| Tamara de Lempicka: "Joven durmiendo" |
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| Jueves, 23 de Octubre de 2008 20:20 |
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JOVEN DURMIENDO. Tamara de Lempicka. _______________________________________________
____________________________________________________________________________________ 1935. Col. Particular. _____________________________________________________________________________________ En una Historia de ____________________ Y es que nunca se dejó seducir por las modas o las tendencias predominantes del momento. El suyo es por tanto un estilo muy peculiar, que apenas variará con el tiempo, lo que da a su obra un sello inconfundible. Es una pintura de hombres y mujeres elegantes y sofisticados, como los ambientes que ella misma prodigaba, pero a los que les añade siempre un plus de sensualidad y elegancia, que atraen irremediablemente nuestra mirada. Tal vez sean sus imágenes soñadoras, tal vez su erotismo insinuante, o en realidad la propia belleza de sus rostros y sus cuerpos, siempre a caballo entre la deleitación y el misterio, pero es un hecho que ejercen un magnetismo poderoso y atractivo. _______________________________________________________________ EL PORQUÉ DE SU BELLEZA Cómo consigue este efecto es lo que nos interesa descubrir. En primer lugar es evidente una clara influencia del art decó, cuyas secuelas perviven todavía desde principios de siglo, y que otorgan a su obra el toque distinguido y refinado que las caracteriza. Hay también, aunque muy mitigado, un cierto influjo cubista, casi imposible de evitar en aquellos años y que se advierte en el modelado de las figuras, de contornos aristados, volúmenes rotundos y formas un tanto artificiosas, que resultan por ello aún más misteriosas y sugerentes. Y hay como hemos dicho al principio, un amplio marco de influencias figurativas que irían desde el Quattrocento de Boticelli, al decadentismo del S. XIX, pasando por el Renacimiento pleno, con una deuda muy significada hacia la obra de Ingres y su concepción del erotismo en el arte, y otra no menos influyente de la pintura manierista en general y de autores destacados por su especial elegancia como Broncino o El Parmigianino. Todas ellas, aunque muy diferentes entre sí, con el componente común de una representación idealizada de formas inaprensibles y cuerpos etéreos, que parecen ensoñados e inalcanzables en el mundo real. Miremos si no, a esta bella “Durmiente”. Una perfecta conjunción de realidad y ensoñación. Real por la figuración delicada y la expresión serena y complaciente. Pero por otro lado esta durmiente se evade ya de la realidad, presa de su propio sueño que nos alcanza, porque hay algo irreal en su retrato: la luz contrastada y brillante, o los colores encendidos por luminosos, aspectos éstos que entroncan como ya hemos dicho la pintura de Lempicka con la esencia manierista; sus anatomías de taracea, de formas geométricas y aristadas; su cabello de plata, resuelto como si de virutas de madera se tratara, y sobre todo su belleza, esa belleza extraña por inalcanzable tal vez, envuelta en un aura blanquecina, irreal también por su intensidad etérea. Preciosa sin duda esta durmiente, que nos invita a soñar con ella. Otros artículos de esta sección...
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Comentarios
Les dejo este enlace. Un muy buen artículo el de ustedes
http://resistenciarealista.blogspot.com/2011/12/pintora-genial-y-chica-muy-mala-2.html
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