R. Estes: "Central Savings" PDF Imprimir Correo
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Martes, 07 de Octubre de 2008 21:27

CENTRAL SAVINGS.

R. Estes.

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1975.

Nelson-Atkins Museum of Art. Kansas City (Missouri).

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A mediados del S. XX surgen una serie de movimientos artísticos que recuperan el arte figurativo, a pesar de que se hallaran inmersos en un entorno artístico de amplio repertorio abstracto y de que desde la época de las Vanguardias pareciera que el arte figurativo fuera contrario al ideal de progreso e innovación del arte contemporáneo. El Pop art sería una primera muestra de este fenómeno, el Hiperrealismo o Fotorrealismo, la segunda. Aunque no por ello pierden buena parte de la carga de rebeldía que siempre ha definido al arte de los dos últimos siglos, porque precisamente esa vuelta al realismo es la respuesta crítica a un arte dominado durante décadas por la estética no figurativa y su oposición al arte de lo real.

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De estas tendencias realistas la más criticada fue sin duda la denominada como Hiperrealismo o Fotorrealismo. Una tendencia surgida en los años 60 y 70 y caracterizada por una técnica prodigiosa, de una extraordinaria meticulosidad y precisión, capaz de reproducir la realidad del objeto como una visión fotográfica. Se consideró por ello que de esta forma el arte volvía a presupuestos superados de simple reproducción de la mirada objetiva, y que sus obras no pasaban de una visión superficial.

Pero no es justa esta crítica. En primer lugar porque el arte encuentra la belleza en cualquier de sus múltiples caminos de expresión, y en segundo lugar porque los cuadros hiperrealistas, lejos de ser simples y meras fotografías, lo que por otra parte ya tendría su valor, como lo tiene la propia fotografía como género artístico que es, son una muestra exquisita de arte pleno y arte puro. Tanto por su logro técnico como por su contenido iconográfico. Su visión de las calles de las ciudades modernas y sus instantáneas de la vida cotidiana del mundo en que vivimos, aportan un contenido intelectual que lejos de constituir una imagen superficial y banal de objetos es una mirada que incita a la reflexión sobre las sociedades de consumo o la soledad de las grandes ciudades.

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EL PORQUÉ DE SU BELLEZA 

Richard Estes es tal vez su representante más conocido y sin duda uno de sus mejores autores. En sus obras deja claro que sus pinturas no son simples fotografías, ya no sólo por la intensidad de la luz, o la nitidez de sus brillos, sino porque todos los elementos del paisaje que se reproducen lo están con igual nivel de nitidez y enfoque, de una manera que ningún ojo humano ni cámara fotográfica sería capaz de reproducir. Además, los encuadres y la articulación del cuadro están muy elaborados, lo mismo que la elección de las escenas, que ya hemos dicho que conllevan también su carga intelectual. El mismo Estes lo comenta así: “No me gusta que ciertas cosas aparezcan desenfocadas y otras enfocadas, ya que ello marca de forma muy específica lo que se supone que uno debería mirar, cosa que intento evitar. Quiero que uno lo mire todo. Todo está en el punto de mira”.

Es lo que ocurre en esta obra que hemos elegido. Técnicamente es un portento de soluciones complejas al juego de reflejos sobre los cristales y la visión interior del local. Su nitidez y detallismo nos sorprenden igualmente, como destaca también la luminosidad que transmite, al igual que lo hace en la mayoría de sus cuadros, intensa siempre y diáfana. Pero ahí no se queda el relato del cuadro. Richard Estes se formó bajo la admiración continua de otro pintor norteamericano que supo como nadie captar la soledad de la vida moderna y la inmensidad de los paisajes y de las ciudades americanas, E,.Hooper. Y esa influencia se nota en Estes: la barra vacía, los taburetes sin gente, el contraste entre el tráfago de la calle y la soledad del café vacío, vuelven a ese mismo planteamiento reflexivo que nos hace pensar en nuestra vida de cada día y en nuestros simples actos cotidianos. Tan vacíos a veces como este mismo bar.


 

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