| A. Churriguera: Plaza Mayor de Salamanca |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Plaza Mayor. Salamanca
Alberto Churriguera Salamanca. 1729.
Durante mucho tiempo se ha empleado el adjetivo Churrigueresco para denominar el arte barroco de la primera mitad del S. XVIII, incluyendo en el vocablo todas aquellas características que lo definían, como su exagerado aparato ornamental y la acumulación de columnas salómónicas, estípites, rocalla, cartelas, hornacinas, juegos de luces, etc. Los culpables de la palabra en cuestión son una familia de arquitectos, perfectos heraldos de aquella arquitectura, cuyo apellido fue utilizado por la crítica neoclásica posterior para definir con nombre propio lo que con desprecio ellos consideraron un arte decadente y falto de valor, aunque sólo fuera por su total contradicción con el arte racional que ellos defendían. El primer miembro de la saga familiar José Benito Churriguera (Madrid 1665-1725), inició esta caracterización de su estilo y el de su época, con una de las obras más significativas de este periodo: El Retablo de San Esteban de Salamanca. No menos importante fue su aportación en la construcción del poblado del Nuevo Baztán en las afueras de Madrid, por encargo de la familia Goyeneche, ricos navarros afincados en la capital del reino. El segundo miembro de la dinastía fue su hermano Joaquín (Madrid 1674- Salamanca 1724), constructor de la cúpula de La obra se debe al mecenazgo de D. Rodrigo Caballero, corregidor de la ciudad, que decide sustituir la vieja plaza de San Martín por otra más amplia que sirviera de epicentro ciudadano para la realización de concentraciones públicas, espectáculos, sede de un activo comercio, etc. El segundo pabellón, el de San Martín se termina en 1735, pero entonces se interrumpen las obras por culpa de la marcha de la ciudad del corregidor, alma y sobre todo financiador de la obra. Por eso En conjunto la plaza resulta un recinto armonioso y elegante, constituído por un soportal de arquerías de medio punto, y encima, tres pisos articulados con pilastras cajeadas, entre las que se abren balcones enmarcados por molduras con orejeras y placas recortadas. Como remate se dispone una balaustrada que recorre todo el perímetro de Más exhuberante resulta el Ayuntamiento realizado por García de Quiñones, aunque sin llegar a romper la armonía de la plaza Por todo ello queda claro que
Pabellón Real
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