El rapto de las sabinas PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   
Viernes, 15 de Julio de 2011 11:35

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El episodio del rapto de las sabinas es uno de los más conocidos de la Historia antigua de Roma y basa su relato en las narraciones transmitidas a través de la Historia de Roma de Tito Livio, y en La vida de Rómulo de Plutarco.

A pesar de ello, no deja de ser un tema mitológico basado en la leyenda, según la cual, debido a la escasez de mujeres que padecía Roma, a Rómulo, fundador de la ciudad y primero de sus reyes legendarios, no se le ocurrió mejor idea que organizar unos juegos en honor de Neptuno a los que invitó a los pueblos vecinos. De todos ellos fueron los sabinos los que acudieron en mayor número, incluyendo en la cita a sus mujeres e hijos. Comenzadas las pruebas, los romanos empezaron a raptar a las mujeres al tiempo que expulsaban a los hombres, con lo que consiguieron las hembras que necesitaban. De inmediato se casaron con ellas y tuvieron descendencia.

La respuesta de los sabinos, ultrajados tan humillantemente no se hizo esperar, y sólo unos años después, invadieron Roma y atacaron a los romanos, gracias en parte a la traición de una romana, Tarpeya, que a cambio de sus brazaletes y joyas les abrió las murallas del Capitolio. Los sabinos, lejos de compensarla la mataron sin piedad.

Pero curiosamente, cuando el enfrentamiento era ya inevitable entre ambos pueblos, fueron las propias sabinas las que se interpusieron entre ambos ejércitos, argumentando a unos y otros que dejaran de matarse porque de todas formas ellas serían las perdedoras, pues si ganaban los romanos, perdían a sus padres y hermanos, y si ganaban los sabinos, perdían a sus maridos e hijos. LA reconciliación se hizo así posible entre ambos pueblos.

Tal vez el ejemplo más conocido en el que se trata este tema sea el cuadro de J.L. David titulado precisamente El rapto de las sabinas (Louvre 1799).

En él David no reproduce el momento en el que los romanos raptan las mujeres, sino el segundo capítulo de la historia, cuando las sabinas interceden entre ambos pueblos para que dejen de matarse. Así lo vemos en una composición confusa aparentemente, pero que en realidad responde a la simetría estructural y el orden estricto de las obras neoclásicas. A la izquierda en primer plano aparece Tacio, que lidera a los sabinos; enfrente, Rómulo, al que se distingue por la loba representada en su escudo, se apresta al combate en actitud paralela al anterior; entre medio, las sabinas y sus niños se interponen, algunas dramáticamente, como la mujer que se agarra pesarosa a la pierna de Tacio o la anciana que se rasga las vestiduras a su lado. En medio de todas y asumiendo todo el protagonismo de la escena y del cuadro, Hersilia, la esposa de Rómulo, separa a los combatientes de forma decidida y vehemente, diciendo, según relata Plutarco: “Os suplicamos que nos devolváis, de entre vosotros, a nuestros padres y hermanos, sin privarnos, de entre los romanos, de nuestros maridos y nuestros hijos”. Su postura y su disposición pictórica marcan el eje central de la composición y resalta el sentido simétrico de toda la estructura del cuadro, lo que refuerza su protagonismo iconográfico.

En segundo plano y mientras se nos muestra el fragor de la batalla comenzada, de la que sobresalen un enjambre de picas en alto, oficiales a acaballo alentando a las tropas y cadáveres sobre el suelo, de nuevo es una mujer la que se alza, en este caso con el hijo en brazos, repitiendo el gesto de primer plano, al ser ella la que con su dramática actitud detiene y separa a los soldados.

Como en tantos otros cuadros neoclásicos, David ha encontrado en un tema legendario de la Antigüedad clásica su inspiración, aunque en este caso parece que el cuadro tiene también una lectura personal, y relacionada con el contexto del momento. David está en esos momentos en la cárcel, arrestado por el Directorio debido a sus actividades revolucionarias, cuando al parecer después de una visita de su mujer, concibe la realización de este enorme cuadro como una forma de homenaje al amor que sentía por ella, exaltando el papel histórico que asumen las mujeres en este episodio. Por otra parte, el tema es también un llamamiento a la reconciliación y la paz después de los años sangrientos del proceso revolucionario.

En cualquier caso, un cuadro imponente y magnífico.