte Rococó, con el Pop art, el Bad painting o el Arte urbano de la década de los ochenta. ___________________________________________________________________________________ EL PORQUÉ DE SU BELLEZA Pero todo ello adquiere en Currin una impronta muy personal y una belleza extraña y contradictoria. Como en Honeymoon nude, que fácilmente nos recuerda de lejos una Venus de Boticelli o de Cabanel, por su precisión pictórica, por su rotundidad visual frente al espectador, con su contraposto clásico, o incluso por su propia desnudez, insinuante y atractiva. Pero como siempre en Currin, la primera visión de una obra suya no es suficiente. Como ocurre siempre en la buena pintura, su obra hay que verla y volverla a ver, porque sus lecturas son innumerables. Y entonces nos percatamos de su alegría despreocupada, lo que convierte a esta Venus en todo menos una diosa. Y luego advertimos su rostro curioso y su expresión incierta y sus dedos manieristas que requiebran un gesto delicado, y su cuerpo imperfecto, pero igualmente sensual. La obra de John Currin es tremendamente sugerente, y esa es su belleza, la sabia combinación de realidad y fantasía, de exquisitez y banalidad, de perfección y rareza. Una sola imagen nos parece poco para reconocer la valía de John Currin, por eso para ver más obra de este autor pinchar AQUÍ. Otros artículos de esta sección...
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