| Rosalba Carriera |
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Rosalba Carriera (1675-1757) Un ejemplo más del éxito de la mujer en el campo de la pintura durante el periodo de Rosalba nació en Venecia por lo que indudablemente tenía ya mucho ganado como artista. Nieta de pintor, desde niña se ocupó de ayudar a su madre en la realización de los patrones para los encajes que aquella tejía, y más adelante se dedicó con éxito a la realización de miniaturas con las que decorar las cubiertas de ébano de las cajitas de rapé que se vendían a los visitantes de Venecia, utilizando además el marfil en su realización, lo que por un lado suponía una innovación en esa técnica y por otra le otorgaba a las imágenes una luminosidad especial, muy veneciana, que influiría sin duda en su pintura posterior. El caso es que con todos estos mimbres como formación, Rosalba se animó finalmente a dedicarse a la pintura, especializándose en el retrato y al pastel, técnica que había aprendido de Antonio Lazzari, un artista veneciano como ella, que se dedicaba a copiar al pastel obras al óleo. Pronto Rosalba mostró un evidente talento que rápidamente le facilitó numerosos encargos, cada vez de mayor importancia, hasta llegar a retratar a personajes tan ilustres como Maximiliano II de Baviera, el duque de Mecklenburgo, Federico IV de Dinamarca, Augusto II de Polonia y otros miembros de la realeza y la nobleza, que fueron acuñando un éxito que hizo que su nombre sonara en numerosas cortes europeas. No es de extrañar que de inmediato diera el salto a París, que ya por aquel entonces empezaba a convertirse en una de las capitales del arte, y más tratándose de una artista rococó. Fue el banquero y coleccionista Pierre Crozat, de paso por Venecia, el que la convenció para marchar a París donde viviría durante un año al morir su padre y acompañada de su madre y sus dos hermanas. Fue un año intenso donde Rosalba redondeó el éxito que ya había cosechado en Italia: siguió retratando a personajes insignes, entre otros al mismísimo Luís XV, fue elegida miembro de Un año fue suficiente en todo caso para su éxito parisino. Al cabo de ese tiempo Rosalba echaba de menos su Venecia natal, a la que se trasladaría ya de forma definitiva, sin que volviera a salir de ella más que en contadas ocasiones. La luz veneciana siguió iluminando su obra, y su técnica al pastel dotándola de una densidad golosa y brillante. Y así sería hasta el final de su vida, cuando ya ciega, tendría que dejar obligadamente los pinceles. La pintura de Rosalba es una perfecta síntesis de estilo veneciano y rococó. Cuenta con la luz vibrante e inconfundible de la pintura veneciana, y con su refinada técnica al pastel, que la dota de una pastosidad delicada y dulce, típicamente rococó. El resultado es una obra cuya temática es exclusivamente el retrato, que muestra siempre una doble virtud, la primera, la hondura psicológica que exhiben todos sus rostros, y la otra, un toque delicado y elegante que además la técnica al pastel refina con sus luces vaporosas. Y todo ello sin olvidar el impacto del color intenso y luminoso, atrapado directamente de la atmósfera etérea y soleada de su Venecia eterna.
![]() Autorretrato. Joven dama dela familia Leblond. Academia. Venecia. 1740 ![]() Joven dama de la familia Parrot. 1730. ![]() Flora. Academia. Venecia. 1730. Otros artículos de esta sección...
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