L. Alma-Tadema PDF Imprimir Correo
(1 voto, media 5.00 de 5)
Miércoles, 24 de Septiembre de 2008 17:25

ESPERANZA DE ETERNA PRIMAVERA. (EXPECTATIONS)

L. Alma-Tadema.

_______________________________________________

 


____________________________________________________________________________________

1885.

Col. Particular.

_____________________________________________________________________________________

En Gran Bretaña a finales del S. XIX se desarrolla un amplio marco de tendencias pictóricas que se denominan genéricamente como “Pintura Victoriana”, y en las que se entremezclan los autores englobados dentro de la llamada Hermandad Prerrafaelista, con otros pintores influenciados indistintamente por las corrientes europeas del momento, como el Academicismo o el Simbolismo. Pero en todos ellos prevalece un mismo concepto artístico basado en la exquisitez de las formas, el triunfo del gusto estético, y un cierto decadentismo que evoca la languidez y la melancolía románticas. De este entorno general surgirá el grupo de los Estetas y los Olímpicos, que liderados por James McNeill Whistler defenderán la idea del “arte por el arte” o del “Arte por amor al arte”, que impone como norma la búsqueda de la belleza, sin otra finalidad que el disfrute de la misma.

____________________

Entre los Estetas y los Olímpicos ingleses más conocidos destaca la figura de Sir Lawrence Alma-Tadema, porque es él quien tal vez lleva hasta sus últimas consecuencias ese lema de encontrar la belleza buscando el arte por amor al arte. En su pintura se encuentran rastros del Academicismo más riguroso en su preciso realismo, cierto idealismo de influencia prerrafaelista e incluso un regusto por la remembranza de los pasajes míticos de la Antigua Grecia, que recuerda en parte el legado de la Pintura de Historia. De todos los autores del momento y del grupo, Alma Tatema es quien mejor reproducirá ese ambiente olímpico que les da nombre, no sólo por la reiteración de sus temas ambientados en la Antigüedad clásica, sino sobre todo por su prodigioso tratamiento de texturas y calidades, que alcanza en la reproducción de sus mármoles un nivel inigualable. De hecho, estos pintores olímpicos se inspiraron muchos de ellos en los mármoles de Elgin, aunque Alma-Tadema los reproduce como nadie, hasta el punto de que se le llamaba 'the marbelous painter', jugando en inglés con el doble adjetivo de “pintor de mármoles” y “pintor maravilloso” (marvellous-marbelous).

_______________________________________________________________

EL PORQUÉ DE SU BELLEZA 

Pocas veces como en esta obra tiene mayor sentido nuestro interés por encontrar la belleza en la obra, porque como ya hemos visto es el propio autor quien la convierte en el único objetivo de su pintura. Una belleza que está basada en aquellos conceptos que definen el término de lo bello en el contexto histórico, refinado y culto, de finales del S. XIX. La belleza como evocación del pasado, con un halo de nostalgia por una época que se idealiza. La belleza, entendida como deleite de los sentidos, en este caso los de la vista que se recrea en la perfección del dibujo, en la calidad de las texturas, en la propia imitación de los mármoles, que realmente hacen justicia a la fama de su autor, en el preciosismo de los detalles, en la límpida atmósfera de luz brillante y cristalina que envuelve sus escenas. La belleza como sensualidad, manifiesta en el tratamiento que hace de la mujer, exquisita, sensible y culta. Y la belleza como idealización, que nos trasporta a un mundo ensoñado de actitudes serenas, escenas de Paraíso y placidez de los sentidos.

Todo eso es la belleza para los Estetas y también para Alma-Tadema, que lo destila en esta obra con su habitual precisión y maestría. En un cuadro donde además se añade un elemento más que completa ese ideario de belleza que hemos ido explicando: el de la juventud, asociado en este caso al del renacer eterno de la primavera. La juventud, expresada en la muchacha pura e inocente, como es la juventud misma, que mira al horizonte, a esas expectativas que señala el título del cuadro, a su futuro por tanto aun por definir. Mirada, por cierto, potenciada por la composición del banco de mármol, cuya línea en curva y diagonal acompaña la visión de la joven. Una juventud, que también queda simbolizada en el eterno renacer de la primavera, del que surge la vida como lo hacen los lirios que brotan frente a ella. En una ensoñación que a todos nos cautiva, la de que no se acabe nunca esa juventud, esa belleza que ha de ser eterna.


 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar