Swiss Re Tower PDF Imprimir Correo
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EDIFICIO 30 ST. MARY AXE

(SWISS RE TOWER)

Norman Foster & Ken Shuttleworth .

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Londres.

2001-2004.

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Si la arquitectura de los años ochenta del siglo pasado había roto con los principios del movimiento Internacional y el dictado racionalista, pronto los diseños volverían por esta misma senda, en cuanto la Postmodernidad se agota en sí misma, y se regrese a postulados mucho más funcionales. Es lo que se ha dado en llamar movimiento Tardomoderno, dentro del cual se desarrolla un estilo propio que denominamos High-Tech. Su nombre ya lo dice todo, deriva de la utilización obsesiva de elementos tecnológicos, que muchas veces quedarán en las formas constructivas cara vista. Así, los conductos de ventilación o agua, las escaleras mecánicas, las grúas para limpieza de cristales, las armaduras metálicas, etc, se evidencian hasta convertirse en el elemento más significativo de la construcción. El laminado externo de las estructuras metálicas, y el cierre de muros por medio de cristal reflectante, potencia la rotundidad de líneas al exterior y completa ese aspecto brillante y agresivo tan característico de la alta tecnología. Podríamos decir por tanto que High-Tech aúna el viejo criterio racionalista y el aprovechamiento funcional, aunque con una estética, sobre todo de cara al exterior, mucho más atrevida e innovadora, arriesgada incluso en ocasiones, que es lo que le queda de la imaginativa postmoderna

La arquitectura High-tech, tuvo su primer ejemplar ampliamente conocido en el Centro Pompidou de París (1977), realizado por Renzo Piano y Richard Rogers. A partir de aquí se sucederían muchos otros ejemplos de los que van surgiendo sus maestros más conocidos, como Jean Nouvel, Leoh Ming Pei, o el más popular de todos ellos, el británico Norman Foster.

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Norman Foster, Premio Pritzker de arquitectura 1999, y uno de los arquitectos estrella en la actualidad, cuenta con un número interminable de proyectos y construcciones. Entre las más sobresalientes destacaríamos el Banco Nacional de Hong-Kong, la nueva cúpula del Reichstag de Berlín, el London City Hall y el Millenium Bridge, ambos en Londres. También en la misma ciudad levanta una de sus obras más afortunadas, la conocida como Torre Swiss Re, en atención a la firma de seguros suiza titular del edificio, la Swiss Reinsurance Company, aunque en realidad responde al nombre de 30 St. Mary Axe Building. En todos estos proyectos Norman Foster sigue la estela de un estilo dominado por el protagonismo tecnológico y por la desnudez de las estructuras internas del edificio, conservando por tanto los principios básicos de la arquitectura High-Tech.

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EL PORQUÉ DE SU BELLEZA 

Y así ocurre también con la Swiss Re de Londres, aunque en este caso, su atrevimiento formal ha dado en la diana de la originalidad y de la plástica más atractiva, dando origen a uno de los edificios más emblemáticos de la arquitectura actual. De su vinculación al High-Tech, la Swiss Re conserva muchos atributos, por ejemplo toda la estructura de la fachada exterior, que está formado por paneles de triple espesor, vidrio doble al exterior y laminado hacia el interior, para mejor aprovechamiento de la luz; así mismo en todo este armazón se aplican 5.500 paneles digitales planos que permiten abrir las ventanas automáticamente para así ampliar el sistema de aire acondicionado con una ventilación natural que ahorra casi un 50 % de energía. Igualmente, los mismos sistemas permiten un aprovechamiento integral de la luz natural.

Pero con ser todos estos aspectos de suma importancia, la verdad es que si hemos traído a esta sección este edificio es porque consigue como pocos elevar la arquitectura al arte de lo espectacular, logrando ese difícil objetivo de equilibrar lo original con la belleza. La torre Swiss Re es una obra radical en todos los sentidos pero sobre todo desde el punto de vista estético. Primero por su forma, un enorme pepino de 180 metros de altura, enclavado en el corazón del centro de Londres y a escasos pasos de la Catedral de San Pablo. Segundo por su innovación, porque tratándose de un rascacielos dedicado a oficinas, no se parece en nada a los skylines tradicionales, al revés, es completamente distinto, hasta el punto de no parecerlo. Y por último por su innegable belleza: para empezar el plano del edificio se estructura en espiral, lo que crea un juego precioso de líneas curvas que se enroscan en la torre alternando la tonalidad de los cristales. Efecto que por la noche con su luz propia aún resulta más fascinante. Pero además, su monumentalidad, sus proporciones, su armonía constructiva, su equilibrio cromático (de día y de noche), su juego de brillos y luces naturales, y su indudable espectacularidad lo convierten en un monumento de los que marcan una época y acuñan una seña de identidad al espacio que les rodea. En este caso a la ciudad de Londres, que cuenta ya con su propio icono del S. XXI.


 

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