| Rothko: "Sin título" |
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SIN TÍTULO (VIOLETA, NEGRO, NARANJA, AMARILLO SOBRE BLANCO Y ROJO) Marc Rothko . _______________________________________________
__________________________________________________________________________________ 1949. _____________________________________________________________________________________ Cuando Rothko se enfrenta a un lienzo en blanco sabe que la mitad de su cuadro ya está hecho. El lienzo es la ventana a la que se abren nuestros sueños, y por tanto no tiene que hacer más que una cosa: colorear el lienzo para darle forma a los sueños. El color es la pintura y nadie mejor que Rothko para demostrarlo. Marc Rothko es un hijo de su tiempo. Nacido con el siglo XX, su pintura adquirirá personalidad propia y reconocimiento al finalizar ____________________ La fórmula encuentra en ese país un número importante de artistas que salen ahora a la luz y que además aportan soluciones diversas a un mismo fin: la fuerza expresiva, la rotundidad y la fuerza del trazo en la ejecución pictórica, el impacto cromático y en definitiva el efectismo visual. Pero no todos siguen un mismo derrotero. De Kooning y Jackson Pollock e incluso Franz Kline desarrollarían el Action Painting, basado en la espontaneidad creativa y en la inspiración intuitiva y caprichosa; Clifford Still, la abstracción pura; Motherwell, el Expresionismo más agresivo, y Marc Rothko, lo que se dio en llamar Espacialismo cromático. ____________________________________________________________ EL PORQUÉ DE SU BELLEZA Porque lejos de seguir el impulso nervioso del Action Painting, la obra de Rothko nacerá de la reflexión y la meditación. Una meditación que va cubriendo el lienzo en blanco de grandes explanadas de colores. Extensiones de tonos y colores que van llenando el cuadro y van así modelando nuestra imaginación. Un cuadro de Rothko es para mirarlo eternamente, como si se tratara de un espacio para la hipnosis que nos envuelve en nuestra intimidad y pensamiento. Yo creo que esa es la enorme grandeza de la obra de Rothko, que al final se convierte en la esencia misma del arte, que no es otra cosa que un vehículo, el más hermoso sin duda, de encontrarnos a nosotros mismos, otorgándole de esa forma a la creación artística la verdadera dimensión que tiene y que no es otra que el alcance de la espiritualidad y la ética. La ética de la estética diríamos. Los campos de color de Rothko además son bellos. Sus combinaciones son infinitas. Sus posibilidades emotivas innumerables. Los hay que se apagan entre los colores oscuros, los hay que sonríen desde colores alegres, los hay que estallan en luz, los hay cuyas combinaciones cromáticas parecerían imposibles a priori y sin embargo consiguen un efecto sorprendente; los hay para reivindicar tonos y colores que parecían olvidados, los hay que buscan nuevas armonías. Pero siempre son bellos. Ocurre así con el que hemos elegido. Porque es un cuadro alegre y armonioso. Porque su combinación de tonos es equilibrada y sus colores se acoplan entre sí, extendiéndose sobre la tela difuminando sus fronteras hasta fundirse con la tonalidad inmediata, en una gradación perfecta y serena. Los cuadros de Rothko parecen sencillos pero no lo son. Y no me refiero sólo a la ejecución, es sobre todo la complejidad de la obra que siempre tiene algo más que decir. Los cuadros de Rothko son verdaderas sinfonías de color. La de hoy nos acuna desde el violeta, el amarillo y el naranja. Otros artículos de esta sección...
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