"Sin título" de Cindy Sherman PDF Imprimir Correo
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SIN TÍTULO.

Cindy Sherman.

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1975.

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Desde que la fotografía se convierte en un nuevo medio de expresión abre un abanico de posibilidades plásticas que la convierten en una manifestación más del arte contemporáneo. Por eso no podía faltar en esta Historia de la Belleza un guiño hacia esta formulación artística tan importante como la que más. El arte de la fotografía tiene puntos de contacto con la pintura y otras expresiones plásticas. La fotografía utiliza la luz como elemento de composición y como dinamizador de la imagen; la fotografía cuida, como la pintura, ángulos y ejes de visión en sus composiciones. Juega con elementos expresivos, que a veces tienen que ver con la propia figura reproducida y a veces con los propios recursos estéticos de la imagen. Se estudia la profundidad de campo como engaño perspectivo, y hasta el grano de la fotografía recuerda las calidades del trazo pictórico. Igualmente la difuminación de la imagen o por el contrario su especial nitidez, también establece un diálogo con la mirada de espectador como pueda hacerlo la técnica pictórica según prevalezca la línea o la mancha de color. La tonalidad y el cromatismo también tienen su espacio en el arte de la fotografía, aunque es la foto en blanco y negro la que mantiene un papel predominante entre los grandes fotógrafos, que aprovechan esas calidades de expresividad y contrastes lumínicos que ese género explota con ninguno.

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El este ámbito de la fotografía artística, el S. XIX y sobre todo el S. XX han sido generosos en la cantidad y calidad de sus artistas, y entre todos ellos, como una de las figuras más sobresalientes por su capacidad técnica y su variedad de recursos ese halla  Cindy Sherman. Sus primeras fotografías, las que se encuadran en su primera etapa son en su mayoría retratos en blanco y negro de mujeres que se convierten en i"conos-pretexto" con los que denunciar la condición social de la mujer, en muchas de las actividades que la estereotipan como tal: desde secretarias a bailarinas, pasando por amas de casa o prostitutas. Es su fase más irónica y divertida, y las fotos de esta época desarrollan sus innovaciones formales, que las tienen, sobre un sustrato clásico en el tratamiento de la luz y la claridad de la imagen. Es a esta fase a la que corresponde la fotografía que hemos elegido, muy diferente de las que caracterizarán las etapas siguientes, mucho más agresivas y siniestras en los temas iconográficos y también mucho más rupturistas en su tratamiento formal.

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EL PORQUÉ DE SU BELLEZA 

Los arquetipos de mujer como hemos dicho se suceden en estas series denominadas film stills o “fotos fijas”, una de las cuales la vemos aquí como bailarina o actriz. En una imagen ingenua que gravita entre la inocencia de una “lolita”, y la madurez de una mujer reflexiva.

Desde todos los puntos de vista nos parece una foto fascinante. Tanto la composición como el juego de luces resulta impecable: la figura se asienta junto a la ventana en un encuadre triangular formado por las dos paredes laterales y el suelo, que a su vez contrastan luminícamente con sus tonos alternados blancos y oscuros. Se completa la estructura compositiva con dos laterales incompletos, la mecedora que vemos sólo a medias y la pared que igualmente se prolonga más allá de la imagen, un recurso igualmente utilizado con frecuencia en las composiciones pictóricas, que contribuye a prolongar los espacios inconscientemente y de paso aumentar la sensación de profundidad y perspectiva.

Frente al rostro de la muchacha una ventana de luz, una intensa pantalla de luz blanca que es la mejor manera de reproducir ese infinito al que mira fijamente la mujer. Con ello consigue un hermoso contraste luminoso que plásticamente le otorga una enorme fuerza visual a la fotografía, sobre todo por su contraste con el suelo y la pared del interior, pero que además aporta su contenido simbólico al enfrentar el exterior con la libertad de la luz radiante, y el interior con el sentimiento más oscuro y opresivo; dentro afuera; anhelo y frustración, que todo ello parece pasar por delante de la mirada de esta chica, que por lo demás llena ella sola toda la fotografía. No sólo porque la simplicidad y minimalismo de la habitación contribuyen a resaltarla sino porque su presencia resulta turbadora y excitante. Su pose es como la de tantas otras mujeres retratadas en estas series por Cindy Sherman un poco forzada y poco natural, con una posición muy estudiada de las manos y las piernas, que parecen relajadas pero están tensas. Por otro lado, su erotismo insinuado, actúa como un imán del que no podemos separar la mirada.

Por eso, al final, no sabemos qué pensar de ella porque los contrastes se suceden: ingenuidad, madurez; reflexión, relajación; interior, exterior; luz, sombra; tensión, indolencia; inocencia o erotismo... No importa. Es una foto preciosa.


 

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