Templo de Poseidón PDF Imprimir E-mail
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TEMPLO DE POSEIDÓN.

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S. V a.c.

Cabo Sunion (Ática). Grecia.

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El templo de Poseidón sobre el cabo Sunión es una construcción de orden dórico construida en la primera mitad del S. V a.c. Responde por tanto a las características normativas que van afianzando el Clasicismo pleno de la arquitectura griega. No conocemos a su autor, aunque sí puede afirmarse que sería el mismo arquitecto que trabaja en el Hephaistheion o Templo de Hefaistos en Atenas, un hombre del círculo de Ictino, y que por ello mismo responde a criterios constructivos muy similares.

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Se trataría por tanto de un templo hexástilo, períptero de orden dórico, con un canon particularmente alto en la medida de las columnas, que además son más delgadas de lo habitual, lo que otorga al templo una esbeltez poco habitual en la época que se construye y en el conjunto del orden dórico. El templo está dedicado a Poseidón el dios del mar, en un lugar ideal para esa devoción, pues se alza sobre un promontorio de sesenta metros sobre el mar en el cabo Sunión. Un lugar que permitía el control de las rutas marinas del Ática próximas a Atenas, y cuya vista realmente espectacular parece reclamar la llamada del dios, que interfiere en ese paisaje maravilloso de mar abierto y proceloso.

En la actualidad el Templo de Poseidón se halla en ruinas. En realidad sólo se conservan el crepidoma y algunas columnas perimetrales. Pero es uno de esos casos en que no importa su estado, porque toda la magia del arte griego, condensada en la ruina clásica, alcanza aquí su mayor grado de plenitud y belleza.

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EL PORQUÉ DE SU BELLEZA 

Lo acabamos de decidir. Es la propia ruina la que en este caso le otorga al templo un hechizo especial y permite que hablemos de uno de los restos más hermosos de la arquitectura griega. Es evidente que la propia edilicia del periodo clásico asume unos contenidos de belleza que se relacionan directamente con la elegancia de las proporciones y el orden que transmite su simetría constructiva. Por tanto, toda la construcción clásica participa de ese ideal de belleza del arte griego basado en la armonía y la proporción que caracteriza prácticamente a todos sus templos.

También al de Poseidón en Cabo Sunión, pero en este caso debe añadirse a todo ello el encanto de la ruina. Entre otras cosas porque es difícil desentrañar su valor constructivo en su estado de conservación. Pero no sólo por eso. La ruina en primer lugar es un misterio, un misterio que nos hace caminar entre lo que queda y lo que se ha perdido, lo cual irremediablemente nos invita a soñar y a liberar la imaginación. La ruina también proclama la certeza del paso del tiempo, que nos hace reflexionar sobre la antigüedad del templo y la distancia de los siglos que nos separan de él, lo que nos sorprende más y nos admira. La ruina es la imagen de la destrucción que provoca ese devenir del tiempo. Y por ello, la ruina son sobre todo fragmentos rotos de nostalgia en medio de nuestra memoria colectiva, que invitan a la melancolía y la evocación.

Por eso en lo alto del Cabo Sunión, sobre el mar de luz intensa, la mirada errante entre las columnas del templo de Poseidón y los pasos sobre sus ruinas, nos alcanza un estado de sublimación en el que comprendemos la grandeza del arte: su magia, su misterio, su belleza.