Afrodita y Pan PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

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En el museo Arqueológico de Atenas se encuentra una escultura helenística, del S. I a.c, de una curiosa iconografía. Procedente de la isla de Delos, la pieza se inscribe en el grupo de los Neoáticos, autores y obras, que como la Venus de Milo, imitan los modelos del Clasicismo pleno.

La protagonista es Afrodita que porta en su mano derecha una sandalia. Con  ella parece amenazar a Pan, un fauno, dios de los bosques y los rebaños de pastores, pero sobre todo de la sexualidad masculina desenfrenada, por lo que se dedicaba a perseguir en los bosques a ninfas, diosas o muchachos con los que saciar su inagotable apetito sexual. De ahí también su iconografía, representado con patas de macho cabrío (al fin y al cabo, símbolo de la fertilidad en la Arcadia) y torso humano, y en la cabeza cuernos y barba.

Entre ambos personajes aparece un tercero, Eros, el dios del amor que parece revolotear entre los dos jugueteando con la ornamenta de Pan.

La obra se inscribe en ese tono desenfadado que adquiere la escultura y el arte en general, de época helenística, en el que los temas mundanos adquieren un protagonismo que antes no tenían. De la misma forma la mitología se observa bajo un prisma menos idealizado y en ocasiones puede adquirir un tono de ironía, como es el caso. Sin olvidar que el gusto por la sensualidad y el erotismo también adquiere ahora un mayor interés.

El resultado de todo ello adquiere carta de naturalezas en esta escultura, que muy lejos del ethos clásico afronta un tema mitológico en tono de sátira, riéndose de la idealización de los trasuntos amorosos y de las ocurrencias de la mitología. Afrodita, burlona, se apresta a zurrar al fauno con una vieja sandalia, ofendida de que la lascivia de este se haya atrevido con la mismísima diosa de la belleza. Aunque lo cierto es que más parece que estén bromeando los dos que tomándose en serio la disputa. No parece muy solemne una suela desvencijada como arma en manos de Afrodita, y aún menos su actitud sonriente de enfrentarse a Pan, a no ser que estemos frente a una parodia de los mitos. Entre ambos y para completar el sarcasmo, Eros, asiéndose de los cuernos de Pan y mirándolo con sorna, parece reírse de sí mismo y de su simbología del Amor platónico, al hallarse en medio de una escena de lujuria, por más que no sea más que un fiasco.

Desde el punto de vista formal, la pieza también responde al exquisito tratamiento de la talla que se le da a la escultura helenística. Empezando por la sutileza en el pulido del mármol y en el acabado de los detalles, pero también por la complejidad compositiva del grupo. Ambas figuras protagonistas muestran un cuidado contraposto, sutil en el caso de Afrodita y más exagerado en el de Pan, pero ambos complementarios, porque juntos le dan equilibrio al conjunto. También le otorga su riqueza visual,  pues es uno de los recursos para multiplicar los múltiples puntos de visión de la escultura. Lo que a su vez enriquece su diversidad expresiva, al lograr un perfecta interrelación gestual de cada personaje con los otros dos y de los tres en su conjunto.

El juego de contarios también contribuye a resaltar todo su simbolismo expresivo, quedando bien patente en el tratamiento de Pan y Afrodita: si aquel musculoso y de talla robusta y rugosa, Afrodita, delicada en los detalles y de pulido exquisito. La diosa, por otra parte, resulta muy similar a la Afrodita de Cnido, en su gesto y en su tratamiento escultórico, lo que hace bueno el carácter neoático de la pieza.

Esta Afrodita y Pan es otra forma de afrontar la mitología clásica desde la visión desenfadada que caracteriza a todo el arte helenístico, y que en esta pieza alcanza una belleza y perfección, sólo equiparable al ingenio de su iconografía.

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