| Judith y Holofernes |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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JUDITH Y HOLOFERNES.
La figura de Judith es una figura emblemática para el pueblo de Israel, que hace de ella leyenda y modelo político y social, sobre todo porque es el símbolo de Israel en el exilio. Es en esa personificación en la que hay que encajar el relato no histórico, sino ejemplar, de su enfrentamiento con Holofernes. El episodio comienza con el asedio del ejército asirio de la ciudad de Betulia, cuya población estaba ya a punto de rendirse al enemigo. Pero entonces aparece la figura de Judith como salvadora. Se trataba de una viuda rica y hermosa, que fingiendo que había abandonado a su pueblo se acercó al campamento asirio y comenzó a seducir a Holofernes que acabaría enamorándose de la bella mujer. Así las cosas el general, seguro de su victoria, organizó un gran banquete al que por supuesto invitó a Judith, que aprovechando la ebriedad de su pareja y sus deseo de intimidad, le cortó la cabeza. Su criada la guardó en un costal, y a continuación salieron huyendo del campamento asirio. El ejército enemigo se vio huérfano sin su general e inició la desbandada al mismo tiempo que en la ciudad de Betulia se celebraba el éxito, exponiendo sobre los muros de la ciudad la cabeza cortada de Holofernes. Curiosamente es una de los episodios bíblicos más representados en El caso es que son famosas muchas obras relacionadas con este tema, como las pintadas por Artemisia Gentileschi, el mismo Caravaggio, Mantenga, Boticelli (que desarrolla la escena en dos tablas: “El regreso de Judith a Betulia” y “Holofernes encontrado muerto”, ambas en los Uffizi), Agostino Carracci, Luca Giordano, el propio Goya que realiza sobre el tema una de sus pinturas negras, o Giulia Lama, que pinta una escena atípica, pues no aparecen los atributos iconográficos que son más habituales y además Holofernes duerme y aparece de cuerpo entero sin que le haya cortado todavía la cabeza. No deja de ser curioso en este sentido que a pesar de la escasez de pintoras en épocas como el Barroco, sean precisamente dos mujeres las que traten este mismo tema, tal vez porque al fin y al cabo se trata del triunfo de una mujer sobre el poder de los hombres. Los atributos iconográficos más habituales de la escena son la propia cabeza cortada de Holofernes; la espada de Judith con la que lo decapita; la criada que le acompaña, cuya aparición es frecuente; algunos atributos que denotan la riqueza de la viuda Judith; y en general una tendencia, sobre todo en el barroco, a mostrar toda la crudeza macabra de la escena, con abundancia de sangre, muestras de horror en Holofernes, y una actitud entre serena y beatífica de Judith, que convencida de su sagrada misión, no parece afectada por el drama que la rodea.
Caravaggio: "Judith y Holofernes" PARA SABER MÁS ______________________
![]() Boticelli: "El regreso de Judith a Betulia"
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