Iconografías de la Semana Santa IV PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

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P.P. Rubens: "El entierro de Cristo". Paul Getty Museum. Los Ángeles. 1612.

La tarde del viernes santo se produce el descendimiento de Jesús de la cruz y el llanto por Cristo muerto. Desprendido de la cruz, a Jesús se le coloca en la sábana que hará las veces de sudario (la sábana santa), y que lleva hasta los pies de la cruz José de Arimatea, tío de la Virgen y dueño del sepulcro donde se enterrará a Jesús. Sólo quedan ya en el lugar los más allegados a Cristo, y que suelen ser los personajes que ocupan el espacio iconográfico de este episodio. San Juan Evangelista, José de Arimatea y Nicodemo, un rico fariseo, miembro del Sanedrín y fervoroso seguidor de Cristo. También se hallan la Virgen, la Magdalena, y las otras dos Marías, normalmente identificadas con María de Betania (hermana de Lázaro), y María Salomé (madre de los apóstoles Juan y Santiago el Mayor). En ocasiones se representa únicamente a los dos personajes centrales que monopolizan el dolor por la muerte de Cristo, la Virgen y San Juan.

En el cuadro de Rubens se advierte en primer lugar un estilo mucho más sobrio y sereno de lo que es habitual en él. También el cuerpo está tratado con un modelado clásico y una posición inerte pero de gran elegancia, alejada de la agitación característica del pleno barroco que Rubens personifica. Eso sí, algunos gestos de cierta teatralidad como el de la Virgen, pálida de dolor e implorando al cielo; el detalle morboso de la sangre manando abundante de la herida; así como la fuerza de la luz y del color, nos recuerdan la potencia expresiva del Barroco.

En concreto, la luz, resulta un recurso fundamental, estallando sobre el cuerpo de Cristo con toda su carga simbólica. El color también adquiere un valor añadido, perfectamente equilibrado por los tonos rojo de San Juan y azul de la Virgen, cálido uno y frío el de la Virgen, que por su distribución en primer y segundo plano respectivamente contribuyen además a remarcar la perspectiva. Como un símbolo complementario a la iconografía, las espigas de trigo sobre las que se asienta el cuerpo de Cristo aluden al pan de la Eucaristía cristiana.

Es probable que este giro estilístico que se advierte en esta obra de Rubens se relacione con el tema que trata, cuya solemnidad requiriese un tratamiento pictórico más clásico, sosegado y estable.