| Miguel Ángel: "Esclavo moribundo" |
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ESCLAVO MORIBUNDO. Miguel Ángel Buonarroti. _______________________________________________
1510-13. Museo del Louvre. Paris _____________________________________________________________________________________ La figura de Miguel Ángel ocupa por si sola uno de los lugares más destacados de toda ____________________ Por ello mismo elegir cualquiera de sus obras en esta sección no era fácil, porque todas son bellas en el más amplio sentido de la palabra, aunque también podríamos decir lo contrario, que dada la enorme cantidad de piezas magnificas estaba realmente fácil decantarse por cualquiera de ellas. Hemos elegido al Miguel Ángel escultor, por ser este el genero que él prefería, y porque la cantidad y calidad de su repertorio supera al de sus otras experiencias artísticas. Como escultor Miguel Ángel destaca por su celebre facilidad para la talla, el perfecto pulido del mármol y la monumentalidad de todas sus obras. Aunque también fue capaz de alternar su repertorio estético y su capacidad de expresión a lo largo de toda su vida: hay en la mayoría de su obra una tendencia a la grandilocuencia, en sus anatomías fornidas, su concepto de la masa escultórica compacta, la tensión expresiva y las composiciones agitadas llenas de fuerza y vigor, y que dieron pie a su conocida terribilita. Pero también fue capaz en ocasiones de la mayor sutileza y sensibilidad, como ocurre en su Pieta del Vaticano, o de una fragilidad formal que refleja su inclinación mística en piezas como _______________________________________________________________ EL PORQUÉ DE SU BELLEZA Concretamente la serie de los Esclavos pertenecen al conjunto del sepulcro del Papa Julio II, que él consideró siempre la obra de su vida, pero que los caprichos del Papa acabaron por frustrar, dejando todo el conjunto inacabado y las piezas terminadas diseminadas y sin la unidad compositiva que reclamaba la obra en su conjunto. Algunos de ellos quedaron apenas esbozados y se guardan en Todos ellos estaban pensados para colocarse en el nivel inferior de los tres que se habían proyectado en el gran monumento funerario de Julio II y simbolizaban una alegoría del alma humana, prisionera en vida de los deseos del cuerpo de los que trata de liberarse. Y así, lo mismo que el espíritu resulta esclavo de los deseos pasionales, pareciera que la escultura, ella misma arte y por tanto de naturaleza espiritual, no pudiera liberarse del bloque de piedra, puramente material, que lo aprisiona. Pero eso no basta, la figura ha de mostrar todo el desasosiego y la desesperanza que le provoca al Hombre la eterna lucha entre deseo y la virtud, entre la pasión y el juicio, entre la concupiscencia y la elevación espiritual. Y ahí es donde Miguel Ángel despliega todo su muestrario manierista: su juego de torsiones resuelto a base de un contraposto exagerado y reforzado por las diagonales de los brazos; su estudio compositivo que supone una doble disposición cerrada y centrípeta al mismo tiempo, lo que acentúa la sensación de pugna, de lucha por liberar "lo de dentro" de lo que lo oprime desde fuera; su multiplicación de líneas de fuga; su fuerza dramática en la expresión o la tensión que se desprende del trabajo anatómico. Lo cual en su conjunto transmite ese dramatismo que simbolizan los esclavos y que el mismo Miguel Ángel sufría en sus propias carnes, atormentado también él entre su ansia de perfección mística y su condición humana. Pero es innegable su belleza, esa misma que comentábamos al principio, la de una exquisita maestría en la talla del mármol, un pulido brillante y luminoso, la cadencia elegante de formas y movimiento, y su enorme fuerza expresiva, enriquecido todo además con un complejo contenido intelectual. |