Duda de Santo Tomás PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Silos0

“Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.

Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. El les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.

Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

Entonces Tomás respondió y le dijo: !!Señor mío, y Dios mío!

Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron”.

Evangelio de San Juan.

 

La figura de Santo Tomás es conocida precisamente por su incredulidad más que por ninguna otra cosa, de ahí que también su representación habitual sea con esa iconografía. En el texto curiosamente, Tomás es llamado “el Dídimo”, que en griego quiere decir “mellizo”, aunque no se aclara por qué, lo que ha dado lugar a ciertas hipótesis, incluyendo una que lo hace hermano gemelo de Jesús; por eso en ocasiones se representa a Tomás con los rasgos de Cristo.

Entre las representaciones de su incredulidad, muy numerosas, destacan especialmente dos, por su difusión universal, consecuencia sobre todo de su cruda expresividad: el relieve de la “Duda de Santo Tomas” en uno de los pilares del claustro del Monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos) del S. XII, y el cuadro de la “Incredulidad de Santo Tomás”, pintado por Caravaggio en 1602 y que se encuentra actualmente en el Neues Palais de Postdam.

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