| Pablo Gargallo: "Gran bailarina II" |
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GRAN BAILARINA II Pablo Gargallo. _______________________________________________
__________________________________________________________________________________ Museos Reales de Bellas Artes. Bruselas 1929. _____________________________________________________________________________________ La escultura del primer tercio del S. XX desarrolla un esfuerzo experimental por renovar su lenguaje que es paralelo al que se está desarrollando en el campo de la pintura a través de las Vanguardias artísticas. La obra de Brancusi, de Arp, de Boccioni, de Julio González, y de algunos pintores incluso, que se adentran en el ámbito de la escultura como Picasso, revitalizan el arte de la escultura innovando sobre nuevas concepciones, nuevos materiales, nuevos conceptos del movimiento, o nuevos modelados que en todos los casos insisten en la idea esencial de potenciar la autonomía de su lenguaje, lo mismo que estaba ocurriendo con el de la pintura. ____________________ En ese mismo entorno destaca especialmente la figura de Pablo Gargallo, el artista aragonés que hará del vacío escultórico su forma de modelar el volumen. Tal vez una contradicción en apariencia, pero que sin embargo resulta una de las soluciones artísticas más originales y afortunadas de todo ese proceso de experimentación. En realidad el verdadero protagonista de sus obras es un nuevo tratamiento de la luz, porque no se trata de una luz manipulada del exterior, sino una iluminación sobre la obra que surge a través de la apertura de huecos y vacíos en la fisonomía de la pieza. Puede parecer paradójico, pero de esta forma lo que consigue Gargallo es modelar el volumen de la pieza a partir de la ausencia de masa. La combinación de luz y sombra entre el hueco y la masa, así como la conjunción de formas cóncavas y convexas, genera un juego de contrastes lumínicos que modela el volumen y concreta la figura. El resultado es además de una enorme expresividad, porque el hierro, que de natural resultaría opaco, ahora se llena de luz. ____________________________________________________________ EL PORQUÉ DE SU BELLEZA Las obras de Gargallo, desde sus primeras piezas están impregnadas de una gran sensibilidad que las hace especialmente delicadas. Lo son desde luego sus primeras obras en mármol, amparadas en su estética modernista, pero como si esta vena delicada y lírica se perpetuara en el tiempo, también son especialmente bellas sus esculturas en hierro, trabajadas desde el “vacío escultórico”. Ocurre en buena parte de sus retratos más conocidos y en general en su escultura figurativa, pero son especialmente afortunadas sus bailarinas. Realizó diversas esculturas trabajadas en diversos materiales sobre este tema, entre otras cosas porque eran un perfecto soporte para experimentar el tratamiento del movimiento y a partir de ese aspecto insistir en la modulación de los volúmenes desde el hueco y el vacío. Pero en todos los casos el resultado es igual de hermoso. La precisión del canon, la estilización de la figura, la variedad que adopta el hierro en cada una de sus formas y la gracilidad de la figura, obtienen en conjunto un resultado magnífico que va más allá de la innovación que supone su técnica. Innovación técnica que indudablemente influye en ello, porque el contraste de luces y de formas que consigue la alternancia de huecos y formas, de hierro y vacío, de luz y sombra, otorga una luminosidad alegre a la pieza. Pero no es lo único. A ello habría que añadir la lírica del movimiento, la delicadeza de las formas y el contraste perfecto de abstracción y figuración, que en su sencillez y encanto, dan como resultado una pieza por igual monumental y exquisita. |