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Escrito por Jesús Martínez Verón (CREHA)
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Acaba de conocerse que la empresa Kodak se declara en bancarrota y está a punto de desaparecer.
La palabra Kodak ha sido durante décadas sinónimo de fotografía. Esta conocidísima empresa remonta sus orígenes hasta 1881, con la fundación de su predecesora directa, la Eastman Dry Plate Company fundada por George Eastman.
La marca Kodak (nombre de origen poco claro que algunos consideran una simple onomatopeya del disparo de la cámara) fue registrada el 4 de septiembre de 1888, con la peculiaridad de ser la primera cámara que utilizaba el rollo de película frente a la placa de cristal de las máquinas anteriores.
Este invento de George Eastman implicó que la fotografía salió de los estudios y dejó de estar en las manos exclusivas de los profesionales, para pasar a ser un objeto cotidiano de las clases acomodadas, primero norteamericanas y luego del resto del mundo.
La Kodak liberó a la fotografía de su encorsetamiento anterior y se introdujo en la vida diaria, en las excursiones, en las celebraciones y en los grandes acontecimientos de las familias.
Este fenómeno coincidió con las primeras manifestaciones de la liberación femenina. Las jóvenes generaciones de mujeres urbanas encontraron en la fotografía un medio de expresión con el que se identificaron rápidamente.
En la web Kodak Girls podemos profundizar sobre esta relación entre aquella nueva mujer y la fotografía a través de postales, carteles e imágenes muy interesantes. Si estás interesado en conocer su contenido, pulsa AQUÍ.
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)
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Uno de los atentados más inconcebibles cometidos contra el reciente patrimonio artístico se produjo en la ciudad de Nueva York al demolerse la antigua Estación de Pennsylvania, una de las construcciones más monumentales del S. XX.
Construida en 1910 por McKim & Mead and White, firma que incluía a los arquitectos Charles Follen McKim, William Ruthford Mead y Standford White se trataba de una gigantesca edificación concebida a escala y modelo de las antiguas termas de Caracalla, en un ejemplo de eclecticismo arquitectónico que combinaba el estilo neorromano con la aportación de la arquitectura del hierro, imprescindible en la construcción de algunas zonas específicas como los andenes.
Sus dimensiones realmente emulaban las grandes construcciones romanas, porque llegó a ocupar más de siete hectáreas de espacio. Su disposición en planta contaba con un perímetro cuadrado rodeado por una columnata continua de orden dórico que le otorgaba un aspecto exterior característico por su severidad clásica. Pero donde realmente la escala del edificio nos devolvía al colosalismo arquitectónico de la antigüedad era al interior: enormes corredores cubiertos con bóvedas de lunetos, grandes bóvedas de hierro cubriendo las vías y acceso a los andenes, escaleras monumentales, portalones a modo de arcos de triunfo, y lo más espectacular, un inmenso hall, construido a imagen y semejanza del frigidarium de las termas romanas, con una fenomenal bóveda de arista decorada con lacunares octogonales, enormes columnas de orden corintio y amplios ventanales en la parte superior.
La concepción espacial resultaba así realmente sobrecogedora, porque a la escala descomunal se añadía una exhuberancia ornamental que igualmente se equiparaba a lo romano. Toda una joya constructiva, que durante varias décadas se convirtió en uno de los referentes arquitectónicos de una ciudad que no estaba precisamente falta de ellos, como es Nueva York.
Aún así en 1963 se decidió su demolición por una doble causa: principalmente la de especular con el suelo de un espacio tan amplio en pleno corazón de Manhattan (entre la 7ª y la 8ª avenidas y la calle 34, donde hoy se encuentra el Madison Square Garden), y en segundo término por reducir los gastos de mantenimiento de un edificio tan grande.
La polémica en cualquier fue larga y vehemente, porque muchos neoyorquinos eran conscientes de la pérdida que aquella destrucción representaba. El New York Times llegaba a decir: "Hasta que cayó el primer golpe, nadie estaba convencido de que la estación de Pensilvania realmente iba a ser demolida; o que Nueva York permitiría este monumental acto de vandalismo en contra de uno de los mejores y más grandes hitos de su edad de la elegancia romana". Pero ocurrió, desapareciendo así uno de los edificios más espectaculares de la historia reciente.
En cualquier caso la prueba de que a la larga para todos resultó una pérdida irreparable a la par que bochornosa es que desde entonces se cuidó con mucho más tino este tipo de actuaciones, consolidándose toda una serie de estatutos y legislación en la conservación del patrimonio arquitectónico de la ciudad, que de hecho, ha impedido que volvieran a ocurrir casos semejantes.
Nada mejor para comprobar lo dicho que acercarnos a un amplio repertorio fotográfico de lo que llegó a ser la vieja Penn Station, o de disfrutar de un vídeo que nos cuenta su historia desde los inicios de su construcción. Basta con pulsar AQUÍ y AQUÍ.


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Escrito por Jesús Martínez Verón (CREHA)
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San Lorenzo de Florencia guarda en su conjunto monumental al menos tres joyas de la arquitectura y la escultura del Renacimiento: la basílica, las Capillas Medíceas y la Biblioteca Laurenziana. Nada menos que dos genios de la época de la altura de Brunelleschi y Miguel Ángel dejaron aquí algunas de las mejores muestras de su arte.
La basílica de San Lorenzo se concibió como voluntad de las más influyentes familias florentinas de comienzos del siglo XV de recuperar el esplendor de las primitivas basílicas cristianas, devolviendo a la arquitectura religiosa a la pureza clásica perdida durante toda la época medieval. De ahí que su diseño se convirtiera en un manifiesto de la nueva arquitectura del Renacimiento.
Sobre San Lorenzo de Florencia os recomendamos que visitéis la excelente web titulada OPERA MEDICEA LAURENZIANA en la que podréis realizar un recorrido virtual muy interesante. Desde ella podréis acceder, además, a la página que el Polo Museale Fiorentino dedica de manera monográfica a las CAPILLAS MEDICEAS.
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Escrito por F. Javier Jiménez Zorzo (CREHA)
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“A las alusiones verbales, una vez llegados la aceptación y el mutuo concierto, suceden las señas hechas con los ojos, que juegan a este respecto un laudable papel y rinden efectos maravillosos. Con la mirada se aleja y se atrae, se promete y se amenaza, se reprende y se da aliento, se ordena y se veda, se fulmina a los criados, se previene contra los espías, se ríe y se llora, se pregunta y se responde, se concede y se niega. Cada una de estas situaciones tiene un signo especial en la mirada; pero estos signos no pueden ser definidos, de no verlos, ni pueden ser pintados ni descritos sino en muy pequeña parte.
Voy tan sólo a declarar aquellas cosas que son más fáciles: Una seña con el rabillo de un solo ojo denota veto de la cosa pedida. Una mirada lánguida es prueba de aceptación. La persistencia de la mirada es indicio de pesar y tristeza. La mirada de refilón es signo de alegría. El entornar los ojos da a entender amenaza. El volver la pupila a una parte cualquiera y retirarla al punto es para llamar la atención sobre lo que se ha mirado. La seña furtiva con el rabillo de los dos ojos denota súplica. El mover la pupila con rapidez desde el centro del ojo hacia la comisura interna indica imposibilidad. Mover ambas pupilas desde el centro de los ojos es prohibición absoluta. Las demás no pueden comprenderse sino viéndolas.
Sabe que los ojos hacen, a menudo, veces de mensajeros y que con ellos se da a entender lo que se quiere. Si los otros cuatro sentidos son puertas que conducen al corazón y aberturas que llevan al alma, la vista es, entre todos, el más sutil y de fiar como guía, y el de más eficaces resultados. [...]
Precisamente, el mérito de la vista consiste en que su esencia es la más alta de todas y la de más subida condición, por cuanto forma parte de la esfera de la luz. Los colores no se perciben sino por ella. Además, nada hay que llegue más lejos ni tenga más remoto alcance, puesto que por ella se perciben los cuerpos de las estrellas, que están en las lejanas esferas del firmamento, y por ella ves los cielos, a pesar de su inmensa alteza y distancia; todo lo cual no obecede sino a su afinidad con ese celeste espejo en cuanto a sus características congénitas.
El ojo, además, percibe todas estas cosas y llega a ellas instantáneamente, sin etapas ni detención en determinados lugares, ni transmisión de movimientos, lo cual no sucede con ninguno de los otros sentidos, como el gusto y el tacto, que no perciben sino por contacto, o el oído y el olfato, que no perciben sino por aproximación. La prueba de lo que hemos dicho sobre la percepción instantánea de la vista es que tú ves al que emite la voz antes de oir la voz, aunque intentes percibir ambas cosas simultáneamente. Si la percepción de ambos fenómenos fuera simultánea, no se adelantaría la vista al oído.”
(Ibn Hazm de Córdoba (994-1063): “Sobre las señas hechas con los ojos”. En: “El collar de la paloma”)
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