La Capilla funeraria de los Condes de Buenavista PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

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En la ciudad de Málaga, y detrás de la colina de Gibralfaro, no muy lejos de la Universidad, se encuentra la ermita o Santuario de la Virgen de la Victoria.

Fue en este lugar donde los Reyes Católicos levantaron el campamento de asedio a la ciudad y posteriormente donde se levantó un monasterio en acción de gracias a la Virgen por la victoria cristiana. Ya en el S. XVII se construye el santuario como hoy lo vemos, siendo por tanto una construcción barroca.

Pero lo verdaderamente singular de este edificio se encuentra en la cripta funeraria de la planta inferior de la torre camarín que se halla adosada al altar mayor. Se trata de una capilla de carácter funerario cuya decoración y lenguaje iconográfico resultan especialmente macabros. Coincide en ella la exageración barroca y su sentido dramático, llevado en este caso al extremo de lo siniestro hasta configurar un espacio de enorme impacto visual.

La sala es un espacio cuadrado de paredes pintadas de negro de las que sobresalen todo tipo de esculturas relacionadas con el tema de la muerte. En el centro de la misma, cuatro columnas sirven de apoyo a los arcos que sostiene cuatro bóvedas de arcos rebajados. En el testero principal, en dos grandes sepulcros, se disponen sendas esculturas orantes de los Condes de Buenavista, Don José Guerrero Chavarino y su esposa Doña Antonia Coronado Zapata.

La lectura iconográfica de todo el conjunto resulta especialmente compleja por el cúmulo de símbolos, susceptibles además de varias lecturas, aunque el conjunto, especialmente tétrico por la secuencia de calaveras y esqueletos que pueblan muros y cubiertas, es una continua alusión al tema de la muerte, que para algunos autores hace referencia a las Danzas de la Muerte, de renovada actualidad en el sombrío periodo del S. XVII.

Otros elementos iconográficos que se citan serían las cuatro columnas centrales, que al parecer aluden a los cuatro elementos, aunque sin olvidar que la columna simboliza también la relación entre cielo y tierra. Después en los nichos y paredes se manifiesta la idea de la muerte unida a la futilidad de los bienes materiales, principalmente a través de esqueletos con símbolos de la finitud de la vida y los bienes terrenales; de todo tipo de calaveras y huesos; y de esqueletos ante el espejo, cuyo reflejo les devuelve su imagen coronada, en un simbolismo reiterativo de la banalidad de los bienes terrenos.

Entre medio aparece también la imagen de la parca Láquesis, como una matrona anciana que tira del hilo de las vidas humanas, en una simbolización de la duración de nuestras vidas. Hay figuras de doble rostro que reflejan el anverso de la vida, la muerte. Y hay también símbolos relacionados con la dualidad muerte-resurrección, siendo los esqueletos representación de la muerte, y otros motivos, los de la resurrección, como temas florales; la cruz, símbolo de la redención, que cubre la cartela situada entre los dos sepulcros; el oro y la pedrería que la decoran, el primero alusivo a la inmortalidad y la inteligencia divina, y la piedras preciosas relacionadas con la transmutación de las tinieblas y el pecado. También los espejos que representan diamantes son símbolos de la inmortalidad.

La presencia de un niño y de la propia pareja titular del sepulcro, aluden a la imprevisión de la muerte, que puede aparecer en cualquier momento de la vida, igual en la niñez que en la plenitud  del amor.

En el fondo de la estancia se dispone un pequeño retablo, situado simétricamente a uno y otro lado de los sepulcros de los Condes de Buenavista. Se compone de amplios doseles y urnas de paredes rectas y apoyadas en cabezas de animales, alrededor de una cartela con querubines, cuernos de la abundancia y guirnaldas de frutas.

Sobre esta base, las figuras orantes de los Condes constituyen una contraposición estética al tono fúnebre de esta sala mortuoria. Lo consiguen gracias sobre todo a su belleza formal, su talla delicada, la elegancia de los paños y una expresión amable donde se exhibe su devoción y belleza.

Por lo demás, esta cripta es un verdadero homenaje a los excesos tan habituales del Barroco, en este caso llevados al extremo de la dramatización más siniestra del tema de la muerte.


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