Apolo PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

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Apolo es hijo de Zeus y de Leto, y hermano de Ártemis. No fue fácil el parto de Apolo, sobre todo porque Hera, celosa de los devaneos de Zeus con Leto, amenazó con destruir cualquier lugar donde a Leto se le ocurriera parir. Por eso Leto fue a parar a Delos, una isla pobre y árida donde pensó que Hera no la encontraría nunca. Entre tanto, Hera se preocupó de distraer a Ilitia, la diosa del parto (hija suya por cierto), lo que prolongó los dolores de Leto durante nueve días insufribles. Finalmente Ilitia comprendió lo que ocurría y ayudó a nacer al hijo de Leto, mientras ésta se agarraba desesperada a una palmera. De ahí que el árbol se convirtiera en el primer símbolo del dios Apolo, famoso desde su nacimiento por su apostura y belleza. Junto a él nacería su hermana gemela Ártemis.

Apolo asume un papel civilizador y de una gran importancia ética, ofreciéndole al género humano los valores de la mesura, la serenidad y la razón, resumido todo ello en la divisa “conócete a ti mismo”. Lo apolíneo pues no sólo es sinónimo de su belleza, sino también de la responsabilidad y del buen juicio.

Apolo es además protector de las artes y sobre todo de las artes musicales, por lo que uno de sus atributos iconográficos es la lira. En uno de los episodios de su teogonía se cuenta su enfrentamiento con el sátiro Marsias por su rivalidad en el arte de la música, que el dios ganó con creces castigando al sátiro por su osadía con una muerte terrible.

Apolo se relaciona asimismo con su talento para la profecía, lo que explica que fuera el titular del santuario de Delfos donde se localizó el oráculo más importante de Grecia. También por ello se concretan otros de sus atributos iconográficos, como el trípode y el ombligo: el trípode donde se asentaba la Pitia que hacía los oráculos y el ombligo, la piedra sagrada que simbolizaba la situación de Delfos en el centro del mundo.

Apolo también es protector de la medicina y por ello y por el conocimiento que tenía de sus secretos formó en esta ciencia a su hijo Asclepio (Esculapio para los romanos), que se convertiría en el dios de la medicina.

También era diestro como nadie en el manejo del arco, lo mismo que su hermana Ártemis, lo que añade otro símbolo a su iconografía, el arco.

A todos los atributos ya mencionados habría que añadir también el laurel. Relacionado en este caso con su famosa relación amorosa con Dafne, una ninfa, hija del río Peneo. Apolo, atraído por su belleza trataba de conquistarla desesperadamente, a lo que se oponía la ninfa, que aterrorizada pidió ayuda a su padre, que la convirtió en un árbol que tomó su nombre (dáfni en griego significa laurel). Perdida su amada para siempre, Apolo convirtió al laurel en planta sagrada y sus hojas en el premio otorgado a los triunfadores en los concursos de música que se hacían en su honor.

En la Historia del arte, Apolo se representa habitualmente como un joven en plenitud de belleza, pero también reflejo de sus valores relacionados con el equilibrio, la mesura y la razón. Es por ello que suele contraponerse a la imagen de Dionisio, símbolo en este caso del desvarío y los excesos.

La imagen de Apolo en la Grecia clásica evoluciona desde los primeros Kurós, que resaltan en su simetría y rigidez, su equilibrio emocional y su perfección, a la imagen del Apolo del frontón del templo de Zeus en Olimpia, hasta las esculturas más estilizadas y realistas realizadas en el Clasicismo tardío, como el Apolo Sauróctonos de Praxiteles, o el Apolo de Belvedere (en la imagen) de Leócares. En el Renacimiento aparece pintado por Rafael rodeado de las Musas en la estancia de la Signatura. Sin olvidar desde luego, una de sus representaciones más afortunadas cuando Bernini esculpe como nadie su persecución infortunada de la bella Dafne. En cualquier caso las representaciones de Apolo en todas las etapas de la Historia del arte son numerosísimas.

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