| Dionisio |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Dionisio
Dionisio (o Dyonisos; Baco en Roma) es considerado popularmente como Dios del vino, pero en realidad a Dionisio habría que considerarlo como el antagonista de Apolo, y así si aquél representa los valores de la mesura, la serenidad y la razón, Dionisio va a serlo de lo contrario, es decir, representa el exceso y la ebriedad, la exaltación, la fuerza y la inversión de los valores, que en ocasiones el hombre también necesita experimentar para su mejor equilibrio psíquico. De ahí que los griegos entendieran como una necesidad de su vida cotidiana la perfecta combinación de lo apolíneo y lo dionisiaco, pues igual de importante resulta en la vida la imposición de la razón y la responsabilidad personal, que la osadía, el desenfreno y la incontinencia de la fiesta. Dionisio, como Apolo, nace de los devaneos de Zeus, en este caso con una mortal, Sémele, a la que visitaba en la oscuridad para que no descubriera su condición divina. Y lo mismo que tantas veces, serán los celos de Hera los que intervengan en los acontecimientos, pues sabedora de la relación, se hará amiga de Sémele hasta convencerla de que presione a su amante para que le descubra su verdadera identidad. La joven siguió sus consejos y cuando Zeus terminó por manifestarse, el brillo de sus rayos acabó con Séleme, que ya estaba embarazada de Dionisio. Así que Zeus recogió enseguida el niño no nacido aún de su amada y lo crió él mismo en su muslo hasta su nacimiento, que se produjo finalmente en el Monte Pramnos, en la isla de Icaria. Temeroso todavía de la ira de Hera, Zeus trató de esconder al niño y alejarlo de él. Hay varias versiones al respecto, pero la más popular considera que se lo confió a Hermes, mensajero de los dioses, y que sería él quien lo llevaría a la mansión de las ninfas de la lluvia de Nisa, que lo educarían entre ellas para que pareciera una niña. En recompensa Zeus las elevaría entre las estrellas como la constelación de las Híades. De su fervor por el vino también hay varias versiones, pero algunos señalan su origen en el viaje que de bebé hiciera con Hermes hacia la mansión de las ninfas, cuando sediento, el dios le ofrece para calmarla un racimo de uvas, que sería desde ese momento su fruta predilecta. De ahí al descubrimiento del vino no hubo más que un paso, lo que acarrearía su advocación y su iconografía más conocida. En realidad el vino tenía un valor sagrado desde tiempos remotos debido a su influencia en el ánimo del hombre. Además por su color se relacionaba con la sangre, la sangre de Dionisio precisamente, por lo que al dios se le relaciona con todo tipo de motivos iconográficos relacionados con esta bebida:copas, vides, pámpanos de vid, vendimia, etc. Unido al culto al vino se relaciona de inmediato la embriaguez y la fiesta, que derivaban en el frenesí del baile y el canto que convertían las celebraciones dionisiacas en el mejor antídoto a la rutina y las obligaciones terrenales. A su vez, una derivación de estas celebraciones dionisiacas en las que cada cual llevado de su embriaguez se convertía en otro, como si fuera una máscara de sí mismo, será la aparición del teatro, del que Dionisio es su patrón y fundador, siendo además una forma de celebración en honor del dios. Los atributos iconográficos de Dionisio son varios. El primero lógicamente la vid de la que se produce el vino, también el tirso o cayado forrado de vid, que se relacionaría con un símbolo fálico, así como la piel de pantera que es el animal sagrado del dios. Suele ir acompañado de sátiros y ménades: los unos, mitad hombres y machos cabríos de cintura para abajo, se relacionan con el apetito sexual, parte muy importante del frenesí báquico. Las ménades eran las bailarinas que danzaban en las orgías o fiestas dionisicas poseídas por el delirio y la excitación. En cuanto a las representaciones de Dioniso en la historia del arte son numerosísimas y en todas las épocas y estilos. A veces se le representa en su viaje inicial junto a Hermes, como ocurre en la famosa escultura de Praxiteles del Museo de Olimpia; se le representa sentado en el frontón oriental del Partenón (hoy en el Museo Británico); con un sátiro y una pantera se esculpe el Dionisio Ludovisi; ebrio y coronado de pámpanos lo representa Miguel Ángel; son numerosos los autorretratos de Caravaggio como Baco; Baco es también el personaje central del cuadro de "El triunfo de Baco" o Los borrachos de Velázquez; obeso y ejemplo de todos los excesos nos lo reproduce Rubens; Sebastiano Ricci lo representa junto a Ariadna, con la que se casará cuando la abandone Teseo; y así podríamos seguir en un largísimo etcétera.
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