| El sueño de Endimión |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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El sueño de Endimión.
El sueño de Endimión es un mito relacionado con la divinidad de la luna, a la que los griegos denominaban Selene, hermana de Helios (el Sol) y de Eos ( Hijo de Etlio y Cálice, Endimión condujo a los eolios de Tesalia a Elide, convirtiéndose en su rey, aunque sería destronado. Fue entonces cuando se refugió en el monte Lamos. Desde allí admiraba embelesado la luz de la luna, atrapado por su atracción irresistible, hasta quedar profundamente dormido. Una noche Selene bajó hasta la cueva del pastor y viéndolo a la puerta durmiendo desnudo se enamoró también ella de él. Desde ese momento todas las noches bajaba a su lado y se recostaba junto a él sin despertarlo. Así transcurrió el tiempo hasta que una noche Endimión se despertó acariciado por un rayo de la luna y ambos confesaron su mutuo amor. Por ello y porque ninguno de los dos quería romper aquel hechizo, Endimión le pidió a Selene que le hiciera divino como ella, para que así su amor pudiera ser eterno. A lo cual accedió Zeus, aunque a cambio de sumirle en un profundo sueño, también eterno, desde el cual nunca envejecería y podría seguir amando a Selene para siempre. Con el tiempo, la iconografía de Selene se fue asociando a la de Artemisa, hermana gemela de Apolo. Originalmente Artemsia era una divinidad de la naturaleza, en particular de los animales salvajes, pero se fue convirtiendo también en una diosa de la fecundidad, protectora de las embarazadas porque incluso se cuenta que llegó a ayudar a su madre en el parto de su gemelo. Posteriormente, lo mismo que Apolo terminó asociándose al culto solar, Artemisa lo hizo al de la luna, estableciéndose así una coincidencia entre Artemisa y Selene. Como tal, Artemisa terminaría adoptando los atributos característicos de pureza y castidad que se vinculaban a aquella. Los mismos, por cierto, que adoptará De las obras artísticas que representan el mito de Endimión ninguna tan famosa como el cuadro del mismo título del pintor neoclásico francés A.L. Girodet (1767-1824), discípulo de David. Se representa a un Endimión somnoliento sobre el que impacta en su cuerpo un rayo de luna, mientras Cupido asiste al momento esparciendo su veneno del amor. El cuadro por tanto responde a la iconografía del mito que acabamos de explicar y lo representa con toda la nitidez y claridad características del estilo Neoclásico. De hecho la obra conserva el estilo lineal y la idealización del cuerpo, propios de David, así como la claridad de un trazo cristalino. Sin embargo se observan también otros aspectos formales que le otorgan a la obra un carácter diferente, que se aleja de los principios de David, hasta alcanzar un distintivo que algunos consideran prerromántico. Así, en primer lugar los efectismos lumínicos, prioritarios en esta obra en atención a su iconografía, pero cuyos violentos contrastes resultan ajenos a la armonía y diafanidad neoclásicas. Asimismo la composición, de líneas divergentes entre los cuerpos de Cupido y Endimión, y las diagonales que marcan el rayo de luz y la interrelación psicológica de los personajes, rompe en gran medida la el equilibrio compositivo proclamado por el Neoclasicismo. No falta además un carácter de atrevida sensualidad en la figura de Endimión, que raya en la provocación, sobre todo si tenemos en cuenta su androginia y la postura indolente de connotaciones eróticas. Aspectos todos ellos que están anunciando los cambios inminentes en la pintura del nuevo siglo XIX.
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