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Escrito por Jesús Martínez Verón (CREHA)
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El Museo de Madinat al-Zahra de Córdoba ha sido galardonado con el Premio Aga Kahn de Arquitectura. Este premio fue establecido en el año 1977 y su objetivo es reconocer los mejores proyectos arquitectónicos, urbanísticos o paisajísticos relacionados con el mundo musulmán.
Se trata de la primera vez en que un proyecto español recibe este galardón, sustanciosamente dotado desde el punto de vista económico. La fundamentación que da el jurado para la concesión del premio es amplia pero merece la pena leerse de forma detenida. Dice:
El Museo de Madinat al-Zahra es una celebración única del vínculo existente entre arqueología y museología. Por entenderse a sí mismo como subordinado al patrimonio que se exhibe en el yacimiento al que está conectado orgánicamente, se funde en el paisaje con armonía y humildad. Y esta humildad no hace sino reforzar el sólido mensaje que representa, de singular importancia en nuestros días. Al brotar de la tierra y quedar integrado en ella, presenta con espléndida elocuencia arquitectónica el espíritu de una cultura islámica que fue, que es, autóctona de España y Europa, ya que emana del propio suelo como una de las múltiples raíces de la región. El Museo de Madinat al-Zahra es un símbolo de la convivencia que evoca el nombre de Andalucía y da fe de que, verdaderamente, Córdoba es futuro, no sólo pasado.
Con motivo de la concesión del Premio Aga Kahn de Arquitectura al Museo de Madinat al-Zahra te recomendamos que visites la web del CONJUNTO ARQUEOLÓGICO MADINA AL-ZAHRA para que conozcas mejor la institución. Sobre el proyecto del Museo lo más interesante es la página del ESTUDIO DE ARQUITECTURA NIETO SOBEJANO donde encontrarás un enlace específico sobre el edificio. Finalmente, no podía faltar el enlace a la página oficial del PREMIO AGA KAHN DE ARQUITECTURA donde, en inglés, tienes disponible toda la información sobre este galardón.
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Escrito por F. Javier Jiménez Zorzo (CREHA)
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“La forma más completa de la leyenda del Minotauro nos la ha transmitido Apolodoro, pero ciertamente se remonta a un período arcaico. Poseidón, para vengarse por la ofensa que le hizo Minos, que no había querido sacrificarle un toro particularmente hermoso, había inspirado a la esposa del rey, Pasífae, una insólita e irrefrenable pasión por el magnífico toro. Éste, por lo demás, estaba evidentemente poco interesado en la reina, que por consiguiente pidió ayuda al multiforme ingenio de Dédalo, que creó un simulacro de vaca tan convincente que la reina, encerrándose dentro, pudo finalmente apagar su deseo. De este amor contra natura nace un ser monstruoso, el Minotauro, de cabeza de toro y cuerpo humano. El monstruo, que por lo que parece también era antropófago, fue encerrado en una construcción especial donde era imposible salir, el Laberinto, también proyectado y realizado por Dédalo. Entretanto uno de los hijos de Minos, Androgeo, fue matado en una competición de los atenienses. El rey cretense, para vengarse, declaró entonces la guerra a Atenas y logró rendirla; entre las condiciones de la rendición estaba la obligación de que los atenienses mandasen cada año a Creta siete muchachos y siete doncellas para ofrecer como alimento al Minotauro. El ateniense Teseo, hijo del rey Egeo, se ofreció a poner fin a la matanza anual y llegó a Creta entre las víctimas designadas. Allí, antes de ser arrojado como alimento al monstruo, logró enamorar a la hija de Minos, Ariadna. Esta, por consejo del omnipresente Dédalo, le proporcionó una espada y un ovillo de hilo para poder encontrar de nuevo el camino de salida; con esta ayuda, el héroe logró finalmente matar al monstruo”.
(En: “Diccionario ilustrado de los monstruos”, Massimo Izzi, 1996)
(Ilustración de cabecera: “Minotauro”, George F. Watts (pintor simbolista inglés), 1886) |
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)
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El Palacio de Madinat al-Zahra, es una empresa personal de Abderramán III, que dedicará buena parte de su esfuerzo y atención a esta construcción, que coincide con la proclamación del Califato independiente de Córdoba y con el momento de mayor esplendor de la etapa califal en Al Andalus.
Las obras se iniciaron en 936, estando concluidas a finales de la centuria, aunque el proceso de descomposición del Califato durante el Periodo de los Reinos de Taifas y las consecuentes guerras civiles que asolaron la zona en el S. XI, destruyeron el Palacio casi por completo.
Madinat al-Zahara, significa “Ciudad brillantísima”, lo que ya resulta significativo de la grandeza que iba a adquirir la construcción, que en realidad se configura como un núcleo urbano palatino.
El conjunto urbanístico se dividía en tres grandes terrazas escalonadas: la primera y más alta estaba ocupada por el alcázar o palacio propiamente dicho; en el nivel inferior se levantaba la mezquita aljama; y en la terraza inferior se extendía la medina.
En cuanto a la mezquita se construye en un tiempo realmente breve, en 48 días dicen las fuentes y está comprobado arqueológicamente que fue en verdad una construcción muy rápida. Mide 53 m. de largo por 34 m. de ancho y estaba correctamente orientada al SE.
Su Haram es de cinco naves decrecientes en anchura, y ocho tramos, perpendiculares al muro de la Kibla. Presentaba riwaqs y un alminar cuadrado. En cualquier caso, la mezquita es en la actualidad nada más que un resto arqueológico.
Del alcázar se han podido rescatar los restos arqueológicos de los llamados Salón Rico y Salón Grande. El Salón Rico, o Salón del Trono de Abderramán III, es una habitación rectangular precedida de un pórtico rectangular muy ancho, flanqueado por dos habitaciones laterales. El salón propiamente dicho tendría una estructura basilical de tres naves separadas por columnas y arcos de herradura de estilo puramente califal, trasdós descentrado y despiece de las dovelas a la línea de impostas (en la imagen).
El Salón grande, dedicado probablemente a funciones representativas del califa, es muy similar al anterior, aunque de mayores proporciones y no tres, sino cinco naves en el salón propiamente dicho. Dichas naves no se separan por columnas y arquerías, sino por vanos abiertos en los muros.
Sería en este ámbito palacial del alcázar donde los recursos ornamentales y escenográficos de la arquitectura palatina islámica alcanzaron sus cotas más brillantes y en ocasiones extravagantes. Véase si no, este texto que nos da idea del lujo y la riqueza de la sala de recepciones o Alcázar de los Califas:
En el Palacio, Abd al-Rahman III construyó un salón conocido como Alcázar de los Califas, cuyo techo era de oro y grueso mármol, lo mismo que las paredes. En medio del techo colocó la gran lámpara que le había regalado Julián, rey de Constantinopla. El Palacio estaba revocado en oro y plata y en medio había una alberca llena de azogue. El salón tenía ocho puertas que estaban enjambradas en arcos de marfil y ébano con incrustaciones de oro y piedras preciosas, sobre columnas de mármol de color y cristal. Cuando el sol penetraba en el salón y sus rayos alcanzaban la alberca y las paredes, todo brillaba con una luz que deslumbraba la vista. Cuando el califa quería asombrar a alguien ordenaba que se agitase el azogue y aparecían en el salón como relámpagos de luz que estremecían los corazones, hasta el punto de que el salón parecía volar...
Al Maqqari: Naf al Tib.
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Escrito por Jesús Martínez Verón (CREHA)
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Christopher Makos (Lowell, Estados Unidos, 1948) será siempre recordado por la descripción que de él hizo el mismísimo Andy Warhol quien lo calificó de "el fotógrafo más moderno de América".
La relación entre Makos y Warhol fue bastante particular porque, lejos de ser un pupilo del pintor, Makos fue, en cierto sentido, una persona que le abrió perspectivas a Warhol. De hecho, el fue quien le dió a conocer a Keith Haring o Jean-Michel Basquiat, dos autores que inluyeron profundamente en la última fase del trabajo de Warhol.
Pese a su juventud, cuando Makos entró en contacto con Warhol era ya una persona con una sólida formación artística y, sobre todo, fotográfica. Baste decir en este sentido que Makos estudió y trabajó nada menos que con Man Ray, toda una referencia en la vanguardia fotográfica de varias décadas del siglo XX.
Los trabajos de Makos han ido evolucionando desde una fase más underground en los años 70 hacia planteamientos más reposados y refinados en los últimos años. Sin embargo, nunca ha perdido la fuerte intensidad de sus imágenes.
Entre las series de Makos hay una que nos resulta especialmente próxima, la titulada Valencia, realizada durante el año 2001 y a la que pertenece la imagen superior de La Albufera.
Para tener una visión amplia de la figura y el trabajo de Christopher Makos, nada mejor que acudir a su amplia y bien cuidada página web, desde AQUÍ.
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