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Escrito por F. Javier Jiménez Zorzo (CREHA)
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“¿Qué es arte abstracto? Muchas veces se responde a esta pregunta del modo siguiente: una tendencia artística moderna, creada por Kandinsky en 1910, que se caracteriza porque en la pintura, o en la escultura, “no hay nada representado”. Según esto, existirían dos tipos diferentes de obras de arte: las que tienen una “lectura”, tomando como referencia el mundo de nuestra experiencia sensorial, y las que no.
Sin embargo, casi todas las formas naturales y artificiales son aptas para actuar imitativamente, es decir, pueden extraer de nuestros recuerdos una de las numerosas impresiones que nuestra experiencia diaria ha depositado allí. El que una forma artística actúe imitativamente o no, depende a menudo del contexto en el cual es observada y de los conocimientos previos con los cuales “el lector del cuadro” se aproxima a él. A aquel que esté familiarizado con imágenes como las que componen las Kunst-Formen der Natur [“Formas artísticas de la Naturaleza”, [del biólogo y filósofo alemán Ernst Haeckel (1834-1919)]], el cuadro de Kandinsky, Himmelsbau, le tendría que recordar una mirada a través del microscopio; aquél que no vea su parecido con medusas, cangrejos y tortugas, los componentes de color le parecerán, al menos, cuerpos móviles en el espacio. Por el contrario, existen ejemplos de obras de arte imitativas que a sus contemporáneos les parecían ilegibles. Durante el proceso del pintor Whistler contra el crítico de arte Ruskin, en 1878, el juez preguntó al pintor, con toda seriedad, qué parte del cuadro Battersea Bridge in Mondlicht debería representar el puente. Entre las obra de arte hay algunas imitativas y otras de las cuales se puede afirmar que bajo ningún pretexto hacen referencia a una realidad. Sin embargo, no se puede trazar una barrera clara entre arte imitativo y no imitativo.”
(Cor Blok: “Historia del arte abstracto. 1900-1960”. 1987)
(Imagen de cabecera: Lámina de la obra de Ernst Haeckel “Kunst-Formen der Natur”, 1868)
Para acceder a una página que ofrece hermosas imágenes de la obra de Haeckel, “Kunstformen der Natur”, así como señala la enorme influencia que tuvo dicha obra en la de los artistas modernistas de principios del siglo XX, pinchar AQUÍ. |
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)
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Uno de los episodios más conocidos de la vida de Miguel Ángel, que prueba la fuerza de su carácter, se produce cuando el Papa Julio II desiste de realizar su propia tumba que había encargado al artista y que para Miguel Ángel constituía la obra de su vida.
Fue en 1505 cuando el Papa le encargó el sepulcro y desde el momento en que Julio II dio el visto bueno al primer proyecto, Miguel Ángel pasó ocho meses en las canteras de Carrara eligiendo y trabajando los boques de mármol con los que iba a realizar el enorme monumento. Pero el Papa cambió de idea y dispuesto a iniciar los trabajos de un nuevo Vaticano desistió de realizar el sepulcro. A cambio le pidió a Miguel Ángel que pintara las bóvedas de la Capilla Sixtina, a lo que Miguel Ángel respondió abandonando Roma profundamente contrariado y sin intención de escuchar las advertencias del Papa que le instaba a que volviera de Florencia.
Tras numerosas llamadas y a regañadientes, Miguel Ángel volvió, y después de hacer una escultura en bronce del mismo Papa para colocar en Bolonia y que sería destruida sólo tres años después, aceptó la realización de las pinturas de la Capilla Sixtina. Al poco de acabarlas, en 1513, moría Julio II, lo que volvería a aplazar la realización de su monumento funerario.
"Insté al Papa con todas mis fuerzas a proseguir con el asunto del sepulcro, y mandó a un camarero que me despidiera una mañana que acudí para tratar este tema. Regresé a casa y escribí lo siguiente al Papa: "Santísimo Padre, he sido echado del Palacio hoy siguiendo vuestras órdenes; por cuyo motivo pongo en vuestro conocimiento que a partir de ahora, si me necesitáis, tenéis que buscarme en otra parte que no sea Roma". Fui y cogí la posta y viajé hacia Florencia.
Miguel Ángel el escultor, que nos abandonó sin razón y por mero capricho, tiene, según tenemos entendido, miedo de volver aunque nosotros, que conocemos los humores de hombres como él, nada tenemos en contra suya. No obstante, de modo que pueda desechar cualquier sospecha, confiamos en que por vuestra lealtad hacia nosotros le prometáis en nuestro nombre que si vuelve no será perjudicado ni injuriado y que le restableceremos el mismo favor apostólico que gozaba antes de abandonarnos."
En R & M. WITTKOWER: Nacidos bajo el signo de Saturno. Cátedra. Madrid 1995, pág 47. |
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Escrito por Jesús Martínez Verón (CREHA)
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La web The 70 Museums of Florence constituye una recopilación única y extraordinaria de los museos de la ciudad de Florencia. Entre estos museos están los más conocidos y dedicados al arte histórico (como los imprescindibles de los Uffizi, Pitti, Academia o Catedral) junto a otros menos conocidos como la Galería de Arte Contemporáneo o de temática ajena al arte como los de Historia de la Ciencia o Historia Natural.
Además de los museos propiamente dichos, se incluyen las iglesias que guardan los maravillosos tesoros artísticos de esta ciudad única.
The 70 Museums of Florence, destaca, además, por el cuidado texto y las magníficas imágenes, incluyendo las plantas de los templos en su caso.
Por todo ello, The 70 Museums of Florence nos parece una web de grandes posibilidades en el ámbito educativo y la hemos incluido de manera fija en nuestros apartados de Quattrocento y Cinquecento de la sección Bachillerato.
Para acceder ahora a The 70 Museums of Florence, basta con que pulses AQUÍ.
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Escrito por F. Javier Jiménez Zorzo (CREHA)
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“Lo que nosotros entendemos por retrato, la representación fiel del aspecto de un individuo, es un concepto ajeno a la mentalidad griega del siglo V, que considera al individuo como representante de un conjunto de orden superior, de un tipo, y para la cual, por tanto, la personalidad equivalía al carácter. Como consecuencia sería absurdo suponer que el retrato de Pericles por Krésilas reflejara el aspecto físico del estadista. Importa también señalar que el arte griego en toda su historia, no admite retratos de cabeza ni de busto, sino, únicamente, de cuerpo entero, y que el interés por la cabeza que se despierta en Roma sería a los ojos de un griego una bárbara mutilación.
En la Grecia del siglo IV entran en juego factores que contribuyen a dar entrada en el arte a algo que remotamente recuerda a lo que más tarde se entendería por retrato. Atenas, agradecida a todos aquellos que contribuían a aliviar un poco su amarga situación, levanta estatuas a personajes como Konón, a los generales Chabrias e Iphikrates, y a otros cuya efigie interesaba conservar con fidelidad. Algo parecido acontece con los intelectuales que poseían círculos de discípulos y admiradores que tributaban a la personalidad del maestro una especie de culto; así, los discípulos de Sócrates y Platón, los admiradores de Sófocles, de Lisias, de Tucídides. Las muchas copias de los retratos de todos éstos permiten deducir que sólo se representa en ellos aquella porción de lo individual que enaltece y honra al personaje retratado. El escultor que hace el más antiguo retrato de Sócrates --para limitarnos a un ejemplo claro-- acentúa el parecido del filósofo con la idea que los griegos tienen de Sileno y de este modo lo eleva al plano de lo mítico. Trátase, en rigor, de un retrato espiritual, fundado en la doctrina de Sócrates y que representa, como Jenofonte y Platón le hacen decir, “su interioridad y no su aspecto”.
(Blanco Freijeiro: “Arte griego”. Instituto Español de Arqueología. 1982)
(Imagen de cabecera: Sócrates. Roma. Museo de las Termas) |
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Escrito por Jesús Martínez Verón (CREHA)
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El mundo del cómic parece en ocasiones un mundo exclusivamente masculino. Es muy reciente la aparición de las primeras mujeres autoras de historias gráficas y más reciente aún el interés de la crítica por su trabajo.
CLAIRE BRETÉCHER (Nantes, 1940) es considerada por la mayor parte de los críticos como una pionera pese a que su primera publicación (Les États d'âme de Cellulite) es, sólo, de 1972. La popularidad de sus creaciones vino acompañada de una excelente acogida por parte de la clase intelectual de su país. Roland Barthes llegó a decir de ella que era la "mejor socióloga francesa".
En Norteamérica la pionera del cómic feminista es MARY FLEENER (1951) de estética y planteamientos mucho más radicales que los de Bretécher.
A una generación más actual pertenecen otras dos autoras norteamericanas que están llevando a cabo una reinterpretación del género muy interesante. Se trata de JULIE DOUCET (1965) y JESSICA ABEL (1969).
Os recomendamos que visitéis sus respectivas páginas web porque no sólo podréis disfrutar de la calidad de su trabajo sino, también, para comprobar hasta qué punto las cuatro exploran vías creativas diferentes (y, quizás, complementarias) dentro del mundo del cómic.
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