Saturno devorando a sus hijos PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

SATURNO DEVORANDO A SUS HIJOS.

 

Saturno es la versión romana del dios Cronos en la mitología griega. Cronos es uno de los doce titanes que nacen de la unión de Urano (el cielo) y Gea (la tierra). En un principio el papel de Urano será cubrir y así proteger a Gea, la tierra, pero al unirse a ella se convertirán en la pareja de dioses que gobernarán el mundo. Ungido de ese poder, Urano no verá con buenos ojos a sus hijos, temiendo que al crecer le arrebataran su trono. Así que Gea se verá obligada a sepultar a cada uno de los hijos que nacen en sus entrañas, aunque llevada por su instinto maternal hará uso de su astucia y engañará a su marido con el menor de sus hijos, precisamente Cronos. Armará a Cronos con una hoz, y con ella el vástago conseguirá cortarle los genitales a su padre. Del esperma de Urano, que cayó al mar, nacería Afrodita, y de las gotas de sangre caídas en la tierra, nacerían los Gigantes, además de las Erinias y las ninfas Melíades.

Así mutilado, Urano perderá el trono, que como él temía, será heredado por su hijo Cronos, que de paso liberará de las entrañas de Gea, de la tierra, al resto de sus hermanos, casándose con uno de ellos, su hermana Rea. Pero la historia se repite, y ahora es Cronos quien sufre los mismos recelos que su padre, y temeroso como él de que uno de sus hijos pudiera arrebatarle el trono, los devora uno a uno según Rea los va pariendo: a Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón. Y otra vez, es el instinto maternal, en este caso el de Rea, el que vuelve a engañar al padre, Cronos esta vez, pues para salvar al último de los hijos, Zeus, le entrega a Cronos una piedra envuelta en los pañales, que el padre ignorante se la traga sin sospechar el engaño. De esta forma Zeus creció a salvo en el monte Dicte, en Creta, protegido por las ninfas. Con el paso del tiempo, Zeus se enfrentaría a su padre, logrando destronarlo y consiguiendo también en este caso, que Cronos regurgitara a todos los hijos que se había tragado, logrando así la formación de los dioses del Olimpo, desde donde reinará Zeus en unión a sus hermanos.

Crono quedaría desde entonces encerrado en el Tártaro (el lugar del infierno y el tormento eternos). Su estrecha vinculación con Gea le asoció en la mitología griega como un dios relacionado con el mundo de la agricultura, protector de los cultivos y benefactor de las buenas cosechas. Su atributo más habitual será una hoz, por ser el arma con el que acabaría con el poder de Urano, pero también por su vinculación con la agricultura. No obstante, su relación con los titanes lo convirtió en una divinidad relacionada con el caos y el desorden, antítesis de lo que representan los dioses del Olimpo que acabaron con él, símbolo de la civilización y el orden. No es por tanto una divinidad muy favorable en Grecia, todo lo contrario que el Saturno de los romanos.

Saturno es la adaptación particular que hacen los romanos del dios Cronos, pero adquiere en su panteón un carácter más positivo. Sigue siendo un dios relacionado con la agricultura y las cosechas, pero en este caso marcando su devenir temporal, siendo así el administrador del tiempo cíclico en el que se repetían las estaciones y el ciclo anual de la agricultura. Es por ello el dios relacionado con el calendario y el paso del tiempo, y una divinidad por tanto muy importante para ellos. Tanto es así que las fiestas romanas relacionadas con este dios, las saturnales, constituían las más importantes de su calendario, llegando su influencia hasta las tradiciones actuales del mundo occidental. Las saturnales se celebraban entre el 19 y el 25 de diciembre y considerando la advocación de Saturno como dios del tiempo, no es de extrañar que en esas fechas los romanos celebraran el fin de año y el inicio del nuevo. Era además una fiesta de diversiones, banquetes e intercambio de regalos, por lo que se identifica totalmente con la navidad impuesta por la religión judeocristiana cuando se ésta se convierte en religión oficial del Imperio. Pero la prueba de su arraigo e importancia es que no se cambiaron ni las fechas ni sus tradiciones, simplemente se cambió su significado, ahora cristiano, haciendo coincidir el nacimiento de Cristo con estas fechas de gran celebración pagana.

Iconográficamente, Saturno es probable que asumiera ese carácter tremebundo de padre devorador de sus propios hijos como una imagen relacionada con antiguas prácticas de bárbaros sacrificios, que el propio mito de Cronos trataba de desterrar. Es además una visión simbólica del paso del tiempo, que todo lo arrasa y lo devora sin que nada ni nadie lo detenga.

Con el paso de los siglos la visión de Saturno fue variando: durante la Edad Media siguió teniendo un carácter siniestro y relacionado con la fatalidad; a partir del Renacimiento se relacionó más con la filosofía neoplatónica imperante en aquel momento, identificándose con el carácter melancólico del genio artístico, dando lugar a lo que se llamó el espíritu saturnino, propio de los artistas, aspecto éste que se prolongaría en épocas posteriores.

Entre las representaciones de Saturno en el mundo del arte destaca la iconografía que nos ofrece su imagen más macabra, la del padre que devora a sus hijos. Dos obras resultan las más conocidas de esta representación, la versión de Rubens, muy propia por su carga dramática y espeluznante, del tremendismo barroco, y la de Goya, aún más escabrosa en su solución formal y mucho más desgarradora y terrorífica, en la que más allá de la representación del dios y su iconografía, se trata también de una imagen con la que ironizar sobre la mitología y la pintura clásica y su concepto de belleza. Al fin y al cabo el saturno de Goya es un gañán monstruoso, cuya deformidad y técnica descarnada están anunciando el expresionismo pictórico.

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