| Apolo y Dafne |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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"El primer amor de Febo fue Dafne, la hija del Peneo, y no fue producto del ciego azar, sino de la violenta cólera de Cupido.(...) y batiendo las alas se abrió camino por los aires y fue raudo a detenerse en la sombreada cima del Parnaso, donde sacó de su aljaba portadora de flechas dos dardos de diferente efecto; el uno hace huir al amor, el otro lo produce. El que lo produce es de oro, y resplandece su afilada punta; el que lo hace huir es romo y tiene la caña guarnecida de plomo. Este fue el que clavó el dios en la ninfa del Peneo, mientras que con el otro hirió hasta la médula de Apolo después de atravesarle los huesos. En el acto queda el uno enamorado; huye la otra hasta del nombre del amor.(...) Febo está enamorado, ha visto a Dafne y ansía unirse a ella;(...). Advierte que sus cabellos le caen por el cuello sin aliño y se dice: "¿Y si se los peinara?". Ve sus ojos que resplandecen como ascuas y semejantes a estrellas, ve su boca, que no basta con ver; se extasía con sus dedos y manos, con sus brazos y con sus antebrazos desnudos en más de la mitad; y las partes ocultas las supone mejores aún. Pero ella huye más veloz que la brisa ligera, y no se detiene a estas palabras con que él la llama: "Ninfa, por favor, Peneide, deténte; no soy un enemigo que te persigo; detente, ninfa"(...) Aún iba a seguir hablando cuando OVIDIO: Metamorfosis. I, 455-565. CSIC. Madrid 1988, págs 25-30.
Aclaración: Febo es una forma latina del griego Phoibos (Φοίβος), apodo usado en la mitología clásica para nombrar al dios Apolo. Otros artículos de esta sección...
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