Inmaculada Concepción: Iconografía PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

En la mitología cristiana la figura de la Inmaculada Concepción de María es uno de los más populares, especialmente en los países católicos. Cuando nos referimos a este episodio iconográfico no se está representando la imagen de María como madre virgen de Cristo, al que concibe sin intervención de varón, sino a su propia concepción, en la que queda libre del pecado original, al contrario que cualquier otro ser humano.

Dicha concepción se enmarca en otro hecho milagroso del que son protagonistas sus padres, Santa Ana y San Joaquín. Pasados veinte años de matrimonio la pareja no tenía hijos, lo que era considerado una maldición divina por no contribuir a incrementar el “pueblo elegido”. De ahí las ofrendas de Joaquín al Templo de Jerusalén y su decisión de ayuno y penitencia durante cuarenta días. Pero sus pláticas fueron oídas y de vuelta a la ciudad de Jerusalén se encuentra de nuevo con Santa Ana bajo la Puerta Áurea de la ciudad, tras lo cual conciben a María bajo el amparo de Dios. Es así como la que sería madre de Cristo queda libre de todo pecado desde su misma gestación.

La iconografía de la imagen en la expresión artística se perfila a través de un pasaje del Apocalipsis de San Juan que describe a una “mujer vestida de sol, con la luna debajo de sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas”. Y aunque a veces se entendió que el texto se refería a la Iglesia, quedó también como un representación de la Inmaculada que empezó a difundirse durante el Renacimiento.

No obstante, el hecho de que los protestantes no acepten esta doctrina, la convirtió en uno de los referentes más populares del catolicismo postridentino, que acuñó la imagen como una de sus señas de identidad.

Desde entonces la iconografía se completó con otra serie de atributos. Así, los elementos que las Letanías repetían: sol, luna, estrella, puerta del cielo, lirio entre espinas, espejo sin mancha, huerto cerrado... símbolos todos ellos de su pureza virginal. Sin olvidar que a veces aparece la tierra y la serpiente, símbolos del pecado original que la virgen no padeció. Además el sol, la luna y las estrellas eran símbolos del saber, lo que venía a explicar que la concepción inmaculada de María lo fue con plena sabiduría. La iconografía se completa en ocasiones con querubines que portan los atributos marianos: las azucenas como símbolo de pureza, las rosas de amor, la rama de olivo como símbolo de paz y la palma representando el martirio.

En algunos tratados, como en el “Arte de la pintura” de Francisco Pacheco (1649), se añade también que la Virgen debe de representarse “en la flor de su edad, de doce a trece años, hermosísima niña…nariz y boca perfectísima y rosadas mejillas, los bellísimos cabellos tendidos, de color de oro”.

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F. Zurbarán: Inmaculada Concepción. Museo del Prado. 1630.